Ciertas reglas de etiqueta LO QUE ELLAS DEBEN SABER EN UNA CITA DE AMOR EN LA MESA, por Ángela Oráa

Corría el año de María Castaña cuando una conquista me invitó a un autocine donde ordenó, en una taguara de higiene dudosa, una pizza horrorienta y grasienta, la cual rehusé probar. Él, no satisfecho con ingerir una entera, pidió otra y al beberse su refresco, a postas, disfrutó de ese ruidito profano de hielo remanente en el vaso, que a mis oidos sonó a crujido de pizarrón, cuando la tiza se vuelve tocón. Desde luego, borré de mi memoria su nombre para siempre.

Una primera cita está colmada de expectativas. Acto ritual por excelencia es salir a comer. La mesa convertida en idílico escenario, se presentan credenciales y exhiben charreteras. La manera de comportarse y los modales se convierten en reveladora radiografía. Veamos algunos tips para no meter la pata.

No sea salsa de tomate

Cónchale, cinco minuticos son un margen de error aceptable para esperar al objeto del deseo, pero que lo deje cual centinela media hora en la puerta o salón de su casa, eso le va a quitar puntos; más si está solo aguardando en el sitio de encuentro.

La vestimenta ni “tan tan” o “nada que ver”.

Hay hombres que invitan sin preguntar adónde. Indagar el atuendo apropiado es oportuno para no pecar de look excesivamente vistozo como el de Mimi Lazo -hasta cuando va a la panadería- o de informalidad que desentone, por más que cargue puesto bluyines de 250 dólares o una pinta hippie chic de la marca Rapsodia.

¿Qué ordenar?

Nunca pida lo más caro del menú, a menos que él sugiera langosta, caviar o foie gras. Igualito aplica al vino. Una vez, me contó, Mariela Celis que ordenó Brunello di Montalcino -porque le sonó rico- en un restaurant, gracia por la que el pretendiente pagó millón y medio de bolívares.

Chat cero, twitter cero

Un antídoto a la lujuria es colocar el celular a un ladito del plato para recibir o hacer llamadas, mandar pines y mensajitos de texto. Solo es aceptable si Ud. es ginecobstetra o trabaja en una misión antisecuestro. La peor de las rayas es cuando responde para decir: “no te puedo atender ahorita”.

Pagar o no pagar…

A menos que él esté pelandini y Ud. ‘mucho con demasiado’ entusiasmada, se acepta que vayan a medias. Si hace el amago de dividir la cuenta, sépalo, no habrá vuelta atrás. De ahora en adelante, será siempre así, sobre todo si el beau es tacaño.

Dárselas de “fisna”.

Si nunca ha comido curry, magret de pato, ancas de rana, cordero a la menta o steak tartare, no invente. No es el momento indicado para sacar a relucir el paladar cosmopolita que no tiene. Tampoco se ponga necia y pida consomé o una magra ensalada, espetando que está a dieta. !Ah! recuerde domesticar el dedito meñique para que no se pongan tiesos mirando el techo cuando manipule los cubiertos, ni jamás señale a la otra persona empuñando el cuchillo o el tenedor.

Temas vedados

Guerras santas y no tan santas provoca la religión y enconados humores enciende la politica. Evite hablar de eso como de enfermedades y tragedias personales. !Eso es pavoso!. Si fuese el caso que la comida no le gustó, chito, no diga nada. Pero si es alérgica al pescado o al queso crema y él insiste en que coma algo de eso, dígaselo, so pena de terminar en una sala de emergencia por gafa.

Mostrar, mas no en demasía

Enseñe, ma non tropo. Siliconas a la vista con revelador escote pondrá nervioso a quien tiene enfrente. Aunque hay hombres que aman la voluptuosidad de una Diosa Canales, es mejor que dejé la pechuga para ser engullida en un plato si lo que busca es una relación de largo aliento. Tampoco se ponga mucho perfume, mucho make up, muchos accesorios y muchas extensiones. Menos es más.

El “del estribo”

Aperitivo, vino para acompañar la comida, más pousse café, puede que la mezcla se convierta en bomba atómica. Tome con prudencia y poquito a poco. No se le vaya a poner la lengua estropajoza y pagar caro la aspirina con remordimiento del día siguiente. Evite las bebidas con alto grado alcohóllico como tequila, cocuy o grappa.

!Suerte!

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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