Antonio Navas CAMINANDO BAJO LA LLUVIA

Caminar bajo la lluvia es todo lo que Owen Wilson quiere hacer en la nueva película de Woody Allen Midnight in Paris. Donde un guionista con aspiraciones a novelista va a la ciudad con su prometida, y luego de unas misteriosas caminatas viaja a la Paris de los años veinte, haciendo realidad la vívida fantasía de rodearse con sus artistas preferidos.

Es irresistible para muchos directores hacer de los famosos pero repetidos lugares parisinos una prioridad, pero Allen decide tomar otro camino cuando utiliza estos sitios como un simple fondo a lo que realmente importa no solamente en ésta, sino en las cuarenta obras anteriores de su repertorio: la trama. Aun cuando los conflictos de pareja se multiplican en este filme con mayor rapidez que los anteriores, como es el caso de Matchpoint, Balas sobre Broadway o Hannah y sus hermanas por nombrar algunos, el espectador se involucra mucho antes del primer tercio de la cinta con cada personaje, con sus virtudes, defectos y hasta intenciones. Los temas clásicos franceses interpretados por Sidney Bechet o Django Reinhardt nos demuestran que la música es incidental, nunca ornamental, una de las muchas situaciones que rodean, penetran y alimentan el misticismo asociado al lenguaje de este prolífico autor.

Lo que al principio parece una secuencia de viajes fantásticos se convierte en una encantadora coincidencia, gracias a las magníficas actuaciones. Casi sin darnos cuenta nos encontramos con un amable Cole Porter, un temible Pablo Picasso, un tímido F. Scott Fitzgerald o un gracioso Ernest Hemingway que grita “¿Quién quiere pelea?”. En esta diversa compañía de intérpretes (que solo alguien de su talento y trayectoria es capaz de reunir) cada actor brilla con luz propia. Finalmente Woody Allen decidió retirarse de la actuación, treinta años después de la aclamada Recuerdos (Stardust Memories), dándole el personaje principal a Owen Wilson, cuya entrega está llena de naturalidad y simpatía

Una de las muchas particularidades de este filme es que su audiencia puede ir mucho más allá del ya numeroso y fiel círculo de admiradores de este cineasta neoyorquino. Dando testimonio que no estamos en presencia de un neurótico desdichado que le gusta vivir en el pasado, sino de un honesto observador de las ironías en las altas sociedades: elegantes, sofisticadas y desesperadamente egoístas. La incesante y entusiasta búsqueda por la verdad a través de las distintas formas artísticas es lo que hace a Woody Allen un auténtico realizador, una lección que sus imitadores no se han molestado en aprender.


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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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