High (Alto) LA PERSECUCIÓN DE LA CULPA, por Alfonso Molina

A principios del año pasado se estrenó en Broadway High, de Matthew Lombardo, con la dirección de Rob Ruggiero y la interpretación central de Kathleen Turner. La pieza recogió opiniones favorables de la crítica neoyorquina aunque no fue un éxito comercial. Tal vez porque trabaja el doloroso tema de la identificación de los demonios propios. Una mujer  con un pasado religioso intenta rehabilitar a un chico homosexual que se prostituye para pagar su adicción a las drogas, con la colaboración de un sacerdote que a su vez guarda un secreto sórdido. Son tres seres humanos que evidencian la persecución de la culpa. La obra fue adaptada al ambiente venezolano por Producciones Lazo bajo la dirección de Luis Fernández, con las interpretaciones de Carlota Sosa como la hermana Helena, Christian McGaffney como Andy y de Rafael Romero y Luis Fernández, quienes se alternan como el padre Miguel. La vi la noche de su estreno en el Trasnocho y sé que la primera función casi nunca es la mejor. Ahora debe estar en su punto pues la historia de tres seres atormentados más una puesta en escena vigorosa y creativa permiten apreciar un drama con toda su fuerza.

Fernández tuvo el tino de cifrar su puesta en escena sobre la base de las actuaciones de un elenco breve y compacto y en el manejo impactante de los dispositivos de la producción, especialmente la iluminación de José Jiménez y el diseño de la escenografía y del sonido, ambos del propio director. Presumo que optó por este camino ante un texto que —si bien plantea inquietudes lacerantes en un espacio que parece sin salida— se revela como previsible. El proceso de descubrimiento de los propios traumas constituye el hilo dramático de la historia. Cada cual se despoja del ropaje de lo aceptado a través del reconocimiento de sus miedos personales. Helena, Andy y Miguel interactúan descubriéndopse a sí mismos. Curiosamente sólo el muchacho se expresa a través de sus condición presente, mientras que la mujer y el cura se sumergen en sus pasados, sacrificando sus secretos, desnudando sus obsesiones particulares. Al final Andy se muestra con un ser humano atormentado pero también como el más auténtico. Y uno se pregunta quién necesita más la rehabilitación.

Las actuaciones de Sosa, McGaffney y Fernández —no he visto la de Romero— se articulan rápidamente con el nudo dramático del texto y enfatizan la función de cada personaje dentro de la trama. Priorizan el cómo expresar el conflicto sobre el conflicto mismo. Hay escenas de mucha fuerza entre el muchacho y la mujer o entre el muchacho y el sacerdote cuya validez se fundamenta en el trabajo interpretativo. Al principio todo aparece como muy políticamete correcto en un proceso de rehabilitación pero pronto adquiere el tono de la redención. Necesitan expiar sus culpas, sobre todo quienes están ligados a la fe. Lo significativo es que los tres personajes pasan de las palabras a las acciones que develan el disfraz de las frases y muestran duro rostro de la experiencia personal.

High (Alto) se encuentra impregnada de un fuerte sentido religioso, no sólo porque dos de sus personajes se definen a partir de la fe —como razón de ser, como excusa para dejar de ser—  sino porque su nervio central se sitúa en la puesta en duda de creencias y conductas. Crisis personales en medio de un caos emocional que se vive triangulado. La obra es dura, poco complaciente con el público, no pretende un acto de evasión sino una confrontación con el mundo interior y scereto de cada cual. Algo que hacía falta en el espacio teatral caraqueño.

HIGH (Alto), de Matthew Lombardo. Dirección: Luis Fernández. Producción: Mimí Lazo. Escenogradía: Luis Fernández. Iluminación: Joé Jiménez. Diseño de sonido: Luis Fernández. Elenco: Carlota Sosa, Christian McGaffney, Rafael Romero y Luis Fernández. Teatro Trasnocho. Vienes y sábado a las 10:00 pm y domingos a las 8:00 pm.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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