Abril 30 DÍA INTERNACIONAL DEL JAZZ, por Alicia Freilich

Consagrado por la Unesco, en noviembre pasado, quienes organizan la celebración del primero, en estos días, definen al género como  “instrumento educativo y  fuerza de paz, de diálogo y cooperación entre los pueblos.” Bien  dicho y acatado.

Mucho antes lo descubrió y repitió durante medio siglo nuestro Jacques Braunstein en  su frase “Paz y Jazz” con la que cerraba sus emisiones radiales caraqueñas en El idioma del jazz.

A esta altura del programa vital, cuando un jazzófilo se pregunte por qué es en principio un irremediable melómano y maniático seguidor del jazz, incluso desde  cuando bailaba a Billo y soñaba romances con Aldemaro, las respuestas son diversas, discutibles y abiertas a la sabrosa conversa.

La respuesta más inmediata dice que mientras el nazismo aniquilaba al mundo civilizado y  las fuerzas aliadas lo liberaban, era el jazz, en su origen el canto religioso y laboral liberador del negro discriminado en Norteamérica la música que sonaba lo mismo en el cabaret y  salones de baile del continente agraviado y en  las calles del sur norteamericano. Su letra y música implican genéticamente justicia verdadera y  libertad solidaria porque también fue la primera institución popular antirracista, integracional y no legalizada que de hecho juntó a negros y blancos en arte, sentimiento, sensualidad y comprensión mutuos.

Muy simple y complejo a la vez. Mientras un grupo, orquesta o banda toca jazz, cada componente ejecutor expone su libre percepción del tema inicial, la disciplina básica se abre a fantasías individuales, pero al mismo tiempo cada uno de sus integrantes,  cuida y atiende al prójimo en un sabio esfuerzo por encajar lo distinto en un total armonioso y placentero. Es un acto  pacifista de amor y amistad plenos.

Segurito que a partir de ahora si la ONU obedece a su filial Unesco y utiliza el jazz como telón de fondo para  las duras discusiones entre adversarios irreconciliables y rencorosos , las soluciones sensatas llegarán más  fáciles y  rápidas.

Y  de repente… o  poco a poco….  en Venezuela se implementa un  urgente jazzeo para administrar la discordia furiosa  con el sabio perdonar  sin omitir la justa justicia. Bien jazzeado, con sus improvisaciones normales y de rigor, se puede estabilizar la dificilísima transición para festejar al fin un mínimo de  la bendita paz.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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