La separación NOTICIAS DE IRAN, por Héctor Concari

Sería injusto que los dislates de la teocracia iraní y el hermanazo Ahmmadinejad, tiñeran también al cine. Afortunadamente existe Abbas Kiarostami, suficientemente reconocido para extender un rayo de interés en una cinematografía poderosa e inquieta que ha sabido abrirse paso en el muy competido mercado global. Lo cierto es que el cine iraní, es más que Kiarostami y algunos títulos han encontrado su camino en el mercado secundario que suple las carencias de la distribución comercial. Hace tres años Nadie sabe de gatos persas demostraba que aún bajo la mirada vigilante de los ayatollahs, en Irán había rock, rap, jazz y jóvenes que buscaban eludir la censura y huir hacia Londres para poder expresarse. La película era simpática y de final terrible, bastante loca con su aire de falso documental y ganó el premio Una cierta mirada en Cannes, más por su tema que por otra cosa. Ley mordaza con ella, por supuesto. Menos suerte tuvo Jafar Panahi, acusado de hacer un documental sobre las protestas post electorales a favor de Hossein Moussavi, que fue preso (con su esposa y sus hijas por las dudas). Y de paso, prohibición de hacer o escribir un film en los próximos 20 años. Panahi, tiene un manejo valiente de la sutileza y no ha hecho un film que se llama precisamente Esto no es una película, obra en la que un amigo lo filma mientras Panahi, habla y reflexiona sobre su obra, sus proyectos y el cine. (Cuando los barberos no tienen nada que hacer se cortan el pelo entre ellos, dice el director) Una forma de no dirigir ni escribir, que la teocracia no apreció y que dio con los huesos de Mojtaba Mirtahmasb, (el que dirigió el no film) en la cárcel. Vale la pena verlo, aunque sea parcialmente en You Tube.

Pero la mejor sorpresa es Una separación de Asghar Farhadi.

El director es un hombre de teatro (y se nota) pero la película es un inteligentísimo juego de actores y situaciones en el Irán contemporáneo, alejado de la retórica y las tensiones geopolíticas que lo asolan. La anécdota es asombrosamente simple, un matrimonio decide separarse y el trámite ante el juez es casi una confesión y una ejemplar apertura de juego. Ambos se aman pero ella quiere irse al exterior con su hija (para apartarla de esto, sugiere, palabra más palabra menos en la única alusión política del film). El esposo se rehusa porque tiene a su cargo al padre con Alzheimer. Fin del primer acto.

Contratan a una doméstica, pobre y religiosa para cuidar al padre, y a partir de allí la acción se ramifica en un libreto cuya simplicidad compite con su agudeza. (Hay un momento conmovedor en su ironía para ojos occidentales: la doméstica se ve obligada a lavar al anciano pero la religión le impide verlo desnudo y llama a un servicio telefónico para ver que puede hacer en el marco de su religión.) La doméstica está embarazada, el padre no puede valerse por sí mismo y estas tensiones, sumadas a la de la separación disparan un absurdo y breve momento de violencia que pasará a gobernar la segunda parte del film.

Ese hilo conductor es también un paseo por el Irán cotidiano en un ejercicio de realismo, de gusto por sus personajes por los cuales el director demuestra un singular cariño. Son seres simples, enfrentados a tensiones cotidianas, tratando de encontrar el camino que marca el sentido común. Uno pensaría en los films de De Sica y Zavattini, en la Italia de la posguerra, si no fuera porque el tempo es distinto. El director suaviza deliberadamente los momentos de tensión, exceptuando uno, clave del hombre contra la doméstica pero cuyo núcleo no llegamos a ver y que se abre a múltiples interpretaciones.

El resto del film es pausado, falto de estridencias o de comentarios que puedan parecer una intromisión en un drama que tiene un peso específico propio. Es un film mayor, que ha corrido con buena suerte en el mercado internacional y que valdría la pena ver por estos lados.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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