Cabimas, donde todo comenzó REGRESO A LAS RAÍCES, por Alfonso Molina

A medio camino entre el documental y la ficción, Cabimas, donde todo comenzó, de Jacobo Penzo, establece una visión paralela sobre una ciudad acorralada y subestimada —que hace casi un siglo cambió la vida del país— y un individuo que busca una reafirmación de su existencia. Por un lado, establece el olvido de Cabimas, perdida entre la nada, allí donde surgió el pozo Barroso 2 que trajo el petróleo a nuestras vidas. Por el otro, perfila las dudas y angustias de un periodista no satisfecho con su profesión y su vida. Este personaje  emprende el rodaje de un documental sobre cómo se transformó ese caserío que vio surgir un chorro negro y oscuro en una ciudad que más parece un campamento petrolero. Uno de los asentamientos más antiguos de Venezuela, fundado en 1758, nos colocó en el mapa mundial de la energía en 1922. El resultado de la conjunción de estos factores es un obra poco convencional que trasgrede las reglas y que prefiere el riesgo narrativo a la seguridad de las convenciones.

En varios sentidos, Cabimas, donde todo comenzó funciona como una suerte de síntesis de la filmografía de Penzo en la medida en que su personaje principal, Carlos, representa la rebeldía frente a lo establecido, como en La casa de agua (1984), En territorio extranjero (1993) o Borrador (2006), tres piezas muy distintas en lo temático unidas por el punto de vista del realizador. En efecto, Carlos surge como al álter ego de Penzo, como sucedía con el personaje central en Borrador. Tal vez esta postura representa la crisis de una generación que busca profundizar en sus sueños no logrados, como esa ciudad casi fantasma y ese país demasiado acosado por décadas de negligencia. Al concluir el relato podemos establecer que Carlos es Cabimas como Cabimas es Venezuela. Claro, desde una perspectiva muy personal.

Se torna difícil analizar el desarrollo guionístico del film pues salta de la historia de Carlos y su peculiar equipo de filmación a las manifestaciones históricas del primer reventón petrolero. Personajes reales y ficticios se alternan con naturalidad, aunque es evidente que Penzo rehuye la narrativa tradicional. No está contando una historia sino dejando que sus personajes fluyan de un lado a otro. Los habitantes hablan como cronistas espontáneos, cuentan sus historias, expresan sus frustraciones, mientras el breve equipo de forasteros planta la cámara e indaga en esa realidad. Verdaderos o ficticios, estos seres humanos interactúan y marcan sus propios territorios. El final del relato parece indicar que Carlos encuentra su rumbo en una metáfora agraria dentro de un planteamiento de minería.

Pensando en Cabimas, donde todo comenzó, encuentro grandes similitudes con el film anterior de Penzo, Borrador. El primer rasgo común es que ambos trabajos poseen la apariencia de borradores que los aleja de un formulación terminada, al estilo de las obras precursoras de la nouvelle vague francesa y en particular de aquellos trabajo provocadores de Jean-Luc Godard a principios de los sesenta del siglo pasado. La segunda característica afín se encuentra en el uso de una filmación como metáfora de la indagación en la realidad colectiva y en la individual. El equipo humano de Carlos es el equipo humano de Penzo. Se trata de una extensión expresiva determinada por las actuaciones de Carlos Carrero, Raúl Medina, Diego Penzo y Nathassa Jiménez. Lo documental y lo ficticio conviven gracias a un curioso trabajo de montaje de Sergio Curiel, con el matiz poco convencional de la fotografía de José Eduardo Tovar, el registro sonoro de Raúl Amargó Pérez y la incisiva música de Diego Penzo, ganadora en el pasado Festival de Cine Venezolano de Mérida.

Nunca he pensado que el petróleo es el excremento del diablo. Al contrario, creo que ha sido una bendición para los habitantes de este país. No hay que culpar al petróleo de lo que nos ha sucedido desde los tiempos de Juan Vicente Gómez. Es una forma de evadir las características de cada etapa de nuestra historia. Fallamos los hombres, no los recursos naturales. No obstante, Cabimas permite establecer una metáfora plena de significados. Es lo que propone Penzo en su película. Cada cual debe extraer sus reflexiones.

CABIMAS, DONDE TODO COMENZÓ. Venezuela, 2010. Dirección y guión: Jacobo Penzo. Producción: Jacobo Penzo, Siria Briceño. Fotografía: José Eduardo Tovar. Montaje: Sergio Curiel. Sonido: Raúl Amargó Pérez. Música: Diego Penzo. Dirección de Arte: Régulo Rincón y Jacobo Penzo. Elenco: Carlos Carrero, Raúl Medina, Diego Penzo, Nathassa Jiménez. Distribución: Gran Cine.

Anuncios

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
Esta entrada fue publicada en Cine y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Cabimas, donde todo comenzó REGRESO A LAS RAÍCES, por Alfonso Molina

  1. Pingback: Una oportunidad para ver la cinta Cabimas, donde todo comenzó de Jacobo Penzo

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s