El drama de los empleados públicos HUMILLACIÓN REVOLUCIONARIA, por Gerver Torres

Julieta, una joven empleada pública, hija de un gran amigo, me fue contando con todos los pormenores que yo le demandaba, cómo es que la obligan a asistir a los actos políticos del gobierno y su partido. Era la primera vez que oía un testimonio directo, de primera mano, de alguien que ha padecido esa humillación. Hay incontables historias, unas más asombrosas que otras, sobre la forma cómo se está construyendo el socialismo del siglo XXI.

En oportunidades, algunas de esas historias nos parecen exageraciones, leyendas urbanas, hasta que alguien nos las relata como una experiencia personal vivida. Entonces, esas historias adquieren toda veracidad; se adueñan de nuestras cabezas y por días persiguen y torturan incansablemente nuestros pensamientos. Pero Julieta, explícame por favor con más detalles ¿cómo se lo piden?, le insistía yo. ¿Se lo dicen a cada uno de los empleados por separado, silenciosamente, con algún asomo de vergüenza?

Quería conocer lo más mínimo de cómo lo hacen, porque habiendo sido yo funcionario público con gente bajo mi dirección, me cuesta mucho trabajo imaginarme cómo se hace algo así, me cuesta imaginarme cómo un gerente se dirige a sus empleados para ordenarles que participen de actos políticos, sin importarle si éstos contradicen sus convicciones y principios personales. Ella me revela: nos lo ordenan sin ninguna finura, sin preocupación, sin delicadezas.

Nos reúnen y nos hablan a todo el grupo a la vez; nos dicen, nos recuerdan, que estamos obligados a apoyar la revolución, al proceso, al comandante presidente. Nos entregan un combo con franelas y gorras rojas; nos indican un punto de partida y uno de llegada, a donde debemos reportarnos todos para asegurarse de que hemos ido al evento. Nos dan una comida también.

Le sigo haciendo muchas otras preguntas, sobre el perfil del jefe que ordena, la actitud de los empleados, el nivel de cumplimiento de la orden, las consecuencias para quienes no la cumplen, y otras más. Entonces, poco a poco se va revelando cómo es que el socialismo del siglo XXI, antes de terminar de construirse, ya se está derrumbando. Ella me explica: uno empleados se enferman o encuentran motivos muy justificados para no reportarse ese día; sobre todo aquellos que han tejido buenas relaciones con el jefe. Muchos otros de los que asisten, se retiran rápidamente del evento, apenas pueden hacerlo. Vamos, nos dejamos ver y desaparecemos. Eso fue lo que pasó, por ejemplo, el día de la inscripción en el CNE del Presidente.

Para el momento que él empezó a hablar ya se había retirado mucha gente y continuó yéndose mientras lo hacía. Es simplemente el ingenio humano –en su versión venezolana- buscando escapar de las imposiciones y arbitrariedades. Sigue Julieta contándome. De las veinte personas que trabajamos en mi departamento, solamente dos van y participan de corazón en esos eventos. El resto estamos viendo siempre cómo los evadimos. Ya para terminar la conversación, le pregunto en frecuencia de complicidad: ¿será ese jefe que te obliga a marchar, el hombre nuevo de la revolución?

¿Será la humillación que te quieren imponer el modelo de dignidad revolucionaria a construir? Sonríe con aire de tranquilidad, como diciendo, no te preocupes, no nos tienen. Ya de vuelta a casa pienso que Henrique Capriles debe reiterarles una y otra vez a los dos millones y tanto de empleados públicos venezolanos, que su honorabilidad no será jamás pisoteada, que serán siempre libres de marchar y luchar por la causa que quieran, siempre y cuando lo hagan además, fuera de sus horas de trabajo, que le pertenecen al país. Que nos sentiremos orgullosos y celebraremos la pluralidad de ideas y de pensamiento entre nosotros.

Que celebraremos la libertad. Más que una oferta de Henrique Capriles, ésta debería ser una promesa que nos hagamos todos los venezolanos a nosotros mismos. Nos lo debemos.

gerver@liderazgoyvision.org

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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