Caballo de guerra UNA ÉPICA EQUINA, por Alfonso Molina

Aunque la Academia ignoró las dos películas que estrenó en 2011, Steven Spielberg mantiene un ritmo de producción notable. Después de la incomprendida Las aventuras de Tintín, regresa con Caballo de guerra a una de las vertientes más significativas de su filmografía: el drama épico que descubre pequeños héroes en las grandes circunstancias de la historia. El conflicto bélico —cualquiera— le ofrece el marco dramático para que sus personajes trasciendan su pequeñez y se erijan como héroes. El imperio del sol, Salvando al soldado Ryan, incluso La lista de Schindler y hasta Munich le han alejado de la ciencia ficción, del drama íntimo y del film de aventuras. Es un tipo de cine que el cineasta de Ohio maneja muy bien y sabe otorgarle cierta espectacularidad, con un tono erudito que recuerda las viejas películas de John Ford. Las desventuras de un caballo de linaje, que no sirve para el trabajo ni la batalla, a través de la Primera Guerra Mundial, tanto en Inglaterra como en tierra firme europea, constituye la línea de trama de un film sobre la amistad en medio de tanta muerte. Hermosa y sentimental, dotada de grandes valores de producción, parece una película de otra época. De esas que ya no se hacen.

Caballo de guerra está basada en la novela juvenil homónima de Michael Morpugo, publicada en 1984,  que ya había sido adaptada al teatro en Londres. La estructura dramática que Spielber eligió para el film parte de la amistad entre un muchacho campesino inglés y un bello potrillo purasangre. Convierte a este caballo en el protagonista de una lucha desperada por la supervivencia y aprovecha para mostrar los diferentes rostros de la Primera Guerra Mundial con todo su dramatismo. El corcel pasa de una familia granjera y pobre, acosada por el latifundista, a un solidado británico que promete cuidarlo, pero luego la hermosa bestia pasa a formar parte de la caballería alemana y, de forma azarosa, se integra a la vida campesina de un abuelo y su nieta en la Francia ocupada, para regresar de nuevo al combate. Este edificio dramático permite enseñar los horrores de la guerra desde distintos puntos de vista, es decir, los diferentes ángulos de la gente involucrada pero también desde la incomprensión de un animal noble.

La gran diferencia de esta pieza de otras de Spielberg reside en el tono juvenil con que narra un drama histórico cargado de emotividad, por momentos excesivamente manipulador de la lágrima fácil, con un empaque de producción de lujo, incluyendo la majestuosa fotografía del maestro polaco Janusz Kaminski, la intensa partitura del norteamericano John Williams, eterno colaborador del director, el vibrante montaje de Michael Kahn y, en especial, el cuatro de interpretación británico, francés y alemán, con Jeremy Irvine, Peter Mullan, Emily Watson, Benedict Cumberbatch y Niels Arestrup en roles esenciales. Pero el verdadero centro de la película, sin duda alguna, es Joey, el fiel caballo que sufre y lucha. Se utilizaron cuatro corceles para representar las diferentes etapas de su supervivencia. Casi un ser humano.

Todo parece indicar que Caballo de guerra ha sido un proyecto muy personal de Spielberg, por no decir un capricho,. porque no representa lo mejor de su filmografía pero sí expone la grandiosidad de sus producciones. Director de treinta y tres películas y productor de más de cien piezas audiovisuales para cine y televisión, posee una debilidad por este tipo de trabajo, propio de la antigua literatura juvenil. A sus sesenta y cinco años, el Rey Midas de Hollywood no puede escapar de las trampas del espectáculo que él mismo ayudó a consolidar. No es el creador de Munich o El imperio del sol. Es simplemente el entusiasta de las grandes aventuras.

CABALLO DE GUERRA (War horse), EEUU, 2011. Dirección: Steven Spielberg. Guión: Lee Hall y Richard Curtis, sobre la novela de Michael Morpurgo. Producción: Revel Guest, Frank Marshall y Steven Spielbeg. Fotografía: Janusz Kaminski. Montaje: Michael Kahn. Música: John Williams. Director de Arte: Rick Carter. Elenco: Jeremy Irvine, David Thewlis, Emily Watson, Peter Mullan, Niels Arestrup, Benedict Cumberbatch, Tom Hiddleston, Celine Buckens. Distribución: The Walt Disney Company Venezuela.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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