Verónica Márquez MLJET, LA MIEL DEL MEDITERRÁNEO

Es posible que esta isla sea la más cautivadora de la costa adriática. Sus lagos, bosques, montañas y playas impiden escapar a su seducción. Llegar a Mljet (“Miel” como la llamaban los griegos), en Croacia es entrar en contacto con lo más elemental: el viento, el sol, los perfumes de hierbas y flores. Se trata de una isla larga (37 kms), delgada (3,2 kms), salpicada por un par de viñedos y pequeños poblados. La impresionante ciudad amurallada de Dubrovnik queda tan sólo a dos horas en barco.

Lo que Mljet escasea en infraestructura lo gana en naturaleza. Descubrirla implica goce en todos los sentidos. La leyenda dice que el héroe griego Odiseo quedó tan maravillado al conocerla que vivió en ella durante siete años. Hoy en día se puede visitar la cueva que le sirvió de refugio.

No en balde, la costa adriática de Croacia se ha convertido en la nueva Costa Azul, visitada por turistas en busca de diversión, playas cristalinas y relajación.

Para los que huyen de las multitudes, Mljet resulta un destino ideal. Incluso en pleno verano, cuando la costa se desborda de turistas, en este destino es posible encontrar recodos de intimidad.

Una joya secreta se encuentra en el Parque Nacional Mljet, al oeste de la isla, donde dos lagos de agua salada  —Malo Jezero (Lago Menor) y Veliko Jezero (Lago Mayor)— se hallan conectados por un estrecho canal desembocan al mar.

En SvMarija (Santa María), una pequeña isla en el medio de Veliko Jezero, se encuentra un monasterio benedictino y una iglesia del siglo XII.

Los monjes de la orden de San Benito ocuparon estos predios hasta el siglo XIX cuando Napoleón anuló la orden e hizo que el convento cerrara sus puertas, en 1809. En la actualidad, el lugar alberga un restaurante romántico, ideal para tomar una copa al atardecer o disfrutar de frutos del mar y quesos locales.

En el Parque Nacional hay sólo un hotel, Oseij. Sencillo pero cómodo, está ubicado en Polace, el pueblo más grande dentro del parquet justo frente a la marina donde atracan yates y veleros. En Polace hay un par de restaurantes, tienditas y hasta un cajero, pero estos lujos, vienen con un precio: Polace es uno de los lugares más ruidosos de Mljet. Si desea vivir una experiencia más auténtica alquile un apartamento o una habitación en Soline, un pueblito pesquero, con menos de treinta amables habitantes.

Soline es el último pueblo de la isla, justo frente al encuentro entre el Lago Mayor y el mar. ¿Su gran ventaja?: la lejanía del bullicio. Niños corren de una casa a la otra en busca de helados y dulces; abuelos se sientan en los porches a contemplar el mar mientras consumen —unos tras otros— cigarrillos y tazas de café, mientras las mujeres se encargan de mantener el orden y satisfacer el apetito de todos sus huéspedes.

La mejor opción para hospedarse en Soline son los Apartamentos Soline. Iván y su familia los alquilan. Son sencillos, cómodos y limpios, y tienen vista al mar. En las noches, la mamá de Iván prepara la pesca del día, sin pretensiones pero deliciosa. Un crimen sería irse de ese lugar sin probar su pulpo ahumado, tan suave que se derrite en la boca y los ingredients locales: sales, aceite de oliva y vino.

Fiel a su naturaleza, en Soline no hay mercados, ni cafeterías. Todas las mañanas viene el frutero con sus vegetales y el panadero con pasteles. Ingredientes esenciales para un picnic. Luego de consentir el estómago con panes y frutas llega la hora de complacer a los ojos. Para disfrutar la mejor vista de la isla se requiere escalar una pequeña montaña justo antes de la entrada a Soline.

La subida dura alrededor de 40 minutos, pero resulta más fácil que Sabas Nieves. De todas formas, no subestime el efecto del poderoso y penetrante sol del Mediterráneo. Gorras, litros de agua y protector solar se precisan para conquistar la cumbre.

La mejor manera de moverse en la isla es en bicicleta. El Parque Nacional se puede recorrer en aproximadamente una hora. Casi todo el camino que rodea el lago está asfaltado y la sombra del bosque se convierte en un refugio natural. El agua es cristalina, cálida y verde turquesa. Para encontrar un rinconcito de paraíso particular sólo se requiere estacionar las bicicletas, colocar las toallas e incluso guindar una hamaca. De ahí en adelante sólo resta nadar, leer, dormir o deleitarse con el paisaje. En especial durante el atardecer, cuando el brillo del sol hace que el agua parezca el reflejo de un cielo repleto de estrellas titilando.

Pese a ser pleno verano y tener todas las posadas en su máxima capacidad, perdura la sensación de haber encontrado el paraíso, arrullado por el canto insaciable de las chicharras, el agua tropezando con las piedras y de vez en cuando el eco de la risa de algún niño.

Es muy fácil llegar a Mljet, lo difícil es irse.

¿Cómo llegar?

EL Mjlet no hay aeropuerto. Se requiere volar hasta Dubrovnik y de ahí tomar el jadrolinija (ferry) hasta la isla. Hay dos puertos en Mljet: Sobra, que queda en el lado este de la isla y Polace, que queda en el Parque Nacional.

Los horarios cambian dependiendo del día y la temporada. Se recomienda comprar los tickets con anterioridad. Para más información, visite: http://www.jadrolinija.hr

¿Dónde dormir?

Hotel Odesij: http://www.hotelodisej. hr

Apartamentos Soline: http://www.mymljet.com

 

Esenciales

  • Pasear en bicicleta alrededor del lago.
  • Probar platillos locales: queso de cabra, aceite de oliva y pulpo ahumado.
  • Un paseo en kayak por el Lago Mayor.
  • Tomar el aperitivo en el restaurante Melita en la isleta Santa María.

Diligencias

Los venezolanos no necesitan visa para Croacia. Es preciso tener un pasaporte vigente por más de seis meses al momento de entrar al país.

Datos curiosos

  • El nombre de los perros dálmatas viene de la costa dalmática de Croacia.
  • Hay muchos que aseguran que el primer gran viajero del mundo, Marco Polo (1254-1324) nació en Korcula (una hermosa isla a 30 minutos de Mljet).
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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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