A la memoria de Lucio Dalla E QUI A AMERICA ERA NOTTE, por Silvia Dioverti

Era de noche acá, Lucio, y seguirá siéndolo durante mucho tiempo hasta que se nos pase el dolor “e ricominci il canto”. Era y se hizo más noche cuando en la mañana de Montreux hiciste tu salida definitiva y, nosotros, como tú en tu Caruso, despertamos buscando tu voz “nella bianca scia di un’elica” para que guíe este barco sin timón en el que navegamos ahora que te fuiste.

También a muchos de nosotros “una catena ormai che scioglie il sangue” nos une a ti, nos une al pasado, a una época en que era posible creer, como creímos entonces, que vendría un tiempo nuevo de libertad, un tiempo en que las únicas cadenas que existirían serían esas que amarran al corazón, esas capaces de hacer “que la sangre se disuelva” mientras te escuchábamos y te seguimos escuchando; un tiempo nuevo para esta vieja y cansada especie a la que tu voz consolaba de tanto desmadre, de tanto ver sin creer lo que se veía… y eso que nos faltaba, nos falta todavía, tanto por ver y padecer.

A mí me gustaba pensar entonces que esa muchacha “d’occhi verdi como il mare” era yo, aunque navegábamos por rutas diferentes, en barcos diferentes; pero a mí tu Caruso me permitía llorar todo lo llorable si el caprichoso Cupido me jugaba una de las suyas o, si viendo las estrellas de otros cielos, pensaba en tu “alle notti là in America”, y sentía terrible nostalgia del Sur, de los Andes y de mi gente.

A veces me resultaba incomprensible que siendo tú boloñés cantaras en napolitano, pero cuando fui a Nápoles entendí que hay cosas que solo pueden ser dichas en el dialecto de esa tierra y que no importa donde hayamos nacido para que la sonoridad de una lengua nos conmueva, porque igual somos todos inmigrantes, somos todos de allende las estrellas.

¿Cómo se hará, Lucio, para seguir siendo quienes somos y quienes fuimos cuando desaparece una parte nuestra? ¿Cómo se hará para no sentir que el mundo que conocimos desaparece y es más que nunca un mundo “adove ogni dramma è un falso che con un po’ di trucco e con la mimica puoi diventare un altro”?

Y una última pregunta mientras escucho, para escándalo de mis vecinos, tu voz a todo volumen: ¿te “sembrò più dolce anche la morte” cuando vino para llevarte allí donde te esperaban Caruso, Corelli, Pavarotti para que sigas cantando hasta el fin de los tiempos y más allá, para que sigas cantando durante toda la mismísima eternidad? Espero que sí, porque “Te voglio bene assaje, ma tanto tanto bene sai è una catena ormai, che scioglie il sangue dint’ ‘e ‘vvene sai”.

Anuncios

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
Esta entrada fue publicada en Cultura y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s