Piense un poco POR FAVOR, NO INVENTE, por Silvia Dioverti

A menos, claro está, que usted sea un Franklin, un Graham Bell o uno de esos chinos anónimos que inventaron la pólvora, el papel, la imprenta —sin olvidar el cepillo de dientes y la porcelana, entre otras menudencias— y que, más recientemente, también descubrieron cómo exportar algunos miles de trabajadores (de esos que allá sobran) a países con un alto número de trabajadores locales sin trabajo. Recuerde que incluso un gran inventor tiene una base, una intuición bien fundada; inventa, sí, pero después de haber pasado años investigando —salvo intervención divina, por supuesto—, porque hasta para sacar conclusiones de la caída de un manzana se necesita cierto conocimiento previo.

No invente lo que no sabe, no saque conclusiones apresuradas, no crea lo que su miedo le cuenta, no eche a rodar lo que su imaginación le sugiere, no inunde las redes sociales y, sobre todo, cuídese de los rumores bumerán, esos que se vuelven contra quien los lanza, pero tan acrecentados, tan distorsionados, que quien los creó ni siquiera se reconoce como autor y vuelve a echarlos a rodar, y así hasta el cuento de nunca acabar.  Sepa también, antes de lanzarse alegremente en la propagación de un rumor, que muchos de ellos provienen de laboratorios creados ad hoc y que son eficacísimos a la hora de sembrar el pánico y de hacerle creer a los ingenuos que aquellos a quienes (aparentemente) perjudican no son los mismos que los crearon, ¡ja!

No invente, no le haga el caldo gordo al que siembra vientos que solo se convierten en tempestades cuando usted las recoge, no se preste al juego del descorazonamiento, no le abra la puerta de su casa a los vándalos que le susurran (o le gritan) que todo está perdido, esos que no siempre, lamentablemente, están en la acera opuesta. El único que estará perdido si los escucha es usted. Deje ya de llorar, de lamentar las horas que perdió en una cola, de lamer unas heridas que son honrosas heridas de batalla. Roma no se hizo en un día, y tampoco se deshizo en igual tiempo.

Si usted eligió un líder, escúchelo. Contágiese de su hombría de bien, de su dignidad y de su esperanza. Escúchelo, ¿si no, para qué lo eligió? Si usted es de los que creen que ya dio cuanto podía dar, no está preparado para una nueva batalla, usted ya perdió la guerra. Piense en Japón y la bomba atómica, en el maremoto reciente y en el peligro nuclear que afrontó. No sea menos que esos bomberos japoneses que se inmolaron tratando de apagar el incendio —aunque la diferencia, discúlpeme por recordárselo, entre ellos y usted (que se queja de no conseguir enjuague bucal) sea abismal— o, si prefiere un ejemplo más autóctono, piense en los bomberos y trabajadores de Amuay  quienes también se inmolaron, aunque muchos de ellos no hayan tenido, como los japoneses, la opción de elegir cómo iban a morir.

Si usted se descorazona, si se sienta a llorar, si tuitea mensajes desesperanzadores, si inunda mi correo con lo que los otros quieren que usted propague, o me produce otitis con largas conversaciones y lloriqueos telefónicos, usted no está preparado para seguirle el paso a su líder, ese mismo que con su ejemplo obligó al otro a coger calle. Si usted vive cómodamente (aunque le falte enjuague bucal o toallas sanitarias) piense en un momento en cómo se las arreglaría Manuelita para andar por esos montes y a caballo cuando le venía la regla, o cómo haría Bolívar cuando le dolían las muelas y tenía mal aliento, le fallaba la respiración y tenía, sin embargo, que salir a batallar. Si él hubiera “botado tierrita”, estaríamos todavía sujetos a la Madre Patria  ¡y olé!

Por favor, no invente lo que no sabe, escuche a su líder, imítelo, póngase las botas de siete leguas y recuerde que Pulgarcito terminó por hacerle  comer al ogro sus propios hijos. No asuma como propio ese calificativo de clase majunche* que le endilgaron, no se lo merezca. No se auto compadezca, no diga que se va,  y si lo dice, váyase, porque la pelea es peleando; no sea el profeta del desastre que otros quieren que usted sea. Mire hacia atrás, si no le gusta el ejemplo de Manuelita y Simón que utilicé, porque está demasiado usado y abusado, piense entonces en dónde se estaba siete años atrás, piense en la multiplicación de los peces, piense en los venezolanos que viven en los barrios, esos a los que se les desbarata la casa y van al otro día a cumplir con su trabajo de domésticas o de obreros. Por eso ganaron, más allá de las marramuncias de la operación morrocoy, de las mesas caracol col col de información y de las cédulas recién horneadas. Por eso ganaron, porque fueron capaces de responder, a última hora y como un solo hombre, a la voz de mando. Aprenda a escuchar a su líder, él merece su confianza. Y sabe.

*Majunche. Adjetivo coloquial: malo o de mala calidad. (Rocío Núñez y Francisco Javier Pérez. Diccionario del habla actual de Venezuela. UCAB, 1994).

Dato interesante: (…) “con 65.012 visitas, ‘majunche’ es la segunda [palabra] de la lista del mes analizado. Nada menos que un venezolanismo, cuyo significado es similar al “boludo”. http://www.abc.es/20120730/cultura/abci-palabras-buscadas-201207271128.html. 10/10/2012, 11:13 am.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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Una respuesta a Piense un poco POR FAVOR, NO INVENTE, por Silvia Dioverti

  1. Hay un camino a seguir luchando por conquistar la verdadera libertad.

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