Devastación y desconsuelo LA CATÁSTROFE DE FEBRERO, por Trino Márquez

Febrero ha sido un mes catastrófico para el régimen. Primero fue el tsunami electoral del 12 de febrero. Más de tres millones de venezolanos le perdieron el miedo a la Lista Tascón y a las amenazas del Gobierno, y se presentaron en los centros de votación para depositar sus papeletas a favor de los candidatos unitarios a la elección presidencial prevista para el 7 de octubre, a de gobernadores del próximo diciembre y a los comicios de alcaldes contemplados para abril de 2013. La avalancha de votos golpeó el ego del primer mandatario con tal fuerza, que el hombre quedó desconcertado e iracundo. Jamás imaginó que sería víctima de su propia arrogancia y miopía, y de la ceguera de sus sacristanes quienes le habían vendido la tesis de que apenas se movilizarían unos pocos miles de opositores.

Luego vino la recaída en el cáncer que padece. Otro duro golpe a su robusto Yo. Probablemente de verdad se había persuadido de que la enfermedad había sido superada definitivamente. La realidad le tenía deparada una sorpresa muy desagradable: la dolencia reapareció y con un pronóstico reservado. Esta terrible noticia impactó con la energía de un obús al Presidente y a su entorno, convencido por el caudillo de que el morbo había quedado en el pasado. Aunque ya se conocía el carácter personalista del régimen, ahora que Chávez está convaleciente en Cuba queda aún más en evidencia cuánto se soporta todo el andamiaje gubernamental en la figura del autócrata. Todos saben que dependen de él para mantenerse en el poder y disfrutar de sus privilegios; por su parte, él está convencido que sin su presencia se desata el caos en sus filas.

¿Qué pueden hacer los monaguillos sin la figura del sumo sacerdote? Muy poco. Esta precariedad los torna sumamente peligrosos. Los escenarios del chavismo en las nuevas condiciones que aparecen luego del resurgimiento del cáncer presidencial son todos muy opacos. Si Chávez va a la campaña electoral disminuido, es altamente probable que pierda. Difícilmente pueda soportar los rigores de una campaña tan exigente como la que está en puertas. Si el caudillo no es el aspirante las posibilidades de salir derrotados son todavía mayores. No hay tiempo para levantar la imagen de un candidato oficialista, entre otras razones porque el propio jefe se ha encargado de devaluar la figura de cualquier eventual sucesor. Lo hizo con Maduro, Jagua, Diosdado y Adán. Por su mente jamás ha pasado la idea de ser sustituido.

¿Qué le va quedando al chavismo ante la derrota electoral que luce inminente e inevitable? Seguir adelante con el proceso electoral, ir a la cita electoral del 7-O y acatar los resultados de esa consulta. Esta es una posibilidad. Otra reside en intentar interrumpir los comicios o postergarlos perentoria o indefinidamente, en procura de condiciones más favorables. En este caso estarían violando la Constitución. La Carta Magna establece en su artículo 230 que “el período presidencial es de seis años”; y en el artículo 231 añade que “el candidato elegido tomará posesión del cargo de Presidente de la República el diez de enero del primer año de su período constitucional”. Hugo Chávez se encuentra en el sexto año de su presidencia. Por lo tanto, el 10 de enero de 2013 solo podrían ocurrir dos de los siguientes hechos: que Chávez continúe como Presidente si gana las elecciones de octubre, o que le coloque (él o quien esté al frente del Estado) la banda presidencial a Henrique Capriles R. No existen más alternativas constitucionales

Chávez ha dicho en numerosas oportunidades que reconocerá su derrota y entregará el mando si pierde los comicios nacionales. Creo que dice la verdad. El entorno internacional no le permitirá fugarse por la tangente. Sin embargo, no creo que sus aláteres estén dispuestos a hacer lo mismo en el caso de que los designios de Dios los obliguen a improvisar un candidato de emergencia para la contienda electoral del venidero octubre. Puestos en estas circunstancias, se tornarían sumamente agresivos. Tratarían de mover la fecha de las elecciones, desestabilizarían, crearían terror entre la población. Mil argucias entrarían en acción. Las invasiones de los días recientes son una pequeña muestra de lo que están dispuestos a llevar a cabo.

Mientras el panorama se despeja, y se sabe más de la salud del Presidente, la oposición debe seguir en su autobús del progreso hacia la estación terminal, ubicada en un campo donde crecerá plenamente la democracia y el bienestar.

@tmarquezc.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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