Alicia Freilich LOS DISCURSOS DE LA OPOSICIÓN

EL  MENTAL

Si el Sindrome 11 de septiembre marcó al XXI como siglo del terrorismo por su trauma generalizado, el 11 de abril venezolano abre una década de heridas abiertas en el alma colectiva. A falta de Poder Judicial autónomo,se congeló el trágico sainete que mantiene presos a los supuestos culpables y otorga libertad plena a los presuntos defensores del pueblo, factor  medular que late en la disidencia. El miedo.

Es un pánico distinto al originado por las dictaduras gomecista y perezjimentista, regímenes militares de conducta puntual. Espionaje, persecución, censura, aislamiento, tortura, eliminación física y afines se aplicaban a los enemigos activos del sistema y en algunos casos a sus colaboradores inmediatos o bajo sospecha de complicidad así fuera emocional. Se produjo entonces la mudez pública y una sigilosa reacción privada clandestina tanto a nivel local como en el obligado exilio. Sobre la dura dinámica de aquellos miedos hay un vasto memorial de testimonios como el de José Rafael Pocaterra en sus Memorias de un venezolano de la decadencia  y José Vicente Abreu en Se llamaba SN.

El actual temor es la certeza de que el Plan Avila puede aplicarse sin escrúpulos a cualquier manifestación masiva pacífica que transgreda las paranoicas zonas “de seguridad”. Así se anula, entre otros, el derecho constitucional de ejercer el artículo 350, democrática norma que consagra la desobediencia civil para no acatar las ahora diarias violaciones de la vigente Carta natal repúblicana.

Este miedo profundo y latente, recubierto con tácticas y estrategias defensivas, mudez y/o retardo en las respuestas y en riesgo de ser ignoradas o anuladas de repente, a capricho armado, es lo que acredita trampas obvias, desde el cambio de Distritos Electorales hasta el intento aún en ciernes, de pautar las elecciones presidenciales del 2012 para julio-agosto, cuando vacaciona la enorme y educada clase media, alta, mediana y baja, y se manipula mejor la compra del voto al sector popular más débil: empleado público, desclasados y hamponato.

Si la siembra del miedo dirige tanto tiempo a una sociedad y ésta no asume su legítima defensa, sin  justificaciones, abre las puertas a su propia y definitiva destrucción.

Eso lo evidencia su sostenida expresión oral que exige otro comentario.

EL VERBAL

Sin entender ni atender a los resultados de cada sondeo realizado por empresas encuestadoras que enfatizan este punto, la disidencia organizada en la MUD y los dispersos fuera de ella incurren en la manía de apuntalar las estrategias electoralistas del gobierno porque no logra crear su propio lenguaje y recurre sin cesar al vocabulario y estilo machacón  del régimen.

Al comienzo de esta dictadura resultaban casi divertidas palabras un tanto raras, neologismos o, por el contrario, voces arcaicas, cuyo sentido profundo se  falsificó. Y sucede así porque somos muy receptivos ante el humor de contexto político. Lo comprendió y practicó el estadista Rómulo Betancourt.

A lo largo de estos doce años, esa gracia se transformó en desgracia por un fenómeno que el nazi Goebbels recomendó como práctica esencial de tiranías y equivalentes. Una mentira repetida muchas veces, termina siendo verdad pues  la propaganda más eficaz convierte en certeza al embuste indiscutible. Por ejemplo, el adjetivo “escuálido” que en su acepción  original es minoritario, escaso, ahora en el discurso milicomunista significa vil- comerciante-capitalista-proyanqui-oligarca traidor a Bolívar y a su autoproclamado clon. Mecanismo automático muy útil en lo inmediato, permite justificar fracasos, erradicar la autocrítica y culpabilizar al otro, siempre enemigo, hipnotizar a la población ignorante, convencer al indeciso clientelar o flojo y mantener vivo el espejismode que la revolución, como Jalisco, nunca pierde.Y nuestra disidencia es su mejor aliado cuando a falta del propio, reitera ese lenguaje.

La Oposición formal  se equivoca muy a fondo al invocar  el idioma que pretende  revocar. Y, en general, utiliza como punto de referencia constante el centro mental y verbal del adversario en vez de exigir sin concesiones, sus derechos no negociables como el de analizar el REP desde ya y una  agenda electoral, hoy mismo.

¿Será confiable un concierto sin director, clave, pentagrama, notas claras ni precisiones  ejecutivas?

Sin esos elementos garantes la mayoría se abstiene de comprar entradas y los piratas se apoderan del evento.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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