Cine TRÁFICO DE ALMAS

Una vida ante el abismo

Las primeras imágenes de Atrapada son las de un matadero de cerdos en algún lugar de Polonia. Los chanchos son degollados y procesados en una planta industrial para convertirlos en “el mejor jamón de Europa”. Decenas, centenas, miles de puercos irán a parar a las mesas de otros países. Esta secuencia constituye la antesala de una historia sórdida pero muy real sobre el tráfico de muchachas desde los países del Este para convertirlas en prostitutas en Occidente. Una forma de crimen organizado que ha cobrado un auge inusitado en esa región del mundo pero también en Asia y. no muy lejos, en América Latina. Sin embargo, el film polaco-luxemburgués dirigido por el venezolano Franco de Peña no trata el tema de la prostitución sino el del secuestro y manipulación de personas en contra de su voluntad. Su personaje femenino principal no es una puta sino una prisionera de las bandas de traficantes. adem´s de su cuerpo, lo que está secuestrada es su alma. Esta singular película se ha mostrado en varios continentes desde 2005, con buen respaldo de crítica, pero nunca en Venezuela. Gracias a la asociación civil Gran Cine podemos verla en una sala del Trasnocho Cultural.

Mariola, una chica como cualquiera otra, vive con su abuela en un pueblito polaco. Quiere viajar con su novio Artur. Ambos escapan y tras conducir toda la noche llegan a Berlín donde Artur entrega a Mariola a una banda de traficantes. Es secuestrada en un apartamento de un edificio en ruinas de donde no puede escapar. Sus secuestradores, Gunther, el Juri  y Nico, le informan que a desde ahora su nombre es Justine y deberá prostituirse. Si no lo hace tomarán represalias contra  su familia. Bajo este esquema dramático, la historia fluye como el proceso personal  de la muchacha, desde la desesperación ante su nueva situación hasta la frialdad necesaria para escapar. Pero no se trata de una historia convencional donde la ley se impone sobre los criminales. Constituye, más bien, la confrontación de lo individual ante el mal colectivo. Resulta curioso que todo el discurso fílmico se halla atrapado, valga la reiteración, entre las fronteras del crimen y la impunidad. La  institucionalidad de la sociedad alemana parece ausente. Mucho más la polaca. La policía es un mero referente formal. Por son tan importantes las primeras imágenes de la película. Carne en un matadero para la exportación.

La fuerza de Atrapada se encuentra en la perspectiva de su personaje central. Miramos la historia a través de los ojos de Mariola, sentimos sus frustraciones, padecemos sus sufrimientos. En todas las escenas está presente su rostro y sus gestos, la cámara no la abandona, la sigue en su prisión y en la elaboración de su huida. De Peña se sumerge en sus vaivenes personales y extrae de ella sus experiencias y sus deseos de libertad. La interpretación de Anna Cislak articula de manera convincente las dualidades de su personaje, entre la inocencia de su juventud y la necesidad de su venganza. Su registro emocional es amplio, diverso, heterogéneo. A pesar de la manipulación y del dolor, ella nunca se apropia de la identidad de Justine. Sigue siendo Mariola. A su lado están dos actores franceses reconocidos: Mattie Carrière como el jefe de los secuestradores y Dominique Pino, como el salvador tío Goran. Más allá Arno Frisch desarrolla con eficacia el personaje de Nico, “manager” de Justine.

Hablada en polaco, alemán e inglés, Mariola en un drama complejo y contundente, con implicaciones criminales, institucionales y, desde luego, sociales. Muy bien contada por De Peña con un agudo estilo visual, muy rico en sus significaciones de un universo terrible. En este sentido, la fotografía de Arek Tomiak y la dirección de arte de Christina Schaffer son piezas esenciales en la construcción de las atmósferas de la trama. Franco de Peña seguirá filmando en Europa hasta que reúna las condiciones profesionales para rodar y producir en Venezuela.

ATRAPADA (“Masz na imie Justine” o “Your name is Justine”), Luxemburgo y Polonia, 2005, Dirección: Franco de Peña. Guión: Franco De Peña, Tomasz Kepski, Chris Burdza. Producción: Stéphan Carpiaux, Wioletta Gradkowska, Piotr Dzieciol. Fotografía: Arek Tomiak. Música: Nikos Kypourgos. Dirección de Arte: Christina Schaffer. Montaje: Jaroslaw  Kaminski. Sonido: Jan Freda. Intérpretes: Anna Ciesla, Arno Frisch, Rafal Mackowiak, Matthieu Carrière, Dominique Pinon. Distribuidora: Gran Cine.

 

 

 

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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