Vicente Bloise UN PEQUEÑO REGALO

Despertaba de muy buen humor. Fue un sueño alegre y quizás algo cómico. Muchas veces se repetía en su descanso diario, pero no le importaba. Rápidamente se arreglaba su larga cabellera negra frente al espejo y estaba segura de todas las buenas acciones que podía realizar en el día. En una mañana fría, de esas sabatinas, abrió su morral verde y guardó un termo con agua fría que había dejado en la nevera la noche anterior. También metió un paño azul, que le ocupaba gran espacio. Lo cerro y salió de su casa.

Encontraba el día muy especial, con olor a vida que sabía respirar. Veía los árboles, las montañas, y se sentía feliz de estar en ese lugar. Caminaba con un paso más rápido de lo normal, pero aún así se sentía de lo mejor. Llegaba un momento en el que se cansaba, pero eso no era impedimento para seguir su rutina de fin de semana. Veía a la gente caminar de un lado a otro con sus respectivos ipods, mientras ella prefería escuchar el sonido de la naturaleza. Solo se detenía para beber un poco de agua e hidratarse. El calor se apoderaba de su cuerpo como el sol hacía lo mismo con la Tierra. Horas después se disponía a regresar todo el camino que había recorrido desde que llegó. Se sentía más cansada de lo normal, por lo que tuvo que pedir ayuda para volver a su casa.

Tomó un taxi que pasó deprisa y en el trayecto pensó qué le pudo haber sucedido si ya estaba acostumbrada a las largas caminatas. No eran nuevas para Carolina. Recordó que lo único que desayunó fue un sándwich y un vaso con jugo de naranja. Lo suficiente para tener energía. Carolina llegó a su casa, pagó el taxi y entró a la sala a acostarse de inmediato en el sofá. No sabía qué era, pero seguía con el malestar. Recibió una llamada en su celular y la atendió con desgano. Se trataba de su novio Álvaro, de estatura mediana y médico de profesión. Tanta era su preocupación que decidió ir a buscarla para llevarla al hospital más cercano. Carolina estaba segura que no tenía nada de cuidado y esperó a Álvaro. Al llegar al hospital, le mandó a hacer unos exámenes de rutina y le dijo que todo saldría bien. Carolina le sonrió. A pesar de esto, Álvaro estaba muy preocupado por su novia, pero no podía hacerle notar esa angustia para no empeorar la situación.

Días después, Álvaro recibió los exámenes que le fueron realizados a Carolina. Tenía mucho miedo de leer algo que no le gustara. Veía el sobre blanco de un lado a otro y recordó que la noche anterior su “muchacha bella”, como le ha dicho de cariño desde que son novios, le envío un mensaje de texto para que se encargara de revisar los resultados y la llamara sin falta. No obstante, él no quería abrir el sobre sin que su novia estuviese presente. Después de pensarlo por un rato, se armó de valor y leyó los exámenes de Carolina. Su expresión no se podía describir. ¿Qué tenía escrito ese papel que lo había dejado mudo? Salió casi como un rayo veloz de su oficina. Se dirigió al estacionamiento lo más rápido que pudo, saco las llaves de su carro un tanto nervioso, y aún así abrió la puerta y se montó en su automóvil. Lucía ido, encerrado en sus propios pensamientos, pero en el camino a casa de Carolina escuchó el tono de su celular que indicaba una llamada muy importante. Era su novia. No le atendió. Carolina estaba muy preocupada por Álvaro, caminaba de un lado a otro y cada vez pensaba algo peor: un robo o hasta la misma muerte. Al rato respiró lentamente y se sentó en el sofá a esperar noticias de su novio.

La espera se hacía eterna, aunque solo pasaron algunos minutos hasta su llegada. Carolina lo abrazó con tanto amor que no quería apartarse de su lado. Álvaro respiraba su aroma como lo más grande que existe en la vida. Carolina no aguantó más y le pidió una explicación acerca de lo sucedido. La noticia que tenía era más importante que el sonido de un teléfono. Carolina se asustó: cambió su color de piel, de blanca a roja, al escuchar tal afirmación. Él le tomó las manos y juntos se sentaron en el sofá para decirle que estaba embarazada. Carolina no podía creer lo que escuchaba. Álvaro se lo repitió y sacó los resultados de los exámenes. Ella estaba impresionada y a la vez feliz por la nueva vida que ahora empezaba a crecer dentro de su vientre. Pero lo mejor estaba por venir.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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