Amigos para siempre EL RECONOCIMIENTO DEL OTRO, por Alfonso Molina

Dos hombres, dos mundos, dos visiones.

Un viejo dicho reza que si el progreso no va a los espacios de la pobreza, es inevitable que la pobreza vaya a ocupar los espacios del progreso. El drama de la inmigración ilegal en Francia, Italia, España y otros países europeos —hoy en crisis económica— ha acentuado aún más la brecha que separa la riqueza de la miseria. Inmigrantes de África, América Latina y algunas antiguas naciones de la órbita soviética constituyen un problema social que, entre otras cosas, ha producido sus manifestaciones culturales. La película francesa más taquillera del año pasado —veinte millones de boletos vendidos y ciento veinte  millones de euros recaudados solo en su mercado original— rescata una vieja tradición de comedia dramática fundamentada en la identificación de una historia inesperada pero creíble en el marco de problemas fácilmente reconocibles por el espectador. Tras un accidente que lo deja parapléjico y en silla de ruedas, un rico parisiense de tercera edad contrata como cuidador personal a un joven pillo de origen africano que ha salido de prisión y vive en un barrio marginal. No pueden ser más diferentes: el aristócrata blanco, enfermo y sin esperanza de recobrar una vida gratificadora se ubica frente al excluido  negro y sano pero sin oportunidad de construir una existencia digna. Progreso y pobreza frente a frente. Tal es el punto de partida de Intocables, conocida en nuestro mercado como Amigos para siempre, una historia real reconstruida por los realizadores Eric Toledano y Olivier Nakache que ha puesto a reír al mundo.

La clave de su éxito hay que buscarla en el eficiente desarrollo dramático de un guión sin lugares comunes firmado por ambos cineastas, en el minucioso dibujo de sus personajes principales y en las magníficas interpretaciones de François Cluzet y Omar Sy, como Philippe y Driss, quienes saben dosificar la tristeza y la alegría, la ironía y la desesperación, para expresar la dimensión de una amistad entre hombres de condición social y cultural muy diferentes. Uno y otro poseen sus propios dramas pero ninguno puede resolverlos solos. Se trata de un hallazgo que realiza cada uno a medida en que la trama avanza sorteando caminos equívocos para superar los clichés. Juntos van a intercambiar la delicadeza secular y muy europea de Vivaldi con la vitalidad urbana, trasgresora y afroamericana de Earth, Wind & Fire. El argot de los barrios de negros y árabes pobres y la dicción elegante de las mejores zonas de la ciudad alternan como expresión fonética de dos existencias separadas, a menudo antagónicas, de una Europa en crisis. Dos mundos chocan pero tienen que entenderse mutuamente, lo cual genera una amistad absurda, cómica e inesperada que los hace intocables ante el mundo exterior. Lo que tienen en común es la necesidad de superar el estado de sus vidas. Driss está consciente de su pequeña hija y de un amor del pasado en el barrio marginal. Philippe mantiene sus vínculos con una clase social privilegiada que lo ignora en su intimidad. Pero uno y otro cambian.

El tema que subyace —más allá de una anécdota extremadamente divertida— se manifiesta a través de la necesaria alianza entre seres humanos diferentes en situaciones extremas. Entre ambos personajes se define un acuerdo vital, cotidiano e imperativo. Toledano y Nakache crean y desarrollan situaciones cómicas pero mantienen el tono de un drama contemporáneo, tal como lo han hecho en sus anteriores comedias Tellement proches (2009) y Nos jours heureux (2006), nunca estrenadas en nuestros predios. En el caso de Intouchables (2011), la historia triunfa por la naturalidad de su discurso. Los cineastas consiguen emocionar sin incurrir en las lágrimas forzadas por el dolor del rico atado a la silla de ruedas ni por la crítica situación social del inmigrante negro de barriada marginal. En cambio arrancan carcajadas a partir de la esencia humana de cada uno, la que les permite superar barreras y mirar más allá.

AMIGOS PARA SIEMPRE (Intouchables), Francia, 2011. Dirección y guion: Eric Toledano y Olivier Nakache. Producción: Nicolas Duval-Adassovsky, Laurent Zeitoun y Yann Zenou. Fotografía: Mathieu Vadepied. Montaje: Dorian Rigal-Ansous. Vestuario: Isabelle Pannetier. Música: Ludovico Einaudi. Elenco: François Cluzet, Omar Sy, Audrey Fleurot, Anne Le Ny, Clotilde Mollet, Alba Gaïa Bellugi, Cyril Mendy, Christian Ameri. Distribución: Cines Unidos.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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