NEOLIBERALISMO, CHAVISMO Y SENTIDO COMÚN, por Trino Márquez

El chavismo desarrolló una extravagante teoría económica: todas las políticas económicas recomendadas por el sentido común, la sensatez y la experiencia internacional son neoliberales, en consecuencia, dañinas para el pueblo. En cambio, resultan beneficiosos todos los disparates comunistas, que han demostrado a lo largo de la historia provocar estragos en los países donde se han aplicado.

De acuerdo con el oficialismo, el programa económico del candidato de la unidad es “neoliberal”, con lo cual demuestran que no tienen idea de lo que tal calificativo significa. Según esta torpe visión, esas líneas encarnan el demonio y trazan la ruta del retorno y la revancha de la burguesía. La ignorancia y el dogmatismo, generalmente en yunta indisoluble, se combinan en dosis equivalentes.

Lo que plantea el programa unitario es de lo más juicioso. Las medidas las sugiere la propia constatación del desastre que se observa: recuperar los equilibrios macroeconómicos, resguardar la autonomía del Banco Central para impedir la emisión de dinero inorgánico, sanear las finanzas públicas —empezando por las empresas del Estado— rescatar PDVSA, reestructurar —hasta donde sea posible— las empresas de Guayana, instrumentar un audaz plan de empleo productivo, disminuir la inflación apalancándose en el incremento de la competencia, la producción y la productividad, desmontar progresivamente el amplio y rígido sistema de controles diseñado por el régimen, aplicar políticas de inclusión social universales con el fin de distribuir la riqueza producida, y no solo los ingresos petroleros, invertir en la formación de capital humano —especialmente educación, salud, ciencia y tecnología—, elaborar presupuestos nacionales equilibrados con el objetivo de evitar el déficit fiscal, establecer una alianza estrecha con el sector privado nacional y foráneo, respetar los derechos de propiedad y establecer un Estado de Derecho que evite la discrecionalidad y los sobresaltos de los inversionistas, retornar a sus legítimos dueños los bienes expropiados —luego de los trámites pertinentes—, multiplicar la inversión en infraestructura.

Iniciativas obvias como estas —instrumentadas con enorme éxito en numerosas naciones— son descalificadas y satanizadas como “neoliberales” por la ignorancia y la sandez del chavismo. Una de las razones por las cuales la mayoría de los países de América Latina no han sido arrastrados por la crisis que estremece a Europa reside, precisamente, en que aplicaron ese tipo de medidas desde hace más de dos décadas. Construyeron una plataforma que permitió un crecimiento sano de la economía, con inclusión y equidad social.

La propuesta chavista aparece en la contraportada: más estatización, más ataques a la propiedad privada, más expropiaciones, confiscaciones y despojo de los activos del país para trasladarlos a manos de la burocracia indolente, inepta y corrupta que arruinó a la nación, mayores controles de todo tipo, inflación más acelerada y más desempleo e informalidad. Persistir con el clima hostil hacia los inversionistas nacionales y extranjeros, y continuar envileciendo a PDVSA y al complejo de Guayana.

La oferta del teniente coronel se resume en incrementar en escala ampliada la teoría y la práctica del comunismo del siglo XXI: intervencionismo, planificación central, lucha de clases, confrontación entre el capital y el trabajo, discrecionalidad y abuso de los funcionarios, leyes arbitrarias. Chávez promete perseverar en el error, subrayar los factores que han impedido que Venezuela aproveche la inmensa riqueza que el petróleo le proporcionó al país en los últimos catorce años. Ofrece continuar por el derrotero que Cuba emprendió a comienzo de los años 60, y que la condujo a la debacle.

El 7-0 se enfrentarán el sentido común del progresismo y la irresponsabilidad dogmática del comunismo. Será la confrontación entre una manera realista y pragmática de entender el funcionamiento de la economía en el mundo globalizado e interdependiente actual, y una visión anacrónica, perjudicial, anclada en el pensamiento de Marx, Lenin, Stalin, Mao y Castro. Para comprender lo que esto significa, vasta recordar lo ocurrido en la Rusia soviética, en la China anterior a las reformas de Deng Xiao Ping, y lo que sucede en la isla antillana, arruinada a pesar del subsidio que Chávez le proporciona.

De nuevo el chavismo demuestra que el sentido común en ellos es el menos común de los sentidos. El 7-0, frente a la demencia, comunista, los venezolanos optaremos por la cordura progresista. ¡Hay un camino!

@tmarquezc

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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