Trino Márquez RODEADOS POR EL INFIERNO

El teniente coronel, una vez electo Presidente de la República a comienzos del ya remoto año 99, se fue a Yare II y a sus puertas declaró que convertiría esa prisión y las del resto del país en modelos de dignificación y redención de los presos. Los reclusos se ilusionaron con la promesa. Doce años más tarde las cárceles del país se transformaron en un furúnculo mucho más purulento que el absceso pélvico que aqueja al primer magistrado. Los internos se convirtieron en los condenados de la tierra de Franz Fanon, el venerado héroe de los chavistas.

El drama de los prisioneros representa una denuncia descarnada de la impudicia, incompetencia y sevicia del régimen. El cinismo del Vicepresidente, del Ministro de Relaciones Interiores y de los diputados oficialistas, alcanza marcas olímpicas. Culpan a la oposición de fomentar los motines con el fin de desestabilizar al Gobierno. Proponen allanar la inmunidad parlamentaria de William Ojeda quien se ha limitado a solidarizarse con los reos, y hasta se ha referido a ellos llamándolos “privados de libertad”, con lo cual ha tenido una gesto amable con el lenguaje edulcorado de Tarek el Aissami y compañía.

El comandante ataca al neoliberalismo salvaje y a dos de sus instrumentos principales, la privatización y la descentralización. “Hasta las cárceles querían privatizar esos desalmados”, ha dicho en repetidas oportunidades. Pero, ¿qué ocurrió en las revolucionarias cárceles chavistas? Que se convirtieron en centros donde impera el caudillismo, las pandillas internas, la venta de armas, el tráfico de drogas. El hacinamiento agobia y la comida descompuesta aniquila. Todo, menos la redención humanitaria prometida por Chávez. En ese submundo, sobrevivir cuesta una fortuna. El recluso se vuelve gregario y forma parte de un clan, o está liquidado. El viejo chuzo -fabricado a partir de tenedores y cuchillos, o de los barrotes de metal de las literas de hierro- se transformó en una subametralladora, en una pistola 9 mm o en un FAL. ¿Cómo y quiénes promovieron y permitieron esta metamorfosis? ¿Quiénes se hicieron los desentendidos frente a la formación de todopoderosas mafias internas comandadas por gamonales implacables? ¿Quién permitió que se privatizaran los establecimientos carcelarios de forma tan perversa?

El ministro El Aissami en unas declaraciones insólitas señala que “resistiremos hasta el final”. Desde luego que se refiere a la Guardia Nacional y al Ejército. Pero, ¿quiénes son los que están en cautiverio? ¿No son los presos quienes sobreviven a duras penas en medio del caos y la barbarie? ¿No son ellos quienes deben pagar sumas millonarias para ser trasladados a los tribunales, recibir asistencia médica, recibir visitas íntimas, subsistir en los Círculos de Dante?

El centralismo fracasa de nuevo. El Gobierno opta por la creación de un ministerio para la población carcelaria. Craso error. El tráfico de armas y drogas no se combaten con un ministerio, sino con una política global que incluye a los gobiernos regionales, al ministerio Público, al Poder Judicial, a la Iglesia Católica y otros cultos, a ONG y otras organizaciones de la sociedad civil.

El ministro que se designe repetirá las consejas de los actuales funcionarios contra el pasado y contra la oposición. Dirá que los presos desatan una violencia desbocada porque actúan estimulados por los golpistas y bajo los efectos de las drogas, pero no explicará cómo es que armas de grueso calibre y drogas alucinógenas llegan a manos de una población en cautiverio. Ese funcionario, sujeto a todas las presiones que el jefe del Estado suele desatar, no tendrá poder para acusar ni condenar a ningún oficial de la Guardia Nacional.

En los recientes enfrentamientos se han producido una treintena de muertes y por ningún lado aparece un responsable de los hechos más violentos registrados en la historia carcelaria nacional. La Fiscal General y la Defensora del Pueblo actúan como funcionarias de Miraflores y de la bancada oficialista en la Asamblea Nacional. Ningún reclamo. Ninguna exigencia firme y perentoria que obligue a investigaciones para determinar responsabilidades y culpables de los delitos cometidos, y del maridaje existente entre las pandillas internas y las mafias externas, que se enriquecen a costa de la miseria humana.

Los golpistas del 4-F y del 27-N fueron tratados con consideración y respeto por sus derechos, algunos desmedidos. En retribución, una vez en el poder esos mismos golpistas permitieron que así como se va la luz, se destruye la infraestructura y se deteriora la calidad de vida, se eclipse aún más la existencia de unos seres humanos rodeados por la indolencia.

@tmarquezc

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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