20 años de golpismo MEMORIAS DE FEBRERO, por Carlos Rasquin

Hace 20 años, me despertó en la madrugada, el ruido de televisión de un apartamento vecino. Era una voz seca, de acento grave y cadencia monótona, como de lectura entre noticiosa y mensaje dramático. Me despertó el ruido y una reminiscencia; un sonido de mi infancia, de radio y televisión, que informaba el desarrollo de un golpe militar, que ponía todo en vilo y angustioso suspenso. Hasta recuerdo el nombre de un general Castro León, alzado por el Táchira (arranque del gomecismo), o los partes noticiosos del golpe de Puerto Cabello, de tan sangrientas imágenes.

Que sorpresa al encender el televisor y encontrar al presidente Pérez, repitiendo esa insólita noticia de golpe militar, que había tomado a Miraflores y atacaba otros enclaves del gobierno nacional. No salía de mi perplejidad. Parecía, que los golpes de estado militares y las guerrillas, habían quedado en la prehistoria de la política venezolana.

Para ese momento, no había imagen ni voz de los golpistas. Al poco rato apareció en pantalla, Eduardo Fernández, líder del principal partido de oposición, condenando la conducta de los atacantes y dando y pidiendo apoyo al gobierno electo en ejercicio.

Sin ver ni oír a los golpistas, estimé que aquello era una atrocidad, carente de representatividad popular y totalmente alejado de ser un mecanismo de benefició o mejoría de los problemas que padecíamos. Me parecía un retroceso a un sistema de mandones arbitrarios, carentes de formación para el desarrollo y progreso social, que atacarían a todas las instituciones y organizaciones de la comunidad y ahogarían las libertades ganadas con tanta lucha y esfuerzo en democracia. Me olía a “solución” de fuerza, a lo Pinochet, a Pérez Jiménez, a los militares brasileños y argentinos; etc, que pretendían ser los salvadores y garantes del bienestar, creando un estado de terror, persecución, estancamiento y retroceso general.

Veníamos de otro febrero caótico y traumático, el Caracazo de los saqueos y muertes, más producido por la decepción y desmesura de expectativas, que por la hambruna o la miseria. Una reacción anárquica, sin gloria y con mucha pena.

El clima de frustración y confusión que persistía, parecía haber abierto espacio a que algunos militares, encontraran viable, tomar por asalto la escena e imponer sus recetas, a pesar de la libertad de opinión, organización y protesta cívica que existía. Prefirieron el atajo de la fuerza.

Pienso que la intervención de Eduardo Fernández, propició una respuesta general a sostener el orden democrático.. La insurgencia militar se contuvo y se redujo. La mayoría veto el golpe, pero el sistema social dejó espacio a los golpistas. Chávez salió en televisión, ofreciendo proseguir.

Altos líderes, empezando por el ex presidente Caldera, en insólita ambigüedad, censuraban y justificaban el golpe.

A pesar de los esfuerzos que hacía el gobierno, de apertura y aliento económicos y avances políticos como la descentralización, el liderazgo nacional no ejerció responsable y críticamente su rol, y jugo, a una distancia, escepticismo y descalificación. No había discusión constructiva, sino se actuaba para hacer un vacío, que los golpistas leyeron y se arrojaron a llenarlo.

En la cárcel y luego indultados, los golpistas sostenían la vía subversiva para el cambio, que no generaba respaldo popular, pero eran objeto de gran atención. Otros actores políticos los convencieron de mudar su enfoque, ala ruta de los modales del juego democrático. Así lo hicieron y conquistaron la adhesión de una elevada proporción de la sociedad, ganando las elecciones y sosteniéndose a través de un discurso de promesas, halagos, planes asistenciales y castigo a aquellos que tienen.

Al paso de 20 años del impacto de ese anuncio de golpe de madrugada, veo confirmado todos los temores y riesgos de lo que era ese golpe: una reacción militar, que ha terminado generando un régimen militar, cerrado, autocrático, incompetente, demoledor de los poderes civiles y, apropiado de una circunstancial bonanza petrolera, ofrece migajas y circo al pueblo más necesitado y persigue a todo actor o sector, no afiliado sumisamente al jefe. Un mesías que se sostiene en el show populista.

El 4 de Febrero del 92, comenzó el peor remedio a los problemas de Venezuela. Hay un país que no quiere ser cuartel militar. Cree en la democracia imperfecta, pero abierta al aporte y discusión de todos, por la que vamos el12 Fy el 7Oct.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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