Trino Márquez DERROCHE DE INCOMPETENCIA Y CINISMO

Luego de los apagones registrados en Maracaibo y en otras ciudades del país, un gobierno relativamente competente y con sentido de la responsabilidad, se habría excusado más o menos en los siguientes términos: “Les ofrecemos nuestras disculpas a la ciudadanía por todos los problemas que los recientes apagones de luz han ocasionado. A pesar de los planes y las inversiones realizadas por el Gobierno para atender los requerimientos de la nación, las fallas persisten, lo cual demuestra que nuestro esfuerzo ha sido insuficiente ante la dimensión de los retos. Sin embargo, nos comprometemos a seguir trabajando para que situaciones como estas no se repitan en el futuro cercano”.

Algo parecido realizan las empresas privadas y los organismos públicos cuando, por construcciones u obras de mantenimiento, se ven obligados a interrumpir o desviar el tráfico. También forma parte del estilo de las líneas aéreas cuando los vuelos salen con algún retraso (en Venezuela lo excepcional es que los aviones despeguen a la hora). Aunque haya mucha hipocresía, las víctimas agradecen la cortesía.

El prepotente gobierno bolivariano no recurre ni al menor gesto amable con los sufridos mártires de los prolongados apagones. Al contrario, los insulta a través del abogado ministro de Energía Eléctrica y del sociólogo que ejerce la vicepresidencia de la República, quienes a lo mejor no saben ni siquiera distinguir entre corriente alterna y corriente continua. “Es que en Venezuela se derrocha la electricidad”, dicen el jurisconsulto y el sociólogo. A lo largo de una docena de años ambos se han paseado por campos donde carecen de total formación y experticia. El jurista antes estuvo al frente de PDVSA y fue el embajador de Venezuela ante la OPEP. El sociólogo, al frente del INTI. ¿Dónde adquirieron los conocimientos para desempeñarse en esos cargos clave?

La crisis eléctrica pone al descubierto la total ineptitud del comandante. El año pasado la excusa utilizada para racionar el consumo eléctrico y aplicar penas gravosas a los usuarios, era que la sequía había sido la más prologada y severa en todos los años desde que se llevan registros estadísticos. El Guri se había vaciado. Ahora se propone el mismo plan de austeridad a pesar de que hemos vivido el período más dilatado de precipitaciones del que se tenga memoria. El Guri se desborda, igual que otras represas. Entonces, sin lluvia o con lluvia, da lo mismo: los cortes intempestivos y continuos se multiplican en todo el país. La Naturaleza, luego de castigarnos, ha sido generosa en aguaceros. El común denominador en ambas situaciones extremas es el gobierno: ha sido el mismo; por lo tanto, la falla reside aquí.

Lo que está sucediendo con las interrupciones en el suministro de electricidad, representa una prueba irrefutable de que el crecimiento del PIB y la reducción de la pobreza de las que habla el caudillo, son pura fantasía. La capacidad actual de generación, transmisión y distribución de electricidad es casi igual a la que teníamos el año pasado, cuando se produjo la crisis. Si el país hubiese crecido a las tasas indicadas por Giordani y se hubiese reducido la pobreza en los niveles señalados por el INI, los cortes habrían sido aún mayores y más dramáticos, por la sencilla razón de que la demanda del fluido se habría incrementado. El crecimiento del PIB va asociado al aumento de las exigencias eléctricas. Más empresas, más industrias, más establecimientos comerciales, mayor volumen de energía. Lo mismo ocurre cuando la gente supera el umbral de la pobreza: eleva su capacidad de compra dotándose de aparatos que le facilitan la vida. Consecuencia: se empina el consumo eléctrico. ¡Tremendos farsantes!

El único que derrocha los recursos de los venezolanos es el teniente coronel, quien les regala nuestra riqueza a manos llenas a sus aliados en el continente y el resto del mundo. Por eso, no le basta que el barril de petróleo haya superado los cien dólares y que el promedio en los últimos doce meses ande por encima de $90. El volumen de recursos provenientes del crudo habrían sido suficientes para iniciar un audaz plan de renovación y actualización de la capacidad eléctrica. No ha sido así. Su infinita incompetencia nos ha arrastrado a la peor crisis eléctrica en la historia nacional. Su respuesta ante el colapso provocado por su gestión se reducen a la arrogancia y el cinismo. A los culpables de la debacle les da poder para colocar multas astronómicas, forma encubierta de aumentar las tarifas.

El socialismo del siglo XXI es idéntico al de Cuba: nos pone a navegar por el mar de la oscuridad.

@tmarquezc

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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