Gerver Torres PALO A LA DEUDA

Mientras el gobierno nos endeuda aceleradamente, el ministro Giordani nos dice que el monto total de la deuda pública nacional es bajo y que, por tanto, no debemos preocuparnos. Sin embargo, hay cosas que el ministro no dice y que vale la pena revisar. En primer lugar están los parámetros de medición que utiliza.

Las deudas de los países se miden en relación al tamaño de sus economías. El ministro dice que la nuestra representa solo un 18% del Producto. Resulta que eso depende de la tasa de cambio con la cual calculemos el producto y de lo que consideremos como deuda. Si el Producto de 2010 lo convertimos a una tasa de cambio de 5 bolívares por dólar, eso nos da una economía del orden de 200 millardos de dólares. Por otro lado, si incluimos todos los pasivos y compromisos que mantienen los entes públicos, centralizados y descentralizados, las cifras también cambian. Es así que si sumamos la deuda externa al cierre de 2010, de 37 millardos de dólares; la deuda interna de otros 19 millardos; la de PDVSA y sus filiales de 32 millardos, y los compromisos con China que andan por los 37 millardos, la deuda pública total llega a las vecindades de 125 millardos de dólares. Este monto representa aproximadamente un 62% del Producto. Unas tres veces y media más de lo que dice el ministro. ¡Enorme diferencia!

Además del monto total de la deuda, está también como variable importante a considerar, el ritmo de endeudamiento. Nos estamos endeudando a una tasa cada vez más acelerada. En los últimos tres años, la deuda pública total se ha duplicado. Aún más, para este año el gobierno cuenta con una Ley de endeudamiento que le permite contraer compromisos adicionales por más de 52 millardos de dólares. Esto sin contar con todos los mecanismos adicionales, poco transparentes y ortodoxos que el gobierno utiliza para adquirir deuda. Si el endeudamiento continúa a la velocidad que trae, pronto tendremos pasivos equivalentes a 100% del producto y más. No resulta extraño entonces que una firma inglesa de investigación de mercados financieros como Capital Economics, haya concluido recientemente, que ya para 2012, Venezuela podría entrar en una situación de incumplimiento de pagos. El acelerado endeudamiento, sumado al pobre desempeño económico, aumenta la percepción de riesgo país que tienen los inversionistas y nos obliga a pagar tasas de interés más altas por los préstamos que recibimos.

También es relevante considerar el contexto fiscal en el cual se ha producido el endeudamiento de los últimos años. Esta deuda se ha adquirido en años de excepcional ingreso petrolero. Lo que hubiera cabido esperar con semejantes ingresos era que la deuda disminuyera, incluso desapareciera de las cuentas nacionales, para dejar así más libertad de acción a las futuras generaciones. Más bien, le estamos montando sobre sus hombros una carga, cada vez más pesada y sobre la que no tienen ninguna responsabilidad. Un último factor a considerar es la justificación de la deuda. ¿Para qué hemos adquirido todos esos compromisos? Para infraestructura, por ejemplo, no ha sido. Como el dinero es fungible, y se ha malbaratado en exceso, uno podría decir que los recursos han servido, más bien, para hacer donaciones al exterior y financiar gasto público muy ineficiente.

Definitivamente, y a propósito de deudas, el régimen nos debe una mejor explicación sobre la deuda pública, especialmente cuando uno recuerda declaraciones que han dado funcionarios del régimen, como aquellas que dio en abril de 2007, el entonces ministro de Finanzas Rodrigo Cabezas, de acuerdo con las cuales: “Los gobiernos de la Cuarta República hicieron de estos procesos de endeudamiento una gran carga para el país. Nosotros estamos “dándole palo a la deuda externa”, estamos cumpliendo el mandato de nuestro Presidente, de liquidar toda esa serie de compromisos nefastos”. Claramente, a la deuda externa no le han dado palo. A lo que le han dado palo es a la riqueza del país y a toda Venezuela.

gerver@liderazgoyvision.org

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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