El misterio de las lagunas LA POÉTICA DE LA VIDA ANDINA, por Alfonso Molina

Tradiciones históricas y religiosas se conjugan en “El misterio de las lagunas”.

Cuando concluye la proyección de El misterio de las lagunas, el espectador siente que ha visto algo especial. A los largo de sus 92 minutos, este nuevo documental venezolano despliega una mirada virgen, rica, fascinante y amable sobre los seres humanos que habitan unas historias olvidadas pero permanentes, insólitas pero naturales, en medio de unos parajes de belleza perturbadora. Sin embargo, no es una película de postales turísticas ni un estudio antropológico sobre esos hombres y mujeres de los páramos. El más reciente film de Atahualpa Lichy tiene mucho de poética cinematográfica, en la medida en que evade  la ciencia social y prioriza las experiencias, emociones y memorias de los moradores de los pueblos del Sur de Mérida. Allá, en los Andes venezolanos, surge una vida remota y oculta, discreta y tímida, ignorada —más bien insospechada— por el resto del país. El ojo atento del cineasta venezolano captó e interpretó el sentido de esas vidas. Con sensibilidad e inteligencia.

Desde la premiada Río Negro (Venezuela, Cuba, Francia y España, 1990) Lichy no había filmado un largometraje. Poseedor de una larga filmografía europea, fundamentalmente de cortometrajes, y de una vasta experiencia en la organización de festivales de cine, el realizador venezolano sorprende ahora con un largometraje documental, producido con un equipo humano muy breve y con mucho esfuerzo y dedicación. Hace unos años tuve oportunidad de leer el primer guión de El misterio de las lagunas, cuando se titulaba Historias de los pueblos del Sur, o algo así, no recuerdo muy bien. Creo que este producto final guarda extrema fidelidad a la médula del guión original pero es evidente que el proceso creador enriqueció de manera notable a la película.

Desde el principio del film Lichy define la situación: en esos parajes no hay electricidad ni televisión ni Internet ni celulares. Solo una radio comunitaria que sirve para pasar mensajes de un poblado a otro. A partir de esta premisa se sumerge en el registro de esas voces y conciencias que parecen destinadas a desaparecer. Sus testimonios se refieren a tradiciones religiosas o mitos rurales, costumbres de la cotidianidad o sublimaciones de los obstáculos, es decir, conforman expresiones de una forma de vivir, pensar y actuar. Son personajes que parecen detenidos en el tiempo, que ignoran lo que pasa fuera de esos ámbitos. Las explicaciones mágico-religiosas delatan una forma de entender la vida. Las tradiciones mortuorias se unen a las rutinas impuestas por el aislamiento. Cada situación, cada actividad, posee raíces muy firmes. Procesiones, rituales religiosos o actos fúnebres se articulan en una cosmovisión muy particular. Y la cámara está allí, como un invitado más. Sorprende la naturalidad con que estos seres humanos hablan y comparte sus vidas, sus intimidades, sus creencias.

El misterio de las lagunas se interna en esa muy particular y ancestral forma de vovir andina y logra extraer un legado cultural que se construye a través de sus ideas religiosas y su música. Violines, guitarras y canciones andinas funcionan  como forma de expresión de la tradición oral a través de las voces y cantos de trovadores que mantienen sus memorias. En este sentido  la música original de Rafael Salazar y las canciones de Salazar y Diana Lichy —interpretadas por Cecilia Todd, Francisco Pacheco, Iván Pérez Rossi, Huguette Contramaestre y Daniel Gil— se convierten en elementos de conducción narrativa.

El otro elemento que surge de manera natural es el humor, que evade el chiste pero no la ironía y sobre todo tiende un puente para comprender la extraña relación con la muerte. El hombre que confiesa tener más de un siglo de vida, el barbero que sabe poner la tijera en su sitio o el niño que corretea durante una procesión. Lichy trabaja estas situaciones de manera sutil, sin incurrir en el reduccionismo intelectual. Esa manera tan respetuosa de comprender las conductas y las ideas de estos seres humanos conforman lo mejor de El misterio de las lagunas. No dejen de verla. Les va a gustar.

EL MISTERIO DE LAS LAGUNAS, Venezuela, 2012. Dirección: Atahualpa Lichy. Guión y producción: Atahualpa Lichy y Diana Lichy. Fotografía: José Manuel Romero y Gerard Uzcateguy. Montaje: Edwin Esmeral y Diana Lichy. Sonido: Efraín Rojas, Almaclara Gómez, Ludovic Augier. Música: Rafael Salazar. Letras: Rafael Salazar y Diana Lichy. Intérpretes: Cecilia Todd, Francisco Pacheco, Iván Pérez Rossiu, Huguette Contramaestre y Daniel Gil. Participantes:  mujeres y hombres de la región de los Andes venezolanos. Distribución: Cinematográfica Blancica.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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Una respuesta a El misterio de las lagunas LA POÉTICA DE LA VIDA ANDINA, por Alfonso Molina

  1. Si, me encantó la película. La recomiendo. Excelente esta crítica!!! Saludos.

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