Ante la violencia LOS VOTOS ESQUIVAN BALAS, por Naky Soto

El traslado debió servir de premonición. Viajamos en tren hasta el pueblo. El IFE es un sistema eficiente, manejado por gente ineficaz. Una campaña digna de comercial de calzado venezolano, habla de usuarios pilas porque hacen las cosas bien, pero el andén para abordar los vagones, es un caos donde impera la violencia animal, la ley del más fuerte: empuja, arrolla, coléate, grita, reta y si logras entrar, entonces viaja. Tuvimos que esperar 40 minutos para abordar un tren. Lo más sorprendente fue la risa de los agresores una vez cumplida su misión de asalto.

Y viajamos en tren porque la noche del viernes, la Alcaldía de Charallave ordenó colocar un par de tarimas en ambos extremos del pueblo, colapsando así, las entradas y salidas, ir en carro era una locura.

Pero la enajenación nos la conseguimos al bajarnos en la estación Charallave Sur. Yo llevaba mi gorra tricolor, y en la ruta me topé con todo tipo de miradas, la mayoría de asombro o solapada solidaridad. Cruzando la calle pasó delante de nosotros un grupo de unos 40 motorizados, la mayoría con sus rostros cubiertos con lentes de sol y pañuelos rojos. Actuaban en manada, hacían caballitos, aceleraban, intercambiaban gritos. Venían de su vuelta de reconocimiento, ellos, los gendarmes de la violencia de Estado.

Esto no es una democracia

Doris echa su cuento con los ojos arrasados de lágrimas. No está triste, está indignada. Una cosa es que el pésimo manejo del país te impida conseguir un litro de leche o aceite con regularidad, pero que no puedas asistir a una concentración con tu candidato excede la resignación con la que hemos aceptado nuestro declive.

Esta no es la acción de un grupo convencido de su enorme ventaja electoral. 30 puntos de diferencia no necesitan espantar el apoyo de los otros. 30 puntos de ventaja son la certeza de la victoria, la diferencia que no puede ser cubierta, el andamio de la gloria.

En la concentración había gente de todas las edades. Las botellas y los tiros causaron menos desmanes que su propia acción descoordinada, que terminó con más heridos en las filas de los agresores que de los agredidos.

Ahora voto con más razón

Esta frase la escuché varias veces. Porque el miedo controlado dista mucho de esta salvajada cometida en Charallave. No fue una amenaza, fue una agresión a varias escalas. Cualquiera que hubiese tenido una emergencia en el pueblo, tendría que haberla resuelto allí, porque no había forma de entrar o salir sin pasar por los filtros colocados por el alcohólico Alcalde. Porque los motorizados de rostros cubiertos, incluían policías locales, cuyas facciones son reconocidas por todos los que hacen vida con ellos, entre ellos, y verles en el rol de aquellos a los que debieran reprimir, suma descrédito y desconfianza a los días por venir. Porque los policías que permanecieron uniformados, no tuvieron el acierto de jugar a la vieja fórmula de buenos y malos, si no que sirvieron de resguardo a los violentos. Finalmente, porque los violentos, militen o no en el Psuv, acaban de brindarles razones más poderosas a cualquier indeciso en el Tuy para apoyar a Capriles.

La victoria

Hasta para atemorizar hace falta talento. Una de las desventajas más dolorosas de nuestra violencia cotidiana, es la readaptación que hemos logrado de nuestra propia ponderación de la intimidación. Cuando la gente que ha hecho legalmente su cola para abordar el tren, y ha visto su derecho vulnerado de manera consecutiva, decide optar por la ruta de los impetuosos, recrea el sistema y desestima la norma en adelante. Para todo. Por eso comen dentro de las instalaciones, montan los pies en los asientos, empujan cuando no es necesario, ríen como cómplices de los agresores más destacados: si le simpatizo no me asaltará a mí.

Pero el motorizado no estará al lado de la máquina de votación. El Alcalde no podrá colocar un camión de basura en cada centro electoral de Charallave. El malandro muy probablemente no será miembro de mesa o testigo electoral. Esta contienda se va a decidir en votos, ganará el imperativo civil, e independientemente de los resultados, ningún tiro será más poderoso que un voto.

Si escala la violencia, escala el furor, la convicción de no apoyar a quienes la producen, porque irremisiblemente estarás en su zona de ataque. Es probable que la muchacha que iba de parrillera de uno de los asaltantes, a quien lamentablemente tras la caída, otra moto le pasó por encima, no haya sobrevivido al impacto. ¿Creerá su familia que esa acción valió la pena? Muchos de los dispersos en Charallave lograron llegar a Cúa, y ver y escuchar a su candidato.

Henrique ya ganó en Miranda.

Acaban de sellar su victoria irrevocable en Charallave.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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