Luigi Sciamanna RODOLFO IZAGUIRRE: BIOGRAFÌA MITOLÓGICA PARA UN HOMBRE COTIDIANO

A propósito del Festival Atempo 2011

Cuenta la leyenda que cuando Rodolfo Izaguirre nació, no llevaba una arepa bajo el brazo, sino una lata de cine. Queda reportado en el registro hospitalario de 1931, que la enfermera antes de darle la nalgada iniciática, dijo: Luces, cámara, acción. Rodolfo pasó los primeros años de su infancia en la hacienda Tara de Parador. Allí, Mami, su nana, le refirió al periodista Charles Foster Kane, que mientras otros niños aprendían rápido a decir palabras como papá, mamá, guau guau, pío pío, pipí y pupú, las primeras palabras del pequeño Rodolfo fueron las inquietantes: “redroom” y “rosebud”.

En los años cincuenta, el gran dictador, Adenoid Hynkel, cerró la Universidad Central de Parador. Rodolfo, joven e inquieto, vendió algunos objetos personales en el “Bazar de las sorpresas” y evadiendo a los esbirros de la feroz dictadura de Hynkel, cruzó a pie el puente sobre el río kwaii, abordó el expreso de oriente, hizo trasbordo al expreso de Shangai, tomó una diligencia Ford hasta Belleville donde, montando la bicicleta que le vendiera un ladrón, pedaleó hasta Ratatouille con la gran ilusión de estudiar derecho. Ya en Ratatouille, sucedió una noche, que torció su curso de derecho subiendo 39 escalones hasta la calle A de asesinato, donde una sala oscura y cinematográfica lo aguardaba y de la que declara no haber salido jamás.

Más tarde el decano de la facultad de derecho, el profesor Benjamin Braddock confesaría su desilusión porque Izaguirre nunca se graduara y guardó un lapidario silencio al periodista Hildy Johnson cuando éste le preguntó acerca de los amoríos que supuestamente había tenido Rodolfo en la sala oscura de la Calle A; amoríos que el mismo Izaguirre definió como sus primeras grandes experiencias eróticas, llegando a convertirlo en un verdadero amante. De su fogosidad dieron cuenta mujeres como Gylda; Rebeca de Winter; Ilsa Lund; Laura Hunt; la señora Robinson; la más peligrosa de todas, Alex Forrest; Rose Loomis, Mara y la propia señora Braddock (esposa del decano).

Años después, el propio Izaguirre tuvo que salirle al paso a todas estas leyendas donjuanescas asegurando que él había tenido con todas ellas nada más que un breve encuentro. En defensa de Izaguirre, y a propósito de estos episodios de su vida íntima, acudieron los sacerdotes Lankester Merrin y Damien Karras, dando contundentes declaraciones en las que afirmaron que, contrario a lo que muchos piensan, Rodolfo no es sólo un hombre de fe, monógamo y católico, sino que se trata de un devoto practicante que, aseguraron, desde hace ya varias décadas vive en Belén.

En los años sesenta, ya de regreso a Parador, y por una tardía influencia de Walt Pinocchio, decidió montarse sobre el techo de la ballena y durante 20 años dirigió la Cinemateca de Parador, fundada en 1966 por la conocida cineasta Araya Reverón que declaró sobre Izaguirre. “La vida de Rodolfo desde Ratatouille a Parador, ha transcurrido de cinemateca en cinemateca, así, como en el aire”.

La crítica lo ha definido como un hombre acechado por la imaginación, de una particular y sentimental historia con el cine americano, perseguidor inagotable de la belleza de lo imposible y con un verbo y humor punzo penetrantes como aguijón de alacranes, pero, y según el periodista Dutton Peabody, la máxima proyección de su personalidad lo constituye el famoso “Manjar de piña” que Izaguirre aprendió según la receta de los famosos reposteros Remy, Linguini y Gousteau. El manjar de piña es un postre de un color verde pastel, se los digo yo que soy daltónico, muy suave, para nada excesivamente dulce, se diluye en el paladar, acariciándolo, y mientras el delicado perfume embriaga la aspiración, usted, al probarlo, siente la urgente y placentera necesidad de repetirlo, una y otra vez, hasta quedar felizmente satisfecho y sus sentidos halagados. Cuando se sirve manjar de piña, todos los esfuerzos culinarios que lo preceden en la mesa quedan derrotados y, créanme, lo mismo ocurre cuando se conversa y se escucha a Rodolfo.

Sábado 30 de Julio, 2011

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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