Isabel Pereira ¿HAY QUE EXTERMINAR A LOS QUE PIENSAN DISTINTO? ¿SER PRODUCTIVO ES UN VICIO CAPITALISTA?

Choque de valores

Hoy los venezolanos estamos inmersos en un choque de valores que se despliega en el fuero interno de cada individuo. Conflicto que no es registrado por noticieros o periódicos, pero que se vive íntimamente, sobre todo, en buena parte de las masas populares fieles al movimiento bolivariano. La evidencia emerge entre quienes apoyan “la revolución” con sus votos, pero —y esto es lo importante— no con su conciencia. Votan sin creer, sin que los argumentos de la revolución calen en su alma. Los valores del colectivismo no han sido transferidos, lo que congela la imposición del viejo socialismo a la cubana, que decrece lenta e inexorablemente, y no logra avivar la pasión revolucionaria. ¿Cuánto tiempo de vida tendrán los “bloqueadores de conciencia”, usados para engañar y confundir, para hacer creer que el Gobierno no ha cerrado Radio Caracas TV, que no hay presos políticos, que El Niño nos ha dejado sin agua y sin luz o que el desempleo ha sido derrotado?

En lo más recóndito del espíritu bolivariano persiste una batalla campal entre la fidelidad a unas promesas traicionadas y el terror de sentir que no hay nada en que creer. El miedo a un futuro incierto plagado de angustiosas preguntas. ¿Será cierto que el capitalismo es el mal? ¿Que los empresarios no tienen salvación por su egoísmo? Una duda ronda en las mentes: “Pero, si todos los países socialistas-comunistas se han derrumbado, si la gente huye despavorida de Cuba, ¿podrá ser distinto aquí?”

Esta crisis íntima la sintetizaremos en algunas interrogantes y en algunas respuestas recogidas después de cientos de encuentros con venezolanos en muchos lugares del país:

1. ¿Quién será ese hombre nuevo? Un tipo de hierro con pensamiento único. ¿Las diferencias entre “tú y yo” serán irreconciliables? Siempre hemos estado orgullosos de nuestra heterogeneidad, del amor a la libertad, de la perenne pugna entre el orden y el desorden —al igual que sucede en toda Latinoamérica— donde se funden las etnias, aman la salsa y el jazz, y se atreven a juntar el ají picante con la salsa bechamel en el mismo plato.

2. ¿Se acabará la propiedad de mis cosas? ¿Se destruirá la propiedad privada, se esfumará tu obra y la mía? ¿La propiedad del Estado será total? ¿Podrá imponerse el colectivismo, si sentimos desde el fondo de nuestra alma que ser propietario expresa el anhelo de construir patrimonio frente a todas las adversidades, sean estas pequeñitas o muy grandes?

3. ¿En verdad somos enemigos? ¿La lucha de clases es inevitable? ¿El oponente tendrá que ser exterminado? ¿En nombre de la igualdad excluiremos al resto de nuestros amigos, vecinos, familiares que piensen distinto? ¿Uno solo decidirá por todos? ¿Nos conformaremos con un solo periódico? Prefiero la unión y una libertad plena para disentir. “Mis vecinos no piensan como yo, pero los domingos nos tomamos unas frías juntos”.

4. ¿A quién llamo para que me defienda? Los tribunales, las leyes, los jueces dejan de servir a la gente, no representan acuerdos humanos. Sirven para la imposición forzada del socialismo. Los jueces se desvalorizan como árbitros frente a la lógica aplastante de la preservación del poder. “Reclamo por el sentido de la justicia. Les importa más condenar a los que no apoyan el régimen, que luchar para que se haga justicia por el asesinato de mi hijo”.

5. ¿El único que podrá producir, vender y tener será el Gobierno? La economía se cierra, será endógena, y mi inteligencia, mis estudios y mis ganas de crear una empresa, mis decisiones, los deseos de trabajar honradamente para ganar, ¿dónde quedan? ¿Por qué acumular es un delito, si es producto de mi esfuerzo?

6. No creo en la dádiva. ¿Por qué esperar a que repartan en lugar de producir? La dádiva significa sumisión y desvalorización humana. Existe mucha fatiga y rechazo frente al tratamiento de mendigos. “Quiero un trabajo digno para vivir como decida, no como me impongan”.

En estos planos se vive el profundo choque de valores que anida en cada uno de los que apoyan el socialismo del siglo XXI. Una pregunta ronda, silenciosa, tapiada por el temor: ¿puedo seguir apoyando sin creer? ¿Podrá más ese viejo rencor contra los otros? ¿Hay que exterminar a los que piensen distinto? ¿Ser productivo es un vicio capitalista? ¿Será mejor esperar a que me den o le echo pichón a mi vida? ¿Será verdad que nuestros empresarios son los peores del mundo? ¿Aislarnos del mundo será la mejor solución? ¿No podemos respetar y aprender de los otros?

isaper@gmail.com

@isapereirap

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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