Mientras duermes MALDAD AJENA Y PROPIA, por Pablo Gamba

Hay que tomar más en serio en Venezuela a Jaume Balagueró, un realizador que ha ganado ocho premios en el festival de cine fantástico de Sitges. Mientras duermes (2011), escrita por Alberto Marini, es una pieza a la altura de la primera Rec (2007), que Balagueró codirigió con Paco Plaza, y de La séptima víctima (Darkness, 2002), aunque quizás no de sus cortos inspirados en David Cronenberg Alicia (1994) y Días sin luz (1995). Se trata de un clásico cine de género dirigido al público adulto, como lo indica la edad de los personajes, y que afronta el reto de no aburrir a los que conocen las obras maestras del terror y del suspenso.

El principal logro de Mientras duermes es la identificación del espectador con un protagonista que es pariente del Norman Bates de Psicosis (Psycho, 1960), incluso en lo que respecta a la relación con su madre, pero en el que la línea divisoria entre la normalidad y la locura es aún más borrosa que en el filme de Hitchcock. Eso lo convierte en un personaje a través del cual se expresa mejor el temor paranoico al psicópata: el monstruo que puede ser cualquier vecino, no una criatura surgida en un laboratorio o venida de Transilvania.

César, que encontró en Luis Tosar un intérprete ideal, es el recientemente contratado portero de un edificio –algo así como un conserje en Venezuela–, quien se muestra como una persona agradable y atenta para con los vecinos. Pero en realidad es un acosador que se introduce secretamente en el apartamento de Clara (Marta Etura). Ella es una mujer como la Marion Crane de Psicosis: posee una belleza que, sin ser de otro mundo, podría hacer que cualquiera se voltee al verla pasar por la calle. Lo más seductor de Clara es su frescura y la actitud juvenil que mantiene ante la vida, a pesar de que ya no es una muchacha.

Una forma de narrar característica del género, que con sus escamoteos llama a adivinar la razón de ser de varios detalles de la manera de actuar de César, es un elemento que invita a que el espectador se ponga en los zapatos del protagonista, a pesar de que es un psicópata. Pero los más decisivos son, además de las características comunes y corrientes del portero, los inevitables imprevistos cómicos que perturban los planes que considera perfectos y el suspenso cuando trata de evitar ser descubierto por quienes andan por el apartamento. La cámara pone al público del lado de César cuando adopta su punto de vista al seguirlo en su intento de llegar a la puerta, en una secuencia que no podía faltar en una película como esta.

Esa identificación resulta problemática por la cantidad de abusos que va cometiendo el personaje contra su víctima indefensa. Si bien la crueldad del protagonista no llega a los extremos rocambolescos de Eli Roth (Hostel, 2005; Hostel 2, 2007), ni tampoco de Los sin nombre (1999), el primer largometraje de Balagueró, es por eso que resulta más inquietante. El sádico, por su manera de actuar, también podría ser una persona como cualquiera que inesperadamente se cruce en la vida de una mujer común y corriente, no una banda de traficantes de placeres siniestros de leyenda urbana que tenga su guarida en Eslovaquia.

El sadismo de Mientras duermes implica una mayor cuota de responsabilidad del público en la medida en que la identificación con César pueda hacer borroso lo monstruoso que hay en su comportamiento cruel y misógino. El componente sexual de los abusos, además, apunta especialmente hacia el erotismo que es característico del cine, puesto que a la sala también se acude por la belleza de las actrices, siempre a la espera de verlas desnudas aunque sea por un instante. ¿Acaso no se manifiesta entonces, al disfrutar una película como esta, un secreto deseo de poseer y maltratar a una mujer como Clara? La xenofobia abierta que se percibe en el fastidioso vecino argentino del 4° B, que también está presente en los personajes extranjeros de Rec y que en este caso está vinculada al resentimiento de los trabajadores hacia los patrones que abusan, es otro indicio de que los filmes de Jaume Balagueró, aunque sólo parezcan ser cine sobre el cine, están cruzados por otras oscuras corrientes psicológicas y sociales. También tratan de hacer que el espectador se confronte con su propia maldad.

MIENTRAS DUERMES

España, 2011

Dirección: Jaume Balagueró. Guión: Alberto Marini. Producción: Julio Fernández. Diseño de producción: Javier Alvariño. Fotografía: Pablo Rosso. Montaje: Guillermo de la Cal. Sonido: Oriol Tarragó. Música: Lucas Vidal. Elenco: Luis Tosar (César), Marta Etura (Clara), Iris Almeida (Úrsula), Alberto San Juan (Marcos), Carlos Lasarte (vecino del 4° B). Duración: 102 minutos. Formato: rodado en Super 35 mm con intermedio digital, exhibido en 35 mm anamórfico o D-Cinema, 2,35:1, color.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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