Roberto Lovera De Sola ¿DEMOCRACIA LIBERAL O COMUNISMO?

Para entender las raíces de la democracia y de la antidemocracia en nuestros días el historiador español César Vidal nos propone en su rico libro Momentos cumbres de la historia que cambiaron su curso (Madrid: Edaf, 2009. 311 p.) dos fechas a tener en cuenta. Su análisis es un tan preciso y tan hondo que lo seguimos en estas notas, citándolo extensamente, dada la exactitud con la que explora tan importante asunto. La primera se sucedió alrededor de la génesis y desarrollo de la Independencia de los Estados Unidos: especialmente en su Declaración de Independencia (1776) y en su Constitución (1787): fue la democracia liberal. Fue este un hecho positivo. El segundo, en sus consecuencias negativo, se espigó desde la publicación del Manifiesto Comunista (1847) de Carlos Marx (1818-1883) y Federico Engels (1820-1895), fue la antidemocracia.

Raíces del proceso

Todo lo que tratamos sucedió en el mundo moderno, desde 1517, momento de la Reforma Protestante, encabezada por Martín Lucero (1483-1546), uno de los hechos esenciales del proceso social sin duda engendrado décadas antes por la invención de la imprenta de caracteres móviles (1454), la caída de Constantinopla (1453) y el descubrimiento de América (1492).

Esencia del pensamiento de Martín Lutero fue su proposición del libre examen de los textos bíblicos. Cada persona podía examinarlos y llegar a sus propias conclusiones. Era distinto a lo que había existido: era la iglesia hasta ese momento la que los analizaba y señalaba como debían ser interpretados cada uno de sus cincuenta y dos libros, como debía leerse cada capítulo, como debía comprenderse cada versículo. La proposición de Lutero arrojó consecuencias decisivas en la historia cultural de occidente, surgió con ello el pensamiento crítico, que es el carácter definitorio de la modernidad. Por cultura, desde luego, consideramos todo aquello que crea el hombre, desde las invenciones de las diversas formas del arte, literatura, música, artes plásticas, hasta los principios y las concepciones de la política.

Así lo propuesto por Lutero, un pensador religioso, tuvo trascendencia social y política: “La cosmovisión espiritual protestante… no triunfó en toda Europa… [pero] no deja de ser revelador que algunos de los valores éticos, derivados directamente de su teología, acabaran con el paso de los siglos transcendiendo de sus límites confesionales y fueran aceptados por sociedades no protestantes” (p.187), ”el protestantismo afirmaba la libertad de ser humano frente a las autoridades no solo religiosas, sino también políticas” (p.187).

El 25 de septiembre de 1555, la Dieta del Imperio Alemán al promulgar la Paz de Augsburgo proclamó la libertad religiosa para los protestantes. Anota César Vidal: “Los representantes de la Dieta lo ignoraban, pero acaban de consagrar legalmente la libertad política de la Historia Moderna” (p.187).

Es bueno otro escolio: una de las tareas que realizó Lutero, de diversas consecuencias, como veremos ahora, fue la traducción de la Biblia al alemán, con ello, primero fundó la literatura en lengua alemana y pudo todo el pueblo leer el antiguo texto en su lengua de todos los días, la Biblia comenzó a normar la vida de varias naciones, como veremos, cuyos derroteros están vivos en el mundo en que vivimos.

Así “la Reforma, en cualquiera de sus formulaciones, implicó un regreso directo, concreto, sin mediación, a la Biblia… El regreso a la Biblia de los reformadores se tradujo… en una afirmación del valor del trabajo… y del ahorro… Los países protestantes iban, por lo tanto, a lanzarse a un culto al trabajo que les proporcionaría una ventaja de al menos dos siglos sobre los católicos. Hasta fines del siglo XVIII no eximirá Carlos III (1718-1788) de España de su carácter infante el trabajo manual. Para entonces Inglaterra ya había experimentado el inicio de la Revolución Industrial e iniciado una hegemonía económica que duraría hasta el final de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Sería entonces sustituida por los Estados Unidos, una nación más protestante” (p.187-188).

Todo ello tuvo consecuencias religiosas con la lucha, propuesta por Lutero, contra la imágenes, lo hizo apelando al mandato bíblico (Génesis: XX,4). Pero a la vez creció la alfabetización para que todos pudieran leer la Biblia. Ello tuvo consecuencias sociales muy importantes porque “El acceso a la educación y la valoración del trabajo facilitó también la recuperación de otro de los principios neo-testamentarios, el igualitario y meritocrático. La sociedad europea del siglo XVI descansaba en una división estamental procedente de la herencia bárbara. Esta estratificación comenzaría a cuartearse también con la Reforma. El protestantismo, en especial cuanto más apartado del catolicismo se ubicó, abogó por un modelo en el que, por utilizar las palabras del apóstol Pablo (Gálatas: III,2 no deberían existir diferencias raciales, sociales o de género sexual” (p.188-189).

A partir de la Reforma “la ciencia iba a convertirse en casi un monopolio de los países protestantes… la base de la ciencia moderna se hallaba en el cristianismo y, de manera muy especial, en su versión protestante” (p.191). Así “Libertad, educación, ciencia… el legado de la Reforma… sentó las bases de la democracia moderna que aparecería, por vez primera y de manera bien significativa, al otro lado del Atlántico” (p.191), en Filadelfia en 1776.

Si es verdad que podemos indicar que el capitalismo se inicio en el siglo XV, especialmente cuando los bancos de Florencia y Venecia abrieron sus sucursales en Flandes. En verdad, la reforma protestante permitió la afirmación del capitalismo, sustentando en los valores de lo que se ha denominado la ética protestante. Y, desde ese momento, los países que avanzaron fueron los del norte mientras que el Imperio Español caía en la decadencia hasta precipitarse en el siglo XIX, primero en la revolución emancipadora concluida en 1824. Y, plenamente, en 1898, en la guerra hispano-norteamericana, cuando perdió lo que le quedaba de su imperio: Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

El protestantismo inglés se sustentaba en parte de la teología católica y también en principios reformados y en grupos dissenters (disidentes), “que abogaron por el reconocimiento de la libertad, la separación de la Iglesia y el Estado… y… el control del poder político por los gobernados” (p.190). Tal la presencia de Oliver Cromwell (1589-1658), ”el parlamentario puritano que se alzó contra Carlos I (1600-1649) y lo destronó” (p.190), John Milton (1608-1674), el autor de El paraíso perdido (1667) o los Cuáqueros, en todos “pese a sus diferencias entre sí, se hallaría una defensa de la libertad y de la consideración del ser humano por sus méritos y no por su origen social… trasplantados a América, estos dissenters fueron la semilla de la que nacería la primera democracia moderna, la de Estados Unidos” (p.191).

La revolución inglesa

En Inglaterra la revolución impulsada por Cromwell fue un cambio basado en valores religiosos, en los principios puritanos. Pidió, y logró, la división de poderes. Fue imperfecta, toda democracia lo es, esa es su esencia, el constante perfeccionarse, pero distinta de las monarquías absolutas del continente. De ese movimiento surgió la primera monarquía parlamentaria y la Constitución inglesa.
Este cambio en educación “se decantaría por modelos experimentales y de investigación que la situarían también a la cabeza de los inventos y descubrimientos que lograron revertir el rumbo la historia, lograron superar a España, siempre al defensiva como cabeza de la Contrarreforma, con la presencia siempre activa de la Inquisición.

El primer hito: la revolución norteamericana

Consecuencia de este proceso fue el surgimiento de las colonias inglesas en América del Norte, puestas a andar por los puritanos, las que llegaron a bordo del barco Mayflower en 1620.

Ahora bien, puritano no quiere decir, dentro del proceso que analizamos, conservador ni reaccionario sino gentes que buscaban la esencia de los textos bíblicos.

De las colonias británicas surgirían los Estados Unidos, “una nación cuya Constitución posee unas características realmente excepcionales… es el primer texto que consagra un sistema de gobierno de carácter democrático… No en vano la última vez que se había llevado a cabo un experimento democrático había sido en Atenas y había naufragado en el mar de la demagogia” (p.192).

El sistema democrático americano “resultaba bien diferente de otras construcciones políticas anteriores. Seguramente, el aspecto más chocante era el referido al principio de la división de poderes, un sistema de…frenos y contrapesos” (p.192). Ya veremos que Vidal se equivoca al utilizar la palabra “chocante” cuando habla de la división de poderes. Esto tiene un sentido muy profundo, implica una comprensión del lado oscuro de la condición humana, el que empuja a la gente hacia el mal, hacia el delito.

Además la separación de poderes venía de la buena lección recibida por aquella época de El espíritu de las leyes (1748) del Barón de Montesquieu (1689-1755). Libro que se encontró también en los de cabecera de la generación que dio la independencia a América Latina.

En todo este proceso el influjo de los puritanos fue esencial en la redacción de la Constitución norteamericana, la que se inicia, por vez primera en la historia, con estas tres palabras “Nosotros, el pueblo”.

Para establecer las base del gobierno y del Estado que crearon los norteamericanos en Filadelfia en 1776 siguieron los cuatro principios del calvinismo político: “1) La voluntad popular era una fuente legítima de poder de los gobernantes; 2) Ese poder podía ser delegado en representantes a través de un sistema electivo; 3) En el sistema eclesial, clérigos y laicos debían disfrutar de una autoridad igual aunque coordinada; 4) Entre la Iglesia y el Estado no debía existir ni alianza ni mutua dependencia” (p.194). A estos añadieron un quinto, “absolutamente esencial que, por si solo, sirve para explicar el desarrollo tan diferente seguido por la democracia en el mundo anglosajón y en el resto de Occidente” (p.196): este es el pesimismo antropológico propio de los puritanos. Por ello “según el pensamiento reformado, el poder político debe dividirse a fin de evitar que se concentre en unas manos, lo que derivará en corrupción y tiranía, y debe también verse sometido a control” (p.197), era este pesimismo, como lo denomina Vidal, el que estaba vivo entre los puritanos desde el siglo XVI, tiene raíz bíblica: el primer hombre y la primera mujer comenzaron pecando. Podemos preguntarnos, con razón, si aquello era una forma de pesimismo o sino no era más bien una mirada realista a la condición humana.

La base de la Declaración de Independencia Americana (Julio 4, 1776) fue la Declaración de Mecklenburg, Carolina del Norte (Mayo 20, 1775), de los presbiterianos de origen escocés, la cual contenía todos los puntos desarrollados por Thomas Jefferson (1743-1826) al redactar la Declaración de Independencia. Estos principios incluían “desde la soberanía nacional a la lucha contra la tiranía pasando por el carácter electivo del poder político y la división de los poderes” (p.197).

Luego vino la Constitución americana, en plena vigencia aun, con los añadidos de sus enmiendas. Anota Vidal “El carácter puritano de la Constitución… iba a tener una trascendencia innegable. Mientras que el optimismo antropológico de [Jean Jacques]Rosseau (1712-1778) derivaría durante la Revolución Francesa en el terror de 1792-1793 y, al fin a la postre, en la dictadura napoleónica; o mientras que él no menos optimista socialismo propugnaba un paraíso cuya antesala era la dictadura del proletariado; los puritanos habían trasladado desde sus iglesias a la totalidad de la nación un sistema de gobierno que podía basarse en conceptos desagradables para la autoestima humana, pero que, traducidos, resultaron de una eficacia y solidez incomparables. El poder era dividido y se controlaba mediante frenos y contrapesos precisamente porque eso es lo que exige la naturaleza que tiende no hacia el bien, sino a crear estructuras perversas y enemigas de la libertad” (p.198-199).

Esencia de aquel Estado fue el sistema legal, el cual tan bien observó y examinó el galo Alexis de Tocqueville (1805-1859) en su célebre obra La democracia en América(1835 y 1840), clave para la comprensión del sistema democrático surgido con la Independencia de ese país, aun hoy toda consideración de la democracia pende de las reflexiones de este agudo pensador francés.

Esto lo complementaron la actitud frente a la laboriosidad y el trabajo, el impulso empresarial, el énfasis en la educación y la fe en un destino futuro “que se concibe como totalmente en las manos de Dios soberano, justo y bueno” (p.199). Es el sistema más cercano a la felicidad humana pedida por los grandes pensadores desde la antigüedad. Sistema que impuso al mundo, creado en los Estados Unidos la primera democracia el mundo moderno y con el tiempo la primera potencia, la “república imperial” que dijo Raymond Aron (1905-1983).

1793 y 1799: el fin de la revolución en Francia

A diferencia de los elementos, siempre constructivos, que explican la Revolución Norteamericana y el ulterior desarrollo de la nación del norte y su influencia en el mundo, apunta Vidal “la Ilustración europea, en especial la francesa, había discurrido por caminos de un claro optimismo antropológico que, en buena medida, se originaban en los postulados de la masonería…el hombre…era bueno por naturaleza aunque, lamentablemente la sociedad lo maleara…si la Revolución americana surgió del impulso puritano, la francesa que estalló en 1789 brotó de una visión optimista. La primera creó un sistema de poder democrático que persiste hasta la actualidad; la segunda, apenas a los tres años de edad había decapitado al rey(1793), proclamado la república y derivado en el régimen del Terror, un régimen que encontraría paralelos en la Historia posterior y que creía firmemente en que aquellos que no estaban dispuestos a amoldarse a la voluntad, benévola y beneficiosa, por supuesto, de las élites revolucionarias debían ser exterminados” (p.201-202).

Napoleón en el poder

El horroroso régimen del Terror terminó con el Golpe de Estado de Termidor (Julio 27, 1794) así cayó la Revolución surgió el Directorio, lo cual condujo el golpe de Estado (Noviembre 9, 1799) de Napoleón Bonaparte (1769-1821), el llamado 18 Brumario, este “alteró el rumbo de la Historia de manera decisiva” (p.202-203). Fue el fin de la Revolución porque inició una dictadura y en 1804 se hizo coronar rey, lo que era la antitesis de lo iniciado en 1789 con la caída de la monarquía. La conciencia democrática del mundo adversó al corso desde que se ciñó la corona. Uno de los mejores testimonios directos de aquel período lo constituyen las memorias Diez años de destierro (Barcelona: Lumen, 2007. 349 p.) de Madame de Stael (1716-1816), por cierto son válidas también para el análisis de toda dictadura. Pero también fue su contradictor desde el momento en que se coronó, estaba ese día en París, Simón Bolívar (1783-1830). La historia de sus relaciones con Napoleón, aunque no llegaron a conocerse personalmente, forman capítulo muy importante en su biografía política por ser Bonaparte la figura política más singular de su tiempo, Bolívar lo fue de Hispanoamérica.

Surge el socialismo

Hay que señalar que en verdad la presencia de la idea socialista es muy antigua, tanto que Platón (428-348 aC) en La República ya la expuso; igual en el Renacimiento con los utopías de Tomás Moro (1479-1535) y Tomás Campanella (1568-1639).

Pero “Con la puesta en marcha de no pocos proyectos de signo socialista y configuración de distintas ideologías de este nombre encontraron su marco cronológico en los inicio del siglo XIX no pocas veces como consecuencia de un impulso igualitario derivado del optimismo, acentuadamente cruento, dicho de paso, de la Revolución Francesa. Precisamente por la variedad de sus manifestaciones, no deja de ser significativo que el socialismo se fuera distanciando en el curso de pocos años de todas sus raíces y acabara conectado casi de manera única con los nombres de Marx y Engels” (p.213).

El siglo XIX fue un inmenso laboratorio creador de ideas político-sociales, del socialismo especialmente. Tal criba puede ser seguida muy bien en multitud de libros y especialmente en el nutrido libro del profesor británico G. D. H. Cole: Historia del pensamiento socialista.(México: Fondo de Cultura Económica, 1964. 4 vols) en cuyos primeros cuatro tomos describe la existencia de veinte y cinco formas distintas de socialismo hasta mediados del siglo XIX, antes de la aparición del marxismo y del anarquismo y de la constitución de la Internacional socialista. Un buen resumen de todo esto lo constituye el estudio divulgativo de Bernard Crick: Socialismo (Madrid: Alianza Editorial, 1994. 183 p.). Se leerá con provecho sobre el tema la novela de Mario Vargas Llosa: El paraíso en la otra esquina (Madrid: Alfaguara, 2003. 485 p.), centrada en la figura de una de las grandes fundadoras del socialismo llamado utópico, Flora Tristan (1803-1844).

Al exponer en el Manifiesto Comunista sus ideas, Marx dejó claro no solo su oposición a los otros “socialismos” existentes sino llegó a burlarse de ellos y a vituperarlos señalando que solo su socialismo era el válido. Expresiones como, en el caso de lo que Engels llamó “socialismo utópico”, el que era uno de los más vastos movimientos humanistas de aquella época, nos lo explican. Para Marx solo cabía su concepción. Ninguna otra. Era un intolerante.

La revolución de octubre

Pero las revoluciones preconizadas por Marx, la de 1848 y la de 1870, no triunfaron. Pese a ello sus concepciones fueron seguidas, especialmente cuando sus ideas llegaron al poder en Rusia con los bolcheviques de Lenin (1870-1824), en 1917. Este previamente había transformado las ideas de Marx en su versión personal, tal su obra El estado y la revolución (1917, Madrid: Alianza Editorial, 2008. 181 p.). Pero esta Revolución Rusa llegó al poder por un golpe de Estado derrumbando el gobierno democrático que había sustituido al Zar tras su caída. Era el régimen de Alejander Kerenski (1881-1970). No llegó la Revolución al poder como consecuencia de una lenta evolución social. Y tomó el poder en un país para el cual Marx no había concebido sus ideas, pues él había desarrollado sus concepciones para los países capitalistas avanzados, tal Alemania o Inglaterra, ni siquiera en los Estados Unidos había pensado.

El marxismo en el poder

Pese a todo existió la primera nación socialista de la historia y tras el triunfo de la URSS en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) el comunismo se extendió a diversos países, llegó a estar en el poder en mas de la mitad de la tierra, países en donde surgieron la dictaduras marxistas, sobre todo tras la descolonización en Asia y África, y hasta en América Latina, en la isla de Cuba. Así, escribe Vidal, “durante las tres décadas siguientes hubiérase dicho que el socialismo acabaría alcanzando el destino universal que le había preconizado Marx en el Manifiesto. Que no iba a ser así quedó patente cuando se desplomó…el Muro de Berlín (Noviembre 10, 1989), símbolo de la división de Europa entre democracia y dictaduras socialistas. El sistema socialista, para sorpresa de millones, se había derrumbado, y lo había hecho por su propia inconsistencia” (p.226).

Hacia la caída

Señales previas a su decadencia y caída habían sido la insurrección de Hungría (1956), la de Checoeslovaquia (1968), las huelgas de Polonia (1980) y desde luego, en la misma URSS, el anuncio de la Perestroika (1985) por Mijail Gorvachov, expresión de la conciencia de la crisis que vivía el socialismo autoritario. Pero el suceso de Berlín fue el gran día de la libertad contra la autocracia comunista, el del día del triunfo de la libertad sobre el despotismo. La democracia volvió a los ex países comunistas desde el momento en que Hungría abrió sus fronteras (1989), se reunificó Alemania (1990) y desapareció la URSS (Diciembre 31, 1991). Tal la parábola del marxismo. Sólo en el régimen de Stalin (1924-1953) perdieron la vida veinte millones de personas.

Hoy

Viviendo el mundo hoy en día, en la democracia universal son inexplicables los regimenes de Corea del Norte y Cuba y los amagos autoritarios en Venezuela, país siempre democrático. Ahora, cuando redactamos estas notas, estamos contemplando la rebelión democrática del mundo musulmán, la caída de la dictadura egipcia (febrero 11, 2011) de cincuenta y nueve años: ¿cómo se puede explicar en el mundo que vivimos que en Egipto en los últimos cincuenta y nueve años solo hayan gobernando tres personas, tres militares, tres dictadores, Gamal Andel Nasser (1918-1970), Annwar al-Sadat (1918-1981) y Hosmi Mubarak (1929)?.

Dias de la democracia

El mundo no debe olvidar que vivimos en el mundo post-socialismo autoritario, el universo de las libertades. La caída del Muro de Berlín fue uno de los grandes días de la humanidad. Se hizo verdad aquel día que los pueblos no pueden vivir sino en libertad.

La ceguera de los comunistas

Así, volviendo atrás, “los países que habían adoptado[hasta 1989] como auténtico dogma de fe los principios marxistas acabaron asistiendo, una tras otro, al final del sistema por su propia incapacidad para atender buena parte de las cuestiones sociales que pretendía resolver de manera definitiva. Al fin y a la postre, sus trabajadores habían estado sufriendo un nivel de vida muy inferior al de aquellos que se encontraban engranados en los países de sistema capitalista” (p.227).

El mundo pluralista les quitó las banderas

Pero también los países capitalistas habían logrado, ya para 1989, poner en práctica lo que era deseos del socialismo: “el fantasma de que una crisis que provocara el desplome del sistema, sino que habían acabado por primera vez en la Historia con el trabajo infantil y logrado no solo que las clases medias no se proletarizaran sino que buena parte del proletariado se convirtiera en clase media” (p.226-227).

¿Por qué fracasó el marxismo?

Porque la versión dada por Marx en el Manifiesto Comunista, “distó mucho de ser acertada… este escrito cambió ciertamente el rumbo de la Historia e incluso marcó buena parte de su desarrollo hasta mediados del siglo XX. Pero a la inversa de los cambios históricos que siempre son hacia adelante y positivos, el Manifiesto comunista llevó a la humanidad hacia atrás, indicó que había otro sendero, con la práctica de los derechos humanos, para el logro de la justicia social.

Las razones del fracaso del marxismo en el poder fueron dos:

1) “el Manifiesto Comunista poseía un enorme poder de sugestión. Este derivaba no de su carácter científico, como pretendían sus autores, sino del hecho de que fundamentalmente el Manifiesto era un Apocalipsis, aunque su contenido no fuera religioso sino político. Presentaba…una filosofía de la historia que giraba en torno a una lucha entre las fuerzas del Bien y del Mal, entre opresores y oprimidos…Esa visión impregnaba de un sentimiento religioso, aunque secularizado, contaba en el Manifiesto además con características que casi podrían clasificarse de dogmatismo eclesial. Así, se condenaba a las sectas rivales (todos los demás “socialismos”), se descalificaba globalmente al adversario, se alzaba una esperanza que no se sustentaba sobre la realidad sino sobre el deseo y la fe y, sobre todo, se creaba una conciencia de persecución, muy presente en las primeras líneas, precisamente porque los comunistas, supuestamente, pertenecían al grupo de los que realmente tenían razón” (p.227-228).

2) “a su carácter atractivamente mesiánico, el Manifiesto añadía en forma mínima, pero expresamente suficiente, algunas líneas maestras que luego serían desarrolladas trágicamente por los partidos comunistas en su intento de alcanzar el poder y de mantenerlo: a) la primera fue la convicción de que los intereses del proletariado no eran comprendidos por este de manera suficiente y, por ello, necesitaba la pedagogía del mejor partido, el comunista; b) la segunda consistió en defender la alianza circunstancial con otras fuerzas políticas, pero con la intención de sustituirlas llegado el momento, ya que su visión era terriblemente imperfecta y obstaculizadora de la victoria final; c) la tercera fue la clara declaración de que el triunfo de los comunistas significaría el final no solo de la democracia sino también el exterminio violento de clases enteras; d) la cuarta…afirmar la desaparición de la propiedad privada a favor de la estatal y la implantación de una dictadura”(p.228).

“Cuando las noticias referentes a las atrocidades de los Estados comunistas comenzaron a ser tan frecuentes y documentadas que no podían ser negadas…fue común insistir en que tales conductas no nacían del pensamiento de Marx sino de una deformación estalinista. Se trataba de una apología aparentemente coherente…en realidad ignorante, de manera más o menos interesada, de los propios escritos de Marx, comenzado por el Manifiesto… Stalin (1879-1953)…no hizo sino interpretar la partitura escrita por Lenin… éste tampoco fue original. Se limitó a transitar las vías trazadas por Marx. El mensaje apocalíptico de este ya había dejado de manifiesto que los comunistas sustituirían la visión de los proletarios por la suya propia; que se apoyarían en otros partidos de izquierdas para llegar al poder y luego, instalados en el mismo eliminarlos; que procederían a liquidar a los opositores y que implantarían una dictadura regida por el sector ‘mas consciente’ de la sociedad. De esa manera, ciertamente, cambió el rumbo de la Historia, pero en lugar de la consumación feliz que millones esperaron, solo creó un espectáculo digno de los peores horrores imaginados por Dante” (p.228-229).

Tal las dos formas del vivir en el mundo desde el siglo XVIII: una afirmativa, de respeto de los seres humanos. Otras destructiva, dictatorial, el reino de la intolerancia.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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