Edgar Cherubini Lecuna DÉSPOTAS DEL MUNDO ¡TEMBLAD

El juicio al general Mladic demuestra la voluntad política en Europa de poner fin a la impunidad.

Luego de la desintegración de la antigua Yugoslavia, en medio de la guerra civil que enfrentó a bosnios, serbios y croatas, el ejército serbio bajo el mando del general Ratko Mladic, con el apoyo del grupo paramilitar conocido como los “Escorpiones”, cometió masacres en serie buscando eliminar a la población musulmana de Bosnia. El 10 de julio de 1995, las fuerzas serbias detuvieron y concentraron en las afueras de la ciudad de Srebrenica, a 40.000 mil bosnios que huían de los enfrentamientos, separaron a los 8.000 de entre ellos que eran musulmanes y los aniquilaron en forma sistemática en razón de su identidad. Aunque al comienzo se buscó solo la eliminación de los varones, la masacre incluyó el asesinato de niños, adolescentes y ancianos, y las pocas mujeres que se salvaron de los fusilamientos, fueron violadas salvajemente. Suman cerca de 4.000 los cuerpos que aun no se han encontrado. Limpieza étnica, fue el motivo de tan monstruoso crimen masivo. Citando a Wilhelm Reich, podríamos decir que la teoría racial no es creación del fascismo. A la inversa, el fascismo es una creación del odio racial y su expresión políticamente organizada.

El brazo de la justicia captura a los genocidas

Dieciséis años tras la pista del general Mladic, desde que el Tribunal Penal Internacional ordenó su captura, demuestran que existe una voluntad política en Europa de poner fin a la impunidad de los perpetradores de crímenes de lesa humanidad. El general Ratko Mladic, quien era el comandante de las tropas serbio-bosnias responsables de las matanzas, junto a 161 colaboradores civiles y militares, están acusados de genocidio por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY), incluyendo al líder político Radovan Karadzic, como instigador. En 2001 fue apresado Slobodan Milósevic, siendo el primer jefe de Estado enjuiciado por el TPIY por su responsabilidad en los crímenes de guerra cometidos en Bosnia, Croacia, Kosovo y Eslovenia, el proceso más importante después de Nüremberg.

El fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), el argentino Luis Moreno Ocampo declaró en 2006: “El juicio a Milosevic, es una muestra clara de que nadie está por encima de la ley y una señal de que se ha iniciado una nueva era que pone fin a la cultura de la impunidad” (BBC Mundo).

La comunidad democrática internacional deberá mantener la presión y llevar a juicio a otros criminales como Gaddafi por masacrar a los manifestantes libios, Omar Al-Bachir por genocidio en Darfur y a Bashar al-Assad por los asesinatos sistemáticos contra civiles indefensos en Siria, entre otros que esperan su turno. Una lección para aprendices de genocidas, déspotas y militares, así como a sus grupos de choque. El fiscal Moreno Ocampo, acusador de Mladic y quien ha librado las requisitorias contra Gaddafi, sus hijos y colaboradores, ha manifestado que “solo el arresto, juicio y condena de los máximos responsables de estos crímenes servirá para proteger a los civiles”.

El discurso del odio

Lo ocurrido en Bosnia tiene similitudes con Ruanda y otros genocidios. El llamamiento de un fascista, un comunista o un fundamentalista, es el de imponer una visión unilateral y reduccionista al resto de la sociedad, acompañada por un lenguaje afirmado en el resentimiento, el odio y la violencia contra aquellos que no comparten su visión del mundo. Es parte de una psicopatía política que busca destruir el derecho y la libertad a que cada uno de los otros individuos que conforman la sociedad, tengan una visión diferente, y que arremete contra la construcción de la verdad social, que debe ser producto del conjunto de subjetividades que la conforman.

La agresión permanente en el discurso político, en especial el uso sistemático de la exclusión y degradación del adversario, cuando se anida en el corazón de un individuo o de un grupo, produce una espiral de odio, violencia y muerte, imposible de detener, como ha sucedido repetidamente en la historia del siglo XX y que busca repetirse en el siglo XXI.

Yves Ternon, (Guerres et Génocides au XXe siècle), afirma que el genocidio es el acto final del discurso totalitario, de un discurso de discriminación y de agresiones verbales construido durante años (“Un génocide ne survient que sur un terreau préparé depuis des années”), que prepara el terreno para expropiaciones, hostigamiento, persecuciones, deportaciones y masacres.

Afortunadamente la democracia en occidente ha creado mecanismos para condenar estos crímenes, aunque lo ideal sería poderlos prevenir cuando aparecen estas señales. Las analogías son libres.

edgar.cherubini@gmail.com

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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