Alicia Freilich EL CORONEL PRESIDENTE

Su escudo para todo es la palabra revolución, así se justifica desde una matanza colectiva del pueblo desarmado cuando manifiesta rechazo por su gestión y necesidad de cambios hasta la orden pública de reprimir cualquier manifestación de protesta sobre todo si es juvenil. Una guardia pretoriana y mercenaria lo aísla de la realidad y mantiene su discurso de mentira, yoísmo, delirio y deseo de poder eterno. Se cree imprescindible porque jura que lo aman los sometidos bajo promesa, chantaje y amenaza. El heroico líder revolucionario hace cualquier sacrificio para complacerlos, no importa el costo en víctimas ni ruinas. Divide a sus paisanos en súbditos/patriotas y  disidentes/ basura. Maneja dividendos millonarios para modernizar su arsenal bélico pero mantiene a la población en pobreza, atraso y dependencia de su libre arbitrio.

Puede residir en carpa o mansión pero de sótanos y vigilancia blindados. A su parentela palaciega y allegados del régimen los llaman Banqueros de  Marx. Asume que encarna al padre celestial y por supuesto, al siempre  uniformado de la patria, sustitutos para el enorme sector social que promueve y practica la ausencia de figura paterna en su rol de responsable autoridad familiar. Tiene capacidad histriónica para simular que se comunica directamente con el muy remoto pasado o el  ilimitado futuro y se hace el loco frente a lo inmediato.

Su discurso lento, ensimismado, machacón, fastidioso, se acompaña de una mirada perdida en el horizonte incapaz de soportar ojos firmes y cercanos. Por eso abusa del monólogo declarativo y evita entrevistas pues la revolución no tolera repregunta, duda o corrección. Un revo tiene gabinete de adorno y se  prohíbe perder el control de todo prójimo que busque información veraz sobre su obra y persona.

Esconde su intimidad pero sostiene una red bien apertrechada para espiar adversarios o cualquier sospechoso de traición a su patria  mental.

Por cábala exhibicionista luce detalles de vestimenta que le dan aura de líder intocable siempre ungido de gorros, chaquetas, capas, uniformes, medallones, espadas y bufandas en estricto colorido partidista o de bandera nacional, distintivos de estilo místico-marcial.

Ordena decretos y dicta leyes través del show cortesano y/o  mediático y adora retratarse con selectos invitados, en especial algunos muy oportunos  actores yanquis.

Organizaciones, personalidades y países han consentido estos atributos y hasta  le han perdonando ese prontuario de vocación y acciones criminales ya que el subsuelo de su reino es una  gigantesca mina de materia energética y un sitio estratégicamente vital del planeta político.

Coloque usted los nombres propios.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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Una respuesta a Alicia Freilich EL CORONEL PRESIDENTE

  1. pipote dijo:

    Excelente artículo. Ambos personajes (porque son, por lo menos, dos), son de la misma tribu pero separados al nacer.

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