Hugo EL PRODIGIO DE LOS SUEÑOS, por Alfonso Molina

La idea medular que atraviesa de principio a fin Hugo expresa la necesidad de compartir  la pasión por el cine que, según se mire, padece o disfruta Martin Scorsese. Sumergido en el inmenso océano de las imágenes y las historias, se remonta a los orígenes del cinematógrafo en París para rendir un homenaje a sus pioneros, a los creadores de un nuevo arte, a los que se atrevieron a pensar de forma diferente. Pero no lo hace a través del documental como en su muy hermosa Mi viaje por Italia (1999), dedicado a los grandes precursores y artistas que el cine italiano ha dado al mundo, sino por la vía de la ficción que recrea una época de transformaciones, en el paso del siglo XIX al XX, con sus héroes románticos y sus aventuras desconcertantes. El cineasta norteamericano se fundamenta en la novela juvenil de Brian Selznik para conjugar la historia personal de George Méliès, autor francés de El viaje a la luna (1902), la obra que desarrolló la narrativa cinematográfica, con la obsesión de un huérfano que busca reivindicar la memoria de su padre. Desde estos dos puntos de partida se edifica una película que combina el homenaje con la admiración, la ficción con la realidad y el arte con la vida. El prodigio de los sueños.

Autor prolífico y diverso, Scorsese no ha perdido su capacidad para sorprender al espectador. A menudo se le ha pretendido encasillar en el campo del crimen y la violencia, con algunas piezas maestras como Buenos muchachos (1990) o Casino (1995) o incluso la inclasificable Taxi driver (1976) pero su obra ha recorrido senderos tan distintos como los de La edad de la inocencia (1993) o La última tentación de Cristo (1988) o El último vals (1978), en un viaje personal muy fiel al cine norteamericano pero también a sus raíces europeas. Si bien su visión sobre Méliès no es única, pues el hombre que creó el primer estudio de filmación ha sido objeto de varias producciones francesas y norteamericanas, sí es la que ha logrado rendir el homenaje más poético e imaginativo.

En la París de los años treinta, curiosamente la misma época de El artista en Hollywood, un niño vive solo en las entrañas del gran reloj de una estación de tren que se supone es la de Montparnasse. Allí sobrevive robando un croissant por allí y una botella de leche por allá, mientras trata de reparar un autómata que su padre, experto relojero, quiso darle vida mecánica pero la muerte se lo impidió. Tras un largo plano inicial que observa la ciudad desde arriba para insertarse, sin corte alguno, en el interior no sólo de la estación sino del mismo reloj, Scorsese crea un sólido puerto dramático al vincular a Hugo Cabret, interpretado por el adolescente inglés Asa Butterfield, con el adusto y estricto Papá George, actuado por Ben Kingsley, dueño de una tienda de juguetes y padrino de Isabelle, la encantadora niña amante de los libros, protagonizada por Chloë Grace Moretz, quien se hace amiga de Hugo. Pero Isabelle nunca ha visto una película. Papá George se lo prohíbe. El hallazgo maravilloso será clandestino, a hurtadillas, viendo la famosa escena de Harold Lloyd colgando de las manecillas de un gran reloj. Allí está la magia de los sueños.

De pronto el propio Méliès deviene en el personaje que conduce la trama. La historia del cine registra que, tras estallar la guerra, las películas fueron ignoradas, el cineasta desapareció y su obra incluso fue derretida por el ejército francés para aprovechar el nitrato de plata. El ilusionista, mago y cineasta parisino se retiró hasta que el crítico Léon Druhot, que en la película se llama René Tabard, lo rescató del olvido. Después los surrealistas reivindicaron sus películas y el mismísimo Henri Langlois. creador y director de la célebre Cinemateca Francesa, recuperó y restauró parte de sus películas. Una de las escenas más emotivas de Hugo es aquella en la que París le rinde tributo al precursor del cine universal.

Por primera vez Scorsese realiza una película juvenil, pero también apta para todos los públicos, con ingenio, fantasía y un sorprendente manejo visual. Es también su primer trabajo en 3-D y, a diferencia de otras producciones recientes, los efectos obedecen a la naturaleza de su historia. No conforman un mero recurso técnico sino una herramienta de expresión que logra comunicar la importancia de los efectos que el propio Méliès desarrolló a principios del siglo pasado. Hay que recordar que la novela de Selznick cuenta con casi trescientas ilustraciones en sus más de quinientas páginas. Por eso el diseño de arte de Dante Ferreti y la fotografía de Robert Richardson se articulan de manera casi perfecta. Es el mejor uso del 3-D que he visto hasta ahora.

Hugo es hermosa, imaginativa y risueña. Posee algunos elementos del Oliver Twist de Charles Dickens (el chico es un ladrón, aunque sin banda) y algo de Los miserables de Victor Hugo (al niño lo persigue con saña el inspector de la estación, actuado por Sacha Baron Cohen) y ofrece varias escenas memorables: cuando el tren embiste contra la estación o cuando Hugo pende de las manecillas del reloj de la estación al estilo Harold Lloyd o cuando el autómata comienza a dibujar la cara de la luna o cuando Mèliés realiza El viaje a la luna y dirige a su esposa Jeanne D’Alcy. Gran parte del público no sabe quien fue Méliès. Pero no importa. El espectador entiende que está ante una época de hallazgos y transformaciones. Así es el cine.

HUGO (Hugo), EEUU, 2011. Dirección: Martin Scorsese. Guión: John Logan, sobre  el libro “La invención de Hugo Cabret”, de Brian Selznick. Producción: Johnny Depp, Tim Headington, Graham King y Martin Scorsese. Fotografía: Robert Richardson. Montaje: Thelma Schoonmaker. Música: Howard Shore. Director de Arte: Dante Ferretti. Elenco: Asa Butterfield, Chloë Grace Moretz, Ben Kingsley, Sacha Baron Cohen, Jude Law, Christopher Lee, Richard Griffiths. Distribución: United Intertnational Pictures.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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