Hugo EL AMOR AL CINE, por Pablo Gamba

Hugo no es una película del Martin Scorsese que ha dirigido Taxi Driver (1976) y Pandillas de Nueva York (Gangs of New York, 2002). Es del cinéfilo que creó en 1990 The Film Foundation para el rescate, la preservación y la restauración de tesoros del cine, y para la difusión de la cultura cinematográfica. Si hay un momento en que la cinta se convierte en un filme educativo sobre Georges Méliès y los comienzos del cine, no por eso deja de ser una obra de autor. Lo personal de Hugo está en la manera como evoca la aventura que todo auténtico cinéfilo ha vivido con mayor o menor entrega, de acuerdo con la intensidad de su pasión por ese arte, y que va del descubrimiento a la profundización en el conocimiento.

El pasado tiene sobre el presente un derecho, escribió Walter Benjamin en Sobre el concepto de historia, obra cuyo primer fragmento es sobre un autómata como el que lleva a Hugo Cabret al encuentro de Méliès en Hugo. Para Scorsese, que es católico, el llamado del aparato es un deber de amor, y se encuentra expresado con una imagen evidente: la llave en forma de corazón que lo hace funcionar. Es característico del cineasta expresarse de una manera sencilla, inspirada en la cultura popular, sin que las imágenes pierdan su valor artístico. Algo similar ocurre con el peinado y las armas de Travis Bickle en Taxi Driver y el mundo de comiquitas en el que se desarrolla Pandillas de Nueva York. Por eso también el estudio de Méliès es una fábrica de sueños en Hugo, y ver cine es como soñar despierto.

Es el misterioso llamado del cine y lo que lo rodea lo que lleva a comenzar a amarse a Hugo e Isabelle, la ahijada de Méliès. También se expresa como cristiano Scorsese en esa concepción sublimada del amor que se manifiesta en la pasión por la aventura, como la de los caballeros de las novelas cortesanas dela Edad Media, y es también inspiración que conduce a la verdad sobre uno mismo través de la búsqueda del conocimiento de lo que se ama. Es lo que impulsa al jovencito a llevar a la chica a ver por primera vez una película, y de allí van los dos a la biblioteca, a leer sobre los comienzos del cine. En el camino resucitan a Méliès: le hacen descubrir a un investigador que no había muerto enla Primera GuerraMundial.

Hay en eso otra metáfora: es el amor del espectador el que realmente da vida a las películas. En caso contrario no son más que dispositivos que se mantienen funcionando porque se les da cuerda mecánicamente. Los fascinantes engranajes de los relojes de la estación de tren de Hugo, que parecen también ser los que hacen repetir su rutina diaria a los personajes de ese pequeño mundo, que se acercan unos a otros y se saludan cortésmente sin poder pasar de eso, expresan claramente la idea, que es también una reflexión acerca de la vida: las personas se descomponen o se atascan cuando no han encontrado o pierden el espíritu debe animarlas.

De esa manera también fija su posición el cineasta ante la transición tecnológica actual del cine. Scorsese le da la bienvenida a las innovaciones, y saca provecho del soporte digital y del 3D, pero a la vez recuerda que hace falta además un espectador que ame y conozca al cine para que el dispositivo tenga el espíritu que le da vida al arte. Por eso la película no sólo se propone instruir al público: busca seducirlo, en especial a los niños, para que sigan por sí mismo el camino de los personajes, y vayan de Hugo a Méliès, y de allí a otros tesoros que hoy están en Youtube y en DVD, no sólo en las cinematecas, y a la biblioteca después. Si corren con suerte, como Hugo Cabret, en el camino quizás encuentren a su Isabelle.

Otra cosa que pone de relieve Martin Scorsese sobre el cine en el filme es que la cultura en la que se inscribe no es la de una aristocracia. Walter Benjamin se sentiría como en casa en la estación de tren de Hugo, en la que el jazz gitano de Django Reinhardt le hace contrapunto a las locomotoras, mientras que el arte de vanguardia adorna las paredes, explotado por la publicidad, y todos los personajes viven entremezclados con el montón de gente que llega de viaje o parte hacia otro lugar. Si el relato es fiel a la historia real de Méliès, que terminó como vendedor de juguetes, luego de su quiebra como empresario cinematográfico, establecimientos como el suyo llamaban la atención del filósofo del Libro de los pasajes. Y como realizador Méliès tenía claro que el cine era un arte de feria, incluso más del pueblo que la magia que practicaba antes de conocer el invento de los hermanos Lumière.

El conocimiento que llama a buscar Hugo es una aventura que está al alcance de la gente común. Cualquiera pude ir de la sala de cine a la biblioteca, aunque no haya ido a una escuela de cine, y ni siquiera hay que ser un erudito como Scorsese para llegar a enamorarse del arte. Esa es una utopía muy estadounidense, que vincula al realizador con la generación beat. Lo que importa es la aventura de la búsqueda, no acumular un saber sin vida, aunque también hay un llamado a la disciplina, a no quedarse en la superficie que no trasciende el fan, sino a ser consecuente con el deber que impone el amor al cine y que es el llamado a conocerlo de verdad. Hugo Cabret es el Prometeo de los terminales de pasajeros de la modernidad: entra al cine sin pagar, y roba a la vez para comer y para completar las piezas que le permitan desentrañar el misterio del autómata. En el museo no sabían qué hacer con el aparato y lo mantenían alejado del alcance del público, como cosa peligrosa para esa cultura.

HUGO

Estados Unidos, 2011

Dirección: Martin Scorsese. Guión: John Logan, basado en el libro The Invention of Hugo Cabret de Brian Selznick. Producción: Martin Scorsese, Graham King, Johnny Depp, Tim Headington. Diseño de producción: Dante Ferretti. Efectos visuales: Robert Legato. Fotografía: Robert Richardson. Montaje: Thelma Schoonmaker. Montaje de sonido: Philip Stockton, Eugene Gearty. Música: Howard Shore. Elenco: Asa Butterfield (Hugo Cabret), Ben Kingsley (Georges Méliès), Sacha Baron Cohen (inspector de la estación), Choe Grace Moretz (Isabelle), Christopher Lee (señor Labisse), Jude Law (padre de Hugo). Duración: 126 minutos. Formato: D-Cinema 3D o35 mm, 1,85:1, color, sonido Dolby Digital, DTS o SDDS.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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Una respuesta a Hugo EL AMOR AL CINE, por Pablo Gamba

  1. ¡Bravo! Homenaje al cine a los cinéfilos. Un deleite de película.

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