Teatro LA DEMENCIA QUE CAMBIÓ LA HISTORIA

La historia no perdona un momento de locura. (Foto de Guillermo Felizola)

Tal vez la situación creada en la mañana del lunes 3 de septiembre de 1945 puede ser considerada la más teatral de nuestra historia republicana. Tuvo todos los elementos para convertirse en la anécdota política más inusitada e inexplicada del siglo pasado. El hombre que debía desayunar con el presidente Isaías Medina Angarita en el Palacio de Miraflores y almorzar luego con Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Rómulo Gallegos, líderes de Acción Democrática, estaba marcado para iniciar la transición democrática en Venezuela. Pero cuando Arturo Uslar Pietri llamó a la habitación que ocupaba Diógenes Escalante en el Hotel Ávila para saber por qué no había acudido a la cita recibió una insólita respuesta: “El doctor Escalante dice que no puede ir porque sus camisas salieron volando por la ventana”. Esa mañana se evidencia su demencia y concluyó la carrera política del diplomático venezolano. Fue inhabilitado para ser el candidato de las fuerzas democráticas. Mes y medio después sobrevino el golpe de Estado del 18 de octubre. No puede extrañar, entonces, que esa situación inaudita haya inspirado un texto periodístico de Oscar Yanes en Amores de última página, los ensayos 1945 y la otra mitad del siglo XX, de Simón Alberto Consalvi, y Cinco sucesos que cambiaron la historia, de Rafael Simón Jiménez, la biografía de Maye Primera para la Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, la novela de Francisco Suniaga El pasajero de Truman y ahora una obra de teatro de la mano de Javier Vidal: Diógenes y las camisas voladoras. Una historia absurda y fascinante.

El texto de Vidal se establece en la víspera de aquel lunes de septiembre alrededor de un trío de personajes integrado por Escalante, su joven secretario privado Hugo Orozco y el también joven abogado y periodista Ramón J. Velásquez, recién contratado como asesor político del diplomático. A través de diálogos precisos el actor y dramaturgo describe al hombre que ha vivido más en Europa y Estados Unidos que en Venezuela, que se codea con Harry Truman y Winston Churchill, que no sabe dónde queda Boca de Uchire ni come sancochos, que añora una pizca andina y que constituye la esperanza de unidad para establecer un gobierno civil que conduzca a la democracia. En ese marco los personajes de Orozco y Velásquez adquieren una dimensión mayor que la del propio Escalante, pues fueron ellos los testigos de una evidencia alarmante. Mientras el primero intenta sobrellevar la situación para garantizar la transición, el segundo comprende lo absurdo de llevar “a un loco a Miraflores”, como él mismo afirma, para la sorna de los espectadores. Ambos debaten sobre la razón y la demencia, sobre el secreto íntimo y el secreto de Estado, sobre la responsabilidad ante la historia.

La puesta en escena de Moisés Guevara se sustenta en dos planos expositivos para trabajar lo que sucede de manera frontal —el encuentro de Escalante con Velásquez, las reflexiones sobre un país desconocido, las opiniones sobre personajes de la vida política— y lo que sucede tras bastidores —el hallazgo de la locura, las camisas que vuelan por los aires, las añoranzas de Isabelita mon amour— al amparo de un enorme lienzo del Ávila, el cerro-testigo de esta situación. La visión de Guevara se mueve entre el pensamiento y la locura, alterna las vivencias de uno a otro plano y acorta las distancias entre las apariencias y las realidades. Cada cuadro se anuncia a través de una ventana, para presentar los personajes y sus circunstancias, y se van articulando progresivamente hasta construir un clima cercano a la demencia misma. Todo ello con el aporte de Fernando Calzadilla en la iluminación, la escenografía y el vestuario, aunque éste no responda a los cánones de la moda masculina de los años cuarenta del siglo pasado.

Las actuación de Vidal expresa la comprensión de su personaje, como autor y como intérprete, en distitas vertientes, hablando en gocho, como correspondía en la época, y desenmascarando sus propias fragilidades mentales. Vidal y Escalante se transmutan, se confunden, más bien se funden. A su lago, José Miguel Dao y Jan Vidal Restifo confeccionan los personaje de Velásquez y Orozco a través de detalles y voces, imbuidos en la atmósfera moral y ética que la situación les plantea.

Como ha sucedido en la novela y el ensayo, el planteamiento que subyace en Diógenes y las camisas voladoras salda una vieja deuda teatral con estos tres personajes que no pertenecen a la ficción sino a la historia, aunque la mayor parte de los diálogos y de la situación hayan brotado de la imaginación del autor. Teatro que se inspira en la historia de un personaje trágico en una situación absurda. Algo muy clásico. Al final, el espectador puede extraer una reflexión que trasciende la anécdota del aquel lunes de septiembre de hace sesenta y un años para comprender nuestro proceso histórico e, incluso, nuestro momento actual como nación.

DIÓGENES Y LAS CAMISAS VOLADORAS, de Javier Vidal. Dirección: Moisés Guevara. Producción general: Margarita Lamas. Producción ejecutiva: Carmen Jiménez. Escenografía, vestuario e iluminación: Fernando Calzadilla. Música original: Icli Zitella. Elenco: Javier Vidal, José Miguel Dao y Jan Vidal Restifo. Teatro Trasnocho, viernes y sábado a las 8:00 pm y domingo a las 6:00 pm.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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Una respuesta a Teatro LA DEMENCIA QUE CAMBIÓ LA HISTORIA

  1. javier vidal i pradas dijo:

    muy buena lectura de mi obra, caro Alfonso. Todo lo que expresas se percibe noche a noche frente al público que ha reaccionado con encanto y a veces sorpresa sobre un trascendental y coyuntural momento de la historia injustamente arrinconado. Pensar que tres semanas después dieron el golpe de Estado a Medina que Escalante estaba frenando con su actitud y potencia cabal, serena, tolerante y democrática. Recomendable para toda la familia.

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