Roberto Lovera De Sola LA OLA DEMOCRÁTICA

No sabemos si se ha reparado lo suficiente en que la ola democrática que sacude a varios países del norte de África, de la llamada Asia Menor, de la península Arábica, con repercusiones hasta en Irán, es una de las consecuencias de la caída del Muro de Berlín (noviembre 10, 1989), por ello su expansión será muy grande. Todo indica que podría llegar a ser algo más que la sola expresión de la corriente islamista, de la llamada Yihad. Hay que reiterarlo siempre: la caída del Muro de Berlín es uno de los grandes días de la humanidad, de reconquista de la libertad. Y sus consecuencias siguen.

Se trata de lo siguiente: la caída del Muro de Berlín fue el final de todo un proceso iniciado tiempo atrás, al menos desde la sublevación húngara de 1956 y con la primavera de Praga de 1968. Curiosamente era Checoeslovaquia el único país socialista que ya entonces tenía un pleno desarrollo capitalista. Le siguió el gran movimiento de las huelgas en Polonia el año 1980, el anuncio de la Perestroika en 1985, el gran año 1989 con las elecciones de Polonia ganadas por la oposición, la apertura de las fronteras en Hungría y el comienzo de los hechos finales: erosión del sistema político de Alemania del Este, caída del Muro de Berlín, la Revolución de Terciopelo en Praga, los sucesos de Rumania, cuyo momento central fue la pena de muerte aplicada al presidente de aquella nación y a su esposa y cómplice. Y luego los hechos de Bulgaria y Yugoslavia. Todo ello cerrado con la reunificación de Alemania en 1990 y con la desaparición de la URSS en 1991. Días estelares todos del vivir contemporáneo.

Así la caída del Muro de Berlín, vista ahora veinte y dos años más tarde, no constituyó solamente el fin de los regimenes socialistas autoritarios en Europa. Constituyó también, es lo que podemos ver en estos días desde la caída del gobierno de Túnez (enero 14, 2011) y Egipto (febrero 11, 2011), como la amplia la expansión del sentimiento más arraigado en los seres humanos: la reconquista de la libertad y la expansión universal de la democracia. Hay quien dijo, y se comprueba hoy, que las personas no pueden vivir sin libertad.

Podría ser visto lo que sucede ante nuestros ojos, una vez podemos observar el sucederse de los hechos, siendo ya la caída del gobierno de Libia inminente, Mahumar Gadafi está aislado en Trípoli.

Es todo un gran cambio, no decimos revolución porque la palabra ha desaparecido del vocabulario político, sobre todo desde 1989, tal como lo indicó Uslar Pietri. Pero es rotundo el cambio. Observamos: en este momento son evidentes las señales verdaderas de una inmensa alteración política, tal como la estudió, con su mano maestra de siempre, Hanna Arendt (1906-1975) en uno de sus libros (Sobre la revolución. Madrid: Alianza Editorial, 2009. 398 p.) al señalar que grandes cataclismos se producen cuando una elite las empuja, no son el resultado de una sedición, cuando ya la autoridad de quien ejerce el poder está socavada al igual que la lealtad de las Fuerzas Armadas a las autoridades civiles, estando el régimen en plena de desintegración, lográndose la toma del poder con bastante facilidad (p.153 y 155). En buena parte esto lo hemos visto, el derrumbe ha sido fácil en Túnez y en Egipto, aunque aquel era un régimen militarista como el de Libia. En Libia, además, el suceder, pese a los cientos de víctimas inocentes, llevará al mismo fin. De hecho, el dictador está encerrado en Tripoli, comete cada día un amplio genocidio al bombardear a los civiles manifestantes, quienes piden sus caída, multitud desarmada, con la aviación. Ha provocado así una guerra civil que terminará arrasándolo.

A lo observado por la gran pensadora Hanna Arendt en su libro de 1962 hay ahora que añadir hechos que ella no pudo observar porque no se habían hecho presentes. Mientras redactaba su obra en 1961 solo la Revolución Cubana acababa de llegar al poder y pervivían el régimen comunista en la URSS, en sus países satélites y en China. Fue aquella la época en que los regimenes marxistas gobernaban prácticamente en la mitad de la tierra. Pero todo daría pronto un viraje, cosa que la propia Arendt pudo observar a poco de haber publicado su clarificador estudio: primero en los sucesos de 1968, esenciales en nuestro tiempo, tanto en la rebelión libertaria de París como en los sucesos de Praga aquella misma primavera, búsqueda de un rostro humano para el socialismo en Chocoleslovaquia, ambas en 1968. Pronto se inició la polémica internacional del socialismo, empujada mundialmente desde Caracas por tres pensadores nuestros: Teodoro Petkoff (1932), Manuel Caballero (1931-2010) y Ludovico Silva (1937-1988).

Pero ahora, en este 2011, otros hechos han aparecido, sucesos de estas horas. Desde luego no se puede dejar de lado el significado de los sucesos del 2001, caída de las Torres Gemelas y pervivencia del terrorismo islámico y los errores de la política exterior norteamericana en Asia, tanto en Afganistán como en Irak.

Pero en medio de eso prosiguió el vasto proceso mediante el cual lo seres humanos buscan senderos plenos de libertad y democracia. La democracia tiene grandes polos hoy en día, en los Estados Unidos, en la Comunidad Europea, en Japón, India y países asiáticos. Pronto China deberá incorporarse a este proceso, ya pedido en manifestaciones de estas semanas en Pekín.

Pero en el norte de África la presencia de las redes sociales ha sido esencial. Es una novedad de estos días, producto de la revolución cibernética. La caída de Murabak en El Cairo, tuvo como catalizador la presencia en todo momento de Internet, Facebook y Twitter. Una nueva conciencia, sobre todo entre la gente joven de esas naciones, se vio aparecer con toda vivacidad. Lo que se busca es otro modo de vivir, un nuevo sistema político verdaderamente democrático, de respeto de los derechos humanos, con alternancia periódica de los gobiernos: el régimen egipcio con cincuenta y nueve años en el poder y con la sola presencia de tres autócratas, Nasser, Sadat y Mubarak, no podía continuar. Gobiernos sin alternancia no deben existir. Al régimen libio con cuarenta y dos años en el gobierno, modo autocrático de gobernar, debe concluir.

Y si bien el mundo ha sentido temor por el islamismo también son evidentes también otras señales. En los días, semanas y meses por venir iremos viendo el decurso que estos hechos tomarán, hechos hondamente democráticos, de reconquista de la libertad. Los sucesos de Yemen y Bahrein permiten ya otra mirada, todavía tenue a lo que ha de venir, su derrotero no es claro aun. Y la posibilidad, ojala cercana, del fin de la Revolución Islámica en Irán podría esperarse, aquella nación están cansada de autoritarismo, quiere otros modos de dirección para el país, fin del régimen teocrático, un lugar nuevo para la mujer. Ahora quien gobierna allá pudo continuar en el poder a través de un fraude electoral, bien aconsejado sin duda por su amigo de Caracas, maestro en tal sistema y en todo tipo de corruptelas.

Para nada pretendemos ser profetas con estas observaciones. Sólo tratamos de analizar y comprender los hechos, basados sobre todo en el estudio constante del mundo musulmán, en cuya necesidad hemos insistido desde los ataques a Nueva York en el otoño del 2001. Los más llamados a comprender estos hechos son nuestros políticos, todos tan poco preparados, poco lectores, lo que le impide comprender el sucederse del mundo internacional tan complejo como lo es el actual.

 

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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