Agentes secretos LA PRISA POR CONTAR, por Héctor Concari

Cuando el cine se volvió sexagenario, le dio por reflexionar sobre sí mismo, y mas especialmente sobre los géneros. Probablemente porque los directores habían cambiado su perfil. Ya no eran los artesanos que habían visto crecer la industria y la habían transformado, a golpe de intuición y talento, sino los cinéfilos que desde la sala oscura siguieron de cerca ese proceso y, deslumbrados por el mismo, buscaban imitarlo. Eran los rupturales años sesenta y la Nouvelle Vague francesa, pero también el Free Cinema inglés, o un poco más tarde la renovación americana buscaban poner vino nuevo en los viejos odres. Lo lograron por supuesto, pero en ese proceso el cine dejó de ser el que era, y los géneros borraron sus límites, los directores se regodearon en desnudar y explicitar las convenciones y la libertad tomó posesión de la sala. Un agravante fue el de la prisa, porque con los años el cine se tornó presuroso, un proceso que el videoclip agravaría en las tres últimas décadas. Pero además el cine siguió siendo en lo sustancial una industria, y como tal se aprovechó de las nuevas convenciones para rejuvenecerse. Esta Haywire es un ejemplo de lo confuso que puede llegar a ser el cine actual, lo cual en absoluto le resta atractivos.

Su nombre mismo alude a la locura, lo errático o lo fuera de tono y electrizante del asunto. Está dirigida por uno de los directores más prolíficos y versátiles del cine contemporáneo, alguien que puede saltar de un drama intimista que en su momento le dio notoriedad (Sexo mentiras y video), a una seudo biografía de Kafka, para luego saltar al policial, la comedia, y la innecesaria remake de la serie Ocean eleven con sus insufribles secuelas. Para no hablar de la hollywoodizacion del Che Guevara. Porque además de prolífico Soderbergh es un tipo inteligente, con buen ojo para la acción y un aire frívolo y suficiente con el que puede despachar cualquier empresa, con tal de que sea rápida. Aquí la emprende con el género del espionaje y sus duplicidades.

Una contratista como se denomina ahora a los mercenarios, hace un trabajito en Barcelona y es traicionada por su jefe en una segunda tarea en Dublin. A partir de ahí buscará una venganza trepidante y vertiginosa, para borrar con la rapidez, los huecos de la trama y en el camino, volverá donde su padre y secuestrará a alguien que pasa por allí. El film está contado en su primera parte en un flashback, que no tiene más mérito que complicar una historia que, en principio es bastante sencillota. Se ve con agrado, probablemente porque el director mezcla elegancia con desparpajo, dejando ver que en todo momento conoce las convenciones del genero (la sombra de Intriga Internacional, el clásico de Hitchcock, planea por toda la película) y busca refregárselas en la cara al espectador. Todo tiene un vértigo propio, una forma muy libre de hilar secuencias una tras otra, con libertad singular, como si la lógica se hubiera ido de paseo y lo que quedara es una serie de celebridades (en las cuales se debe haber ido buena parte de los 47 millones que costó) que juegan a ser buenos, malos, o malos con malas intenciones que se disfrazan de buenos. Pero todo tiene la consistencia de una broma entre amigos, algo así como un chiste que costó unos milloncejos y dio una excusa para que unas estrellas se juntaran con un director que la va de independiente, para echar un cuentito divertido y hacernos saber lo mucho que saben de cine y lo rápido que pueden contar una anécdota.

Como quien dice un juego de niños para  Soderbergh, jugar con esta cruza de Nikita con James Bond de juguete, después de haber transformado al guerrillero heroico en un Erroll Flynn del Caribe.

AGENTES SECRETOS (Haywire). EEUU, 2011. Director: Steven Soderbergh. Con Gina Carano, Ewan Mc Gregor, Michael Fassbender, Antonio Banderas, Michael Douglas.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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