Bafici 2012 EL ENEMIGO MÍTICO, por Pablo Gamba

Policeman (Hashoter, 2011), dirigida por Nadav Lapid, se destaca entre las películas de la competencia internacional del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici), que termina el domingo. Es un thriller político de Israel en el cual el conflicto principal se da entre ciudadanos de esa nación, no con Palestina. Pero eso no significa que los palestinos estén ausentes. “Están presentes como lo están hoy en Israel”, dijo Lapid en la sesión de preguntas del público, después de la primera proyección. “Son el enemigo mítico; no necesitan ser reales”.

Es un filme sobre el enfrentamiento de una célula de revolucionarios de clase media con un comando antiterrorista de la policía, el cual interviene para poner fin a la toma como rehenes de dos poderosos empresarios, en una boda. La posibilidad de que tales grupos extremistas existan hoy en Israel es solamente imaginaria, según Lapid. Pero subraya que hay un problema que podría propiciar su formación: su país es la sociedad occidental con la brecha más amplia entre ricos y pobres, asegura.

Lo mejor de la película es la primera mitad, que describe la vida cotidiana de los integrantes del comando. Su brutalidad es puesta de manifiesto por las actividades del culto al músculo, la exhibición de las armas como signo de poder y, sobre todo, por la violencia del contacto físico entre los agentes. Ella es subrayada por los efectos de sonido que acompañan los fuertes golpes que continuamente se dan unos a otros como saludo, o cuando juegan como niños grandes con el pretexto de entrenar. No hay nada de caricaturesco ni de artificioso en ello, además. El mayor mérito de la cinta es haber logrado que esa forma de ser se exprese con total naturalidad.

No ocurre lo mismo con los terroristas, que tienen un aire artificioso. El problema se agrava en la última parte, cuando Policeman se revela como un filme de género y aparece la música, aunque esa caída encuentra compensación en el tono surrealista del secuestro. El final es abierto pero con moraleja. “Lo que más me asusta de Israel es que la gente no duda, y cree que no hay ningún problema”, dijo al respecto Lapid.

El Bafici es considerado un festival de riesgos al programar, y una prueba de ello es The Woman in the Sceptic Tank (Ang babae sa septic tank, 2011), opera prima filipina de Marlon Rivera. La realización tiene un nivel apenas superior al del trabajo de clase universitario o de cine amateur. Pero eso es congruente en un filme que puede ser visto como una expansión de las reflexiones del clásico Agarrando pueblo de Carlos Mayolo y Luis Ospina (1977) o como una burla de Slumdog Millionaire de Danny Boyle (2008). Los personajes principales son un productor, un director y una muchacha que visualiza algunas de las ideas que se les van ocurriendo. Los dos primeros se proponen hacer una película sobre una madre que vive en un barrio marginal y vende a su hijo. Su objetivo es llegar a los festivales y ganar el Oscar.

El gancho de la película está en el humor de la representación de los cambios en el guión. El filme imaginado va mutando al instante de acuerdo con las posibles alternativas de género cinematográfico, bien sea drama social, docuficción, musical o telenovela, y dependiendo también a las actrices que podrían interpretar el papel principal. Es también un filme con moraleja, que recurre a una cita de Slumdog Millionaire y le da vuelta. Pero el final de Agarrando pueblo es mucho más lúcido y más claro en su intención crítica, que en el caso de la cinta de Rivera es ambigua.

The Woman in the Septic Tank plantea una pregunta acerca de la corrección de la realización y lo que se llama lograr una película redonda que no está de más hacerse en el Bafici. Es el problema con The International Sign for Choking (Estados Unidos-Argentina, 2012), un filme sobre la incomunicación, como sugiere el título, y el problema para encontrar el lugar que a uno le corresponde en la vida. La cinta de Zach Weintraub –director, guionista e intérprete del papel principal– aprovecha una historia de personajes estadounidenses en Argentina para hacer juegos con el lenguaje. Son acompañados por conversaciones que se extienden más allá de lo lógico y que son cortadas bruscamente entonces, al igual que puede ocurrir con una canción o un rostro, de manera que no puede verse la expresión facial. También por el mutismo del personaje principal femenino, que tiene como inconveniente la dificultad la interpretación llena de muecas trilladas e innecesarias de la actriz Sophia Takal.

La historia del tipo que inventa un proyecto en Argentina para ir a buscar a una ex novia sirve de pretexto para crear un protagonista que, como los personajes de Stranger Than Paradise de Jim Jarmusch (1984), se comporta de una manera contraria a como se supone que debería hacerlo. Eso invita a participar al espectador. Pero filmes como The International Sign of Choking dejan un sabor de cosa vista, y eso es algo que se supone que no debería suceder en la selección del Bafici. Lo mismo ocurre con su indagación en el tema de la comunicación. “Captar lo que es desconocido y valioso, porque la brújula de lo ‘nuevo’ es siempre la que guía” es el objetivo del festival”, escribió Sergio Wolf, el director artístico, en el catálogo.

Solidez y originalidad se conjugan en cambio en Crazy & Thief del músico Cory McAbee (Estados Unidos, 2012), que compite en la sección Cine del Futuro. Es una joya de 52 minutos grabada en video HD en la que un niño, que apenas es más que un bebé, y su hermanita hacen un viaje, que llega a ser incluso de una ciudad a otra, guiados por un mapa de puntos dibujados que ellos imaginan que son estrellas.

Los padres nunca salen en la película ni se explica su ausencia, y los adultos encarnan figuras mitológicas como el cíclope y un gigante, no las que inventa la paranoia mediática sobre la pederastia. Tampoco hay cursilería: si toman el camino a “Belén” lo hacen por la creencia de que los reyes magos llevaron al niño Jesús una máquina del tiempo en forma de caja, en la que estaba Cristo crucificado. Es deliciosa la manera como se grabó la forma de desenvolverse de los niños, y las palabras del más pequeño, traducidas con subtítulos. Sólo por eso Crazy & Thief tiene una grandeza a la que todo cineasta con una cámara casera y buenas ideas puede aspirar.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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