El silencio cómplice ¿QUIÉN ES NAZI HOY?, por Alicia Freilich

Para ser nacionalsocialista no es necesario llevar una esvástica, basta cumplir esta normativa consagrada antes, durante y sobre todo luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando el nazi convicto se vio obligado a esconder su esencia y presencia. Esa posguerra dio paso a falsas democracias y sanguinarias dictaduras electas. Sus señas son múltiples: Legisla con el lema “Mi patria o muerte por sobre todo lo demás”, premisa gritada o en mudo reposo.

Permanece en silencio cómplice mientras aniquilan, encarcelan y vejan a los civiles disidentes contra tiranías que los aplastan o masacran en Irán, Libia, Siria, Corea del Norte, Cuba y todo país donde se desconocen los elementales derechos humanos.

Invade espacios públicos y recintos privados aplicando las leyes autoritarias del más fuerte porque asusta y somete a la población mediante armas de guerra.

Reprime directamente o con trampas cualquier expresión de duda y cuestionamiento a sus ideas y deseos.

Discrimina en dos bandos, patriotas los que le obedecen, traidores el resto.

Elogia y premia gobernantes asesinos con dignas medallas y otros símbolos que honran a los próceres libertadores y fundadores de la nación.

Exige que los intelectuales y artistas subsidiados por su régimen rindan homenaje profesional y notorio a invitados dictadores de criminalidad comprobada.

Manipula símbolos patrios vistiéndose constantemente de bandera nacional sin o con uniformes militares aplicando el principio de Yo soy el Estado, el Gobierno, el rey.

Esclaviza a los componentes y funcionarios de los poderes judicial, legislativo, estadal, municipal y electoral con los clichés militaristas de una organización política que funda y dirige sin consulta ni consenso en versión renovada del clásico y fundacional modelo Partido Nacionalsocialista Alemán hitleriano.

Exige sumisión absoluta a los militantes y simpatizantes de su partido, tren ministerial y empleados públicos bajo amenaza de expulsión y otras formas de castigo.

Pasa lista a la entrada y salida de las concentraciones y marchas gobiernistas.

Mancilla con palabras y títulos del vocabulario religioso popular para comprar la buena fe y complicidad de su masa dependiente, los más necesitados de la sociedad.

Destruye bibliotecas, centros culturales, templos y vestigios arquitectónicos para suplantarlos por mausoleos personalistas que exaltan el culto a la fuerza bruta.

Altera a capricho, sin pruebas ni vergüenza, correcciones ni disculpas, cifras de referencia en materia económica, financiera, educativa, de censo nacional y encuestas electoreras.

Ofende a la persona, familia y allegados de sus opositores con adjetivos y descalificaciones conceptuales y callejeros de baja ralea.

Patea sin misericordia ni descanso a los sindicatos y trabajadores que no son oficialistas.

Disfraza su paranoia estructural con actuaciones histriónicas de expresión polarizada, risa con llanto, sonrisa con rabia, carcajada con puño levantado.

Reza en pantalla por su propia vida mientras silencia los asesinatos masivos y diarios por hampones.

Sacraliza malsanos campos de concentración urbana para los albergados carentes de vivienda y otros derechos.

Extermina lentamente en prisiones de dos por dos, sin sol, aire puro ni servicio médico a los opositores condenados y sin defensa.

Acuerda, como si fueran sus compinches, con gerentes activos del hampa común y los transforma en solidarios héroes sociopolíticos.

Humilla hasta la médula a ese pueblo que dice amar, cuando con las manos repletas de riqueza nacional proveniente del país vendido, compra arsenales bélicos y lo predispone para una guerra fratricida.

El nazifascista odia, segrega, divide, excluye, ofende, persigue, tortura y busca eliminar a quien hace todo lo contrario.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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