Cine AMORES DE VODEVIL

Un homenaje a la canción popular francesa.

A medio camino entre la comedia de enredos y el musical romántico, Me enamoré en París parece definirse como un homenaje a la cultura y los artistas de la canción popular francesa de antes de la II Guerra Mundial. La historia se inicia con la confesión de un crimen en la Comisaría de Policía de Faubourg, un barrio popular al norte de París, donde el señor Pigoil reconstruye un caso que involucra amores imposibles, represión política, luchas gangsteriles y artistas de vodeville. A través de un largo flashback surge la historia de tres amigos que en 1936 intentan rescatar del olvido y la miseria el Chansonia, vetusto teatro de variedades de la localidad. Por eso montan el espectáculo Faubourg 36 y por eso la película de Christophe Barratier se titula originalmente de esta manera. Pero el éxito no está  a la vuelta de la esquina sino en los ojos de una bella cantante desconocida. Surgen el amor, la rivalidad, los celos y la pasión política del momento. Lo demás es —literalmente— coser y cantar.

Tras una pequeña pero fructífera carrera como productor de cine y televisión, Barratier cosechó las mieles del éxito al dirigir su primer largometraje Los chicos del coro (Les choristes, Francia, Suiza y Alemania, 2004), postulada al Oscar como film no hablado en inglés. Narraba una muy emotiva historia también contada por un largo flashback sobre dos modelos educativos —uno represivo y otro liberador— en la Francia de 1949. Fue su primer trabajo con el actor Gérard Jugnot, quien acaba de estar en Caracas para presentar la segunda colaboración entre ambos: Me enamoré en París. Esta vez el conflicto dramático adquiere varias dimensiones, tanto en el plano romántico como en el político y el artístico, aunque no con tan altos resultados como en Los chicos del coro.

Faubourg 36 es una película que pretende desnudar el amor de su equipo creador por una ciudad bellísima que ha generado su propia cultura y sus particulares códigos de protagonismo. lo cual logra sólo parcialmente. Se vale del triunfo electoral del Frente Popular para edificar una anécdota preñada de romanticismo un tanto elemental, cuyos héroes son unos fracasados del espectáculo que ven desaparecer una época esplendorosa. En 1936 avanzaban las fuerzas más reaccionarias que habrían de sellar el posterior colaboracionismo con la ocupación nazi de Francia y, en particular, con la humillación de París. En ese marco, el empresario Pigoil, abandonado por una casquivana esposa que se lleva su hijo, el activista político Milou, valiente y audaz, y el cantante Jacky, estrella de otros tiempos, se enfrentan, cada uno a su manera, con el temible Galapiat, poderoso gángster vestido siempre de negro y nuevo dueño del Chansonia, antes de que surja en escena la hermosa y joven  Douce, cuya voz y actitud seducirán tanto al público como a Milou y Galapiat. Cherchez la femme. Allí se desata el verdadero nudo de la historia.

Como expresión de cierta ingeniería cinematográfica, Me enamoré en París manifiesta una simplicidad maniquea que le resta fuerza a una historia que lo posee todo para ser un clásico: romance, creación, política, nostalgia, acción, etcétera. No obstante, Barratier, como director y guionista, toma partido por una trama esquemática y sin profundidad que juega con los clisés más tradicionales del cine comercial, en vez de enfrentar el reto de un nuevo musical a la francesa —a la vieja manera de Jacques Demy— con la visión histórica más crítica de un período que significó mucho para sus coterráneos y que acabó brutalmente con la invasión alemana. El guión transita los estereotipos más conocidos de las estampas parisienses. Manipula los sentimientos de un padre y de su hijo, extrema la situación hasta el asesinato equívoco, arrincona a los buenos y los malos en situaciones límites. Al final todo parece de mentira. Juega a la seducción de los amantes de París sin llevar adelante una propuesta más digna de su luminosa ciudad. Se conforma con un vodevil de boinas, canciones y estampas de la época. Lástima.

Lo que vale la pena destacar de Me enamoré en París se halla en las actuaciones de Gérard Jugnot, Clovis Cornillac, Kad Merad, como el trío de emprendedores, de Nora Arnezeder, como la bella Douce, y del viejo Pierre Richard, quien retorna con un trabajo propio de su histrionismo. Fotografía, montaje, música, dirección artística y vestuario se adaptan muy bien a la reconstrucción de aquel episodio histórico. Esperemos que el próximo film de Barratier alcance, como mínimo, los niveles de Los chicos del coro.

ME ENAMORÉ EN PARÍS (Faubourg 36), Francia, Alemania y República Checa, 2008. Director y guión: Christophe Barratier. Producción: Jacques Perrin y Nicolas Mauvernay. Fotografía: Tom Stern. Montaje: Yves Deschamps. Música: Reinhardt Wagner. Elenco: Gérard Jugnot, Clovis Cornillac, Kad Merad, Nora Arnezeder, Pierre Richard, Bernard-Pierre Donnadieu, Maxence Perrin, François Morel, Élisabeth Vitali, Eric Naggar, Distribución: Gran Cine.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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Una respuesta a Cine AMORES DE VODEVIL

  1. ¡Qué sabroso vivir junto a «ese teatro», todo lo que se vivió durante la Segunda Guerra Mundial! Simbología muy cierta.

    Recuerdo los camaradas, en Paris, durante mis estudios de cine en esa ciudad…También conocí a personas como, el personaje que encarna Gérard Jugnot, la joven cantante, el manejador de gente, enamorado. Volver a gozar a Pierre Richard. El director Christophe Barratier, es hijo del gran director «surrealista» (al menos así lo veo yo) que realizó una inolvidable «La Poupée» que me marcó para siempre. Quien puede olvidar la canción de la «femme-male», interpretada por Jacques Duphilo. Política, música y surrealismo. Hace unos meses estuvo entre nosotros la hermana de Christophe Baratier que vino a preparar un filme que piensa realizar entre los indígenas del Orinóco. Con ella conversé mucho y me facilitó una copia del filme de su padre que yo había buscado «como palito e´romero», desde la época de los 60 y sin éxito. Parece que ella va a editar de nuevo ese clásico sorprendente y que estará a la venta… ¡quizás!

    Vayan a ver este filme (Faubourg 36) para enamorarse del amor.

    A gozar del cine bueno.

    Luis Armando Roche

    El director

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