Gerver Torres EL SOCIALISMO NOS HACE MENOS SOLIDARIOS

En un artículo anterior, escribí sobre el tema de la solidaridad de los venezolanos. El planteamiento básico que hacía allí era el de que, contrariamente a lo que muchos compatriotas creen, somos de la gente menos solidaria del continente, a juzgar por nuestras propias respuestas a encuestas que se han hecho en todo el mundo. Específicamente, mencioné el caso de un estudio sobre la generosidad en el mundo, el cual se hizo basado en una encuesta de la empresa Gallup, en la que se le pregunta a la gente, si ha donado tiempo o dinero a causas sociales o si ha ayudado a algún desconocido en el último mes. En esas encuestas, Venezuela sale muy mal parada.

Hoy resalto otro ángulo del tema. Es el hecho de que la sociedad con los porcentajes más altos en el mundo, de voluntariado social y de cooperación económica con causas sociales, es la sociedad meca del capitalismo: la sociedad norteamericana. Le siguen otros países de alto desarrollo capitalista, y en lugares muy distantes, aparecen sociedades en las cuales predominaron hasta no hace mucho tiempo regímenes socialistas, como los países de la hoy desaparecida Unión Soviética. ¿Sorpresa? Ni tanto. Carlos Marx intuyó y de alguna forma lo dijo, que el desarrollo espiritual del hombre requería de una sólida base material; de riqueza. Solo cuando el hombre escapa de la miseria material y económica, puede su espíritu despegar hacia estadios superiores de grandeza. Por eso, cuando Marx abogó por el socialismo y el comunismo fue porque creyó, no sólo que en esos sistemas se aboliría lo que él consideraba eran condiciones de explotación y alienación del hombre, sino además porque esos sistemas -y gracias a ello- serían capaces también de generar mayor riqueza que el propio sistema capitalista. En eso se equivocó.

Por supuesto, la riqueza material por sí sola no explica las diferencias en los niveles de voluntariado y solidaridad social. Variables políticas, sociales y de otro tipo entran en juego también. En los regímenes socialistas, por ejemplo, la tendencia al totalitarismo estatal ahoga todas las iniciativas de la sociedad civil, liquidando así centros importantes de promoción y organización del voluntariado social. El único voluntariado aceptado es el que organiza el estado, por definición limitado. Prosperidad económica y libertad son dos ingredientes fundamentales para el desarrollo de la solidaridad social. Es comprensible entonces, que el socialismo del siglo XXI, al restringir nuestro progreso económico y limitar progresivamente nuestra libertad, empeore también nuestros precarios niveles de solidaridad social

gerver@liderazgoyvision.org

twitter@gervertorres

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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