Memorias de un soldado GUERRERO SIN GLORIA, por Alfonso Molina

Una historia de amor en el marco de una guerra devastadora.

Las historias dentro de la Historia señalan sus hallazgos desde el olvido, donde moran los guerreros de un país portátil —como diría Adriano— que cambian de causa según se lo dicte la supervivencia. En 1895 Víctor Manuel Ovalles rescató la autobiografía de Braulio Fernández, un soldado que luchó en el bando patriota pero también en el realista en una guerra de Independencia marcada por la crueldad y la injusticia. Ese relato adquirió forma de libro en 1967 cuando los descendientes de Ovalles lo dieron a conocer como Alto a esa patria hasta nueva orden. En estos casos resulta imposible determinar qué pertenece a la realidad y qué a la ficción, pues la memoria es caprichosa, pero cuando esos recuerdos regresan a través del lenguaje cinematográfico la ficción deviene en una forma muy veraz de entender la realidad. Es lo que sucede con Memorias de un soldado, primer largometraje del venezolano Caupolicán Ovalles, biznieto del hombre que encontró aquella autobiografía, que explora las anécdotas de una época sangrienta que dejó un país arrasado y miles de seres humanos a la deriva. La vida de Braulio Fernández termina siendo el residuo de la batalla después de vivir una historia de amor condenada. Cine histórico y cine de guerra se articulan a lo largo de este cuento romántico sobre un guerrero sin gloria.

La idea medular que corre a lo largo de Memorias de un soldado consiste en el reconocimiento de las emociones de un ser humano como herramienta de sustento personal durante un periodo atroz. Lo importante para Ovalles no reside en  un supuesto patriotismo de Fernández, ni siquiera en su traición a la causa independentista. sino en su capacidad de sobrevivir con la ayuda del amor de una caraqueña que conspiraba contra la Corona española. De las filas de la nueva República se pasa a las tropas realistas e inevitablemente regresará al campo insurgente. El guión de Edgar Narvaez y el propio realizador prioriza la historia zigzagueante de Braulio, su amor incompleto, su lucha por llegar al día siguiente, sin dejar de contextualizar su relato en una época sacralizada por el academicismo.

Ambientada en los primeros años veinte del siglo pasado, cuando la guerra se encontraba en su etapa más decisiva y sangrienta, la película se nutre de las anécdotas paralelas a las batallas. Los amores tejidos entre Braulio y Lucía Machado conducen la línea argumental hasta un desenlace inevitable. Las tramas secundarias afloran como trasfondo y permiten que la supervivencia de este soldado marque el tono narrativo. Bolívar es apenas una referencia lejana, la batalla de Carabobo se presenta como una circunstancia crucial, las decisiones del bando independentista y del realista carecen de sentido patriótico. Los militares españoles defienden a su rey, como es su deber, las tropas venezolanas persiguen una quimera que a menudo se desdibuja, en una suerte de demencia. Se desarrolla un enfrentamiento por el poder, más que por la libertad o la patria. Se cruzan algunas tramas secundarias de corte folletinesco —el romance entre una esclava y un mantuano, el retorno de un criollo desde España para defender al Rey, la muerte como destino inevitable— articuladas al nervio central que marca Braulio. Pero el signo constante del film se ubica en la violencia, la muerte, la destrucción. Lo dicho: un país arrasado donde el amor es cercenado.

Ovalles logra crear un clima dramático que atrapa al espectador. Gracias a la fotografía de Vitelbo Vásquez, la dirección de arte de Rafael Straga y Marietta Perroni, el vestuario de Ana Grillet y el maquillaje de Stella Jacobs, bajo la producción de Beatriz Aranguren, el director pudo desarrollar un adecuada reconstrucción histórica, con un tratamiento verosímil que adquiere vigor con el montaje de Sergio Curiel y la música de Waldemar D’Lima. La ambientación de la Venezuela de entonces y la intensidad de las batallas constituyen los fundamentos de este tipo de cine de época. Producir una película con estas características evidencia un reto enorme que ha sabido sortear.

El mayor peso dramático de la historia recae sobre Erich Wilpret, quien elabora con tino el personaje de Braulio Fernández, mostrando su evolución desde su primera participación en la guerra hasta el desenlace de la Independencia. No es un héroe ni un estratega militar sino un simple soldado que busca sobrevivir, enamorado de una mujer que dejó atrás. Película tras película, Wildprett se ha convertido en el rostro de una generación de actores venezolanos. A su lado funciona con eficacia Marisa Román, en el papel de Lucía Machado, con una interpretación medida, precisa, justa, sin excesos. Luego viene un reparto de apoyo que cumple su cometido integrado por  Luciano D’Alessandro, Lance Dos Ramos. Armanda Key, Gustavo Camacho, Alberto Alifa, Asdrúbal Meléndez, Javier Vidal, Dimas González y Karl Hoffman.

Tras varios años de escritura guionística, de esforzada preproducción, de rodaje intenso y complicado y de posproducción muy cuidada, Ovalles logra estrenar su ópera prima, con todos los ingredientes para ser un éxito de público: una historia de amor, el trasfondo de la independencia, las escenas de batalla y acción y la intriga de sus personajes sentenciados desde el principio. Por lo pronto, reafirma una tendencia histórica en el cine venezolano.

MEMORIAS DE UN SOLDADO, Venezuela, 2012. Dirección: Caupolicán Ovalles. Guión: Edgar Narvaez y Caupolicán Ovalles. Producción: Beatriz Aranguren. Fotografía:  Vitelbo Vásquez. Montaje: Sergio Curiel. Música: Waldemar D’Lima. Arte: Rafael Straga y Marietta Perroni. Vestuario: Ana Grillet. Maquillaje: Stella Jacobs. Sonido: Carlos Bolívar. Efectos visuales: Álvaro Segura y Gabriel Paiva. Elenco: Erich Wildpret, Marisa Román, Luciano D’Alessandro, Lance Dos Ramos. Armanda Key, Gustavo Camacho, Alberto Alifa, Asdrúbal Meléndez, Javier Vidal, Dimas González y Karl Hoffman. Distribución: Cinematográfica Blancica.

Anuncios

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
Esta entrada fue publicada en Cine y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s