11 de abril de 2002 DIEZ AÑOS DESPUÉS, por Alfonso Molina

Aún recuerdo la cara de Hugo Chávez en la pantalla aquella tarde sangrienta de abril. Hablaba en cadena nacional por el sistema nacional de radio y televisión. La única voz que los venezolanos podíamos oír era la que nos brindaba el caudillo. En la calle, más de un millón de ciudadanos marchaban desde la sede de PDVSA en Chuao hacia el Palacio de Miraflores para exigir la renuncia del Presidente de la República. Como recuerda la historia, esa tarde murieron 17 personas, víctimas de los francotiradores apostados en los edificios cercanos a Puente Llaguno, en El Silencio. La marcha pacífica de protesta devino en masacre. Lo peor de todo es que Chávez sabía lo que sucedía en los alrededores del palacio presidencial. Por eso encadenó los medios audiovisuales. Pero la noticia corrió de boca en boca. Según cuenta el líder sindical Carlos Ortega en un libro de pronta aparición, gracias a la idea de la periodista Marta Colomina y a la decisión del director de Globovisón Alberto Federico Ravell, el canal de noticias dividió la pantalla para mostrar lo que estaba pasando en la calle. El resto de los canales se sumaron. Y allí vimos la violencia desatada. Luego vendrían los aún turbios sucesos que protagonizaron el propio Chávez, el inspector general de la FAN Lucas Rincón, el empresario Pedro Carmona, el jefe de la 42ª Brigada de Infantería de Paracaidistas del Ejército Raúl Baduel y otros personajes de opereta. Eso es historia. No se puede cambiar. Diez años después, el hombre que fue depuesto y devuelto al poder por los militares en apenas 72 horas y que continuó impulsando su plan de destrucción nacional, es el mismo que le pide a Cristo que no se lo lleve porque aún tiene muchas cosas que hacer. El gobernante que se creyó omnipotente se topa hoy con la verdad de todos los seres humanos. El responsable de tantos desmanes contra los ciudadanos descubre sus flaquezas. Ahora invoca a Cristo como antes a los babalaos. Hasta los comentaristas de VTV se dedican ahora a hablar de religión. Realmente patético. Hay que tener dignidad para aceptar lo inevitable.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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