Blanco nocturno LAS OBSESIONES DE RICARDO PIGLIA

Ganadora del más reciente premio Rómulo Gallegos, fallado en junio de este año, Blanco nocturno se revela como la pieza que otorga continuidad a la obra del narrador y ensayista argentino Ricardo Piglia, autor de Respiración artificial (1980), La ciudad ausente (1992) y Plata quemada (1997). Pero en realidad las raíces de esta cuarta novela suya —a la que algunos críticos han emparentado con autores tan diferentes como William Faulkner y Raymond Chandler— hay que buscalas en la vocación de investigación policial que encarna su álter ego Emilio Renzi, periodista y escritor, bautizado con el segundo nombre y el segundo apellido del escritor. Personaje surgido en su primer libro de cuentos La invasión (1967), fue retomado en primera novela y en los cuatro relatos de Prisión perpetua (1988) en los que Renzi se consolida como el ojo indagador que desentraña los misterios y las miserias humanas. En Blanco nocturno, publicada trece años después de Plata quemada, Piglia se inserta en un asesinato ocurrido en Adrogué —la localidad de la provincia de Buenos Aires donde nació hace 71 años— para expresar el laberinto que la codicia, la corrupción y las tensiones sociales han construido en una localidad rural aparentemente apacible de las pampas. El laberinto del engaño.

En aquel apartado pueblo se descubre el cadáver de Tony Durán, aventurero portorriqueño, educado en Nueva Jersey, que a comienzos de los años setenta —en los tiempos de Onganía— había causado cierto escándalo con sus costumbres caribeñas y, sobre todo, por haber llegado con las bellas gemelas Ada y Sofía, hijas de Cayetano Belladonna, cabeza de una las principales familias de Adrogué, con quienes había conformado una yunta sexual y afectiva en los casinos de Atlantic City. Su asesinato es el punto de partida de un trama sinuosa que va abandonando los detalles de un mero caso policial para convertirse en un retrato de los infiernos provincianos. Enviado por un medio de Buenos Aires, Renzi investiga de manera paralela lo que persigue el comisario Croce, quien confía más en su experiencia y su intuición que en la validez de las pruebas que manejan sus colegas policiales. Desde luego, nada es lo que parece, como indica la preceptiva del género negro. Un crimen oculta el tejido profuso de la corrupción y del poder local. Amores y traiciones, culpables e inocentes, algunos personajes asiáticos, un fiscal con doble discurso, una fábrica fantasmal, un sueño irrealizable y muchas mentiras se articulan en un nervio central confeccionado a la usanza de la novela policial.

La novela se divide en dos partes claramente perceptibles que cuentan dos historias: la de una investigación policial y la que narra las vicisitudes de un inventor, refugiado en una fábrica abandonada. Entre ambas vertientes se ubica la historia de Luca Belladona, hermanastro de Ada y Sofía, quien adelanta un juicio legal contra su padre, Cayetano Belladona. Múltiples puntos de vista y diferentes versiones de los mismos hechos se organizan en una trama sórdida sobre negocios sucios, tráfico de intereses. maniobras de hacendados, zancadillas de caudillos locales, corrupción del aparato judicial y oscuras jugadas de los bancos que quieren el terreno de la fábrica para construir un lugar de exposición de productos agrícolas. Esta estructura tiene mucho de la novelística de Chandler e indudablemente se inscribe como un homenaje al escritor norteamericano. Pero también encuentro referencias al comisario Montalbano de Andrea Camilleri, en la vastedad de las pampas argentinas y en las zonas más rurales de Sicilia. De cualquier modo, los autores del género negro se deben todo unos a otros.

En este juego de mentiras y verdades se sitúa una verdadera cacería que parece perseguir a una víctima determinada pero en realidad busca otros derroteros. Lo interesante no se halla en la culpabilidad sino en las motivaciones agazapadas detrás de cada personaje. Más allá de la anécdota, la verdadera presa de esta cacería es la verdad, como concepto medular que busca la comprensión de los hechos históricos y las conductas humanas. Perón aún no había regresado al poder para desencadenar el proceso que condujo a la cruenta dictadura militar. Renzi, es decir, el autor, simplemente observa el marco social y de poder que auspiciará tiempos terribles. Las hermanas Belladonna, el temible Luca, el fiscal Cueto o el comisario Croce son piezas de un ajedrez superior.

Piglia teje su trama con coherencia y cierto desafío estilístico. Es inevitable comparar Blanco nocturno con Plata quemada, a mi entender su novela mejor lograda, aunque la más reciente ostenta una autonomía narrativa claramente definida con una red dramática muy bien tejida. La nitidez de su lenguaje maneja la ironía y cierto tono poético para construir una novela compleja que delata sensibilidad y erudición. Pero sobre todo, pone de relieve las obsesiones que han acompañado la carrera literaria de un escritor fundamental.

BLANCO NOCTURNO, de Ricardo Piglia. Narrativas Hispánicas. Anagrama, Barcelona, 2010. Ganadora del XVII Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2011.


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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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