Isabel Pereira LA POBREZA COMO ARMA POLÍTICA

Asumir la pobreza como tarjeta de presentación en la lucha política ha funcionado como manto protector del gobierno frente a todos los desmanes que ha perpetrado contra la democracia y los ciudadanos. Una profunda paradoja late implícita. no se trata de salvar a las víctimas de esta difícil condición social. la maniobra ha sido apoderarse de su voz, expresar sus necesidades sin que esta vocería tenga correlato en la acción, en las políticas, en la asignación de recursos, en una legítima preocupación por el presente y el futuro de estos venezolanos. Los números son implacables, hoy muestran que la pobreza sigue acantonada en el 44.9% de la población, evidencia irrebatible de la contradicción entre el discurso y la práctica gubernamental.

La toma de la pobreza como base política se funda en la suposición de que los grupos humanos en esta condición no tienen organización ni capacidad de representación. Sólo son visibles cuando realizan protestas públicas por los repetidos azotes que les provoca la naturaleza o por la mala calidad de los servicios públicos que hunde a niveles insoportables sus condiciones de vida.

Arroparse bajo la pobreza –aunque sea sin ocuparse- genera enormes dividendos, simpatías y apoyos incondicionales entre los “progres” de izquierda, que sufren pellizcos en su conciencia, cuando el velo se descorre y queda al descubierto la miseria en que transcurre la vida de una parte de nuestros compatriotas. Es el caso de una conocida dramaturga que explicaba que su mal disimulado apoyo al gobierno chavista se debía a que se había ocupado de los pobres. Al parecer esta idea actuaba como un valium, como un poderoso tranquilizante. Es curioso como los seres humanos pueden en contra de todas las evidencias de la realidad, esconderse en una idea, sin interesarles si tras ella hay una enorme mentira o una diabólica manipulación de las miserias humanas.

El gobierno se declara a favor de unos pobres, a su juicio desorganizados, incapaces, dependientes, sin espíritu. por ello los subsidios Y las asignaciones a dedo toman el poder. No interesa resolver los problemas. El objetivo es mantenerlos amarrados a un clavo ardiente que llega de vez en cuando. Tal como expresó un connotado dirigente del proceso: “Camaradas, hay que estar claros, la revolución necesita a los pobres ahí, vivitos, es nuestro alimento”.

La inexistencia de una voluntad para acabar con la pobreza está ante nuestros ojos. Este gobierno tuvo el mayor presupuesto fiscal de nuestra historia republicana, pero ¿mejoraron los barrios populares, ¿se construyeron nuevos acueductos y tuberías de aguas blancas y negras? ¿existe una mejor disposición de basura? Además algo elemental, ¿cuántas viviendas se construyeron y cuantas se mejoraron? ¿Cuántos hospitales de verdad, verdad, se construyeron? no los semiranchos de barrio adentro que no sabemos cuantos palos de agua soportarán.

¿Qué se ha hecho para que el ingreso de los hogares mejore más allá de otorgar subsidios epilépticos o de montar una cadena de distribución de alimentos de muy mala calidad? ¿Cuantas vidas humanas se salvaron con la protección del gobierno en las zonas populares? En 1999 murieron 4.000 personas, doce años después, este fatídico número se cuadruplicó.

En cuanto a la familia, niños en situación de peligrosidad, adolescentes fuera del sistema educativo, madres solas jefes de familia numerosas, no se ha mencionado nada que se parezca a una política pública, salvo algún tipo de dadiva. Entre los innumerables ministerios no se ha creado uno sólo cuya tarea sea fortalecer a la familia y sus miembros.

¿Qué ha pasado con la educación? Además del adiestramiento marxista y la inoculación de la lucha de clases ¿qué otra cosa aprenden nuestros jóvenes en las universidades bolivarianas y en el INCES?

Y, una de las claves, ¿hay más y mejores empleos para los necesitados? ¿Qué oportunidades de progresar hoy tienen los trabajadores informales? ¿Han servido las cooperativas socialistas, las empresas de producción social, los fundos zamoranos y pare usted de contar? Aparte de los engañosos subsidios que no son más que pan para hoy y hambre para mañana ¿Son mejores hoy los ingresos de esta población?

La pregunta final: Esos que el gobierno trata o condena como pobres, ¿serán solamente unos seres menesterosos, necesitados de comida y cobijo, o por el contrario unos emprendedores potenciales que tienen que ser respetados y respaldados como personas autónomas y responsables y no como animales de un circo revolucionario politiquero?

isaper@gmail.com

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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