En un mundo mejor, PIRATERÍA Y LIBERTAD por Leonardo Rodríguez

Vi después de mucho tiempo una película en La Previsora caraqueña, durante años lugar de consuetudinaria peregrinación. La sala, como es sabido, está regentada por la Cinemateca Nacional. La película, En un mundo mejortiene elegante factura danesa, es punzante en su retrato de la violencia escolar en un medio en apariencia pacífico, y la copia proyectada era pirata. En un país donde la criminalidad impune, el desabastecimiento de alimentos y la discriminación política en las instituciones del Estado son habituales, este es un detalle apenas anecdótico de nuestra festiva corrupción. La pregunta sin embargo se impone: ¿en qué otros países del mundo el Estado ofrece copias piratas en sus salas de cine? No en Dinamarca, me atrevo a apostar.

Ahora muchos se indignan —con argumentos propios del más lacrimógeno populismo latinoamericano— por la sola idea de legislar la piratería en Estados Unidos, España y otros países más o menos occidentales. Desde luego en Venezuela, país de derechos menguantes, de los derechos de autor mejor ni hablar.

Los argumentos de la masa pirática son una mezcla de anarquismo evangélico con vandalismo justiciero, no sin un torrente de lirismo comunitario. Todos consumimos gratuitamente lo que todos producimos porque todos somos hijos de Internet. Es el mantra del saqueo digital, ese que está poblando el planeta de un inabarcable reguero de chatarrería cultural. Hay quien afirma que las leyes son a beneficio de Hollywood (esa mafia enemiga del cine humanista, vivencial e inspirado), que los autores queremos cobrar pero también ser vistos, leídos, reconocidos y alguna vez amados. Nunca, ay, por dinero. Gente que cree que el arte, la tecnología, la ciencia y la cultura sin más son misiones jesuíticas. Esta turba demagógica hace rato necesitaba un héroe indiscutible, un mártir contra la ley. Le tocó a Kim Dotcom, ese esclarecido hedonista, ese filántropo salido de la demasiado abrigada Alemania hacia los campos soleados de Nueva Zelanda, ese Gatsby ahora entronizado por la adolescencia más vulnerable del mundo desarrollado y no tanto.

A menos que quieran sumarse al pensamiento mágico universal, alguien tiene que explicar algún día a la muchachada (a veces meramente retórica) de los países ricos la diferencia entre internet y la bola de cristal. Los ciudadanos de los países pobres, esos beneficiados por las almas sensibles de la red, quizá tardaremos en darnos cuenta de que la piratería no es una solución sino parte de nuestra pobreza. Nos condena a consumir deshechos y a veces a no consumirlos en absoluto, convierte en ganado a los autores, enriquece a quien tiene las códigos de la propiedad ajena y hace de la cultura una forma de la gracia divina. Ya sabemos la alternativa populista: subsidio, saqueo o buhonería. No es imposible imaginar otra: crear un espacio ciudadano en que el autor tenga tantos derechos como el usuario, en que el usuario no esté limitado a la adquisición de baratijas ni el comerciante sea un buhonero de incierta responsabilidad y ningún amparo legal de parte de la empresa o del Estado. Eso pasa por respetar los derechos y exigirles responsabilidades a quienes hacen de la cultura una forma de negocio lícito, sean editoriales, discográficas, productoras de cine, salas de exhibición o compañías tecnológicas. Todo lo cual supone una ley, ni demagógica ni corporativa.

Por supuesto el robo, incluido el carterismo más ratero, puede ser una de las bellas artes, y tiene de antiguo buen patronazgo, pero si no queremos quedarnos en su apreciación estética, al menos hay que llamarlo por su nombre. Con Kim Dotcom está preso uno de los rateros más representativos de la época. Veremos las consecuencias.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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