Azul y no tan rosa TAL COMO ERES, por AlfonsoMolina

Un chico con problemas de autoestima y un padre homosexual confrontan sus necesidades y afectos.

El primer largometraje como director del actor Miguel Ferrari marca una perspectiva muy personal pero al mismo tiempo muy pertinente en el campo social. La aceptación del “otro”, ya sea por razones étnicas, políticas, culturales, raciales o sexuales, conforma una tendencia con mil expresiones en el cine mundial. El planteamiento de esta vertiente consiste en que no solo se trata de tolerar al que es distinto (¿quién define lo distinto? ¿bajo qué criterio?) sino de convivir con quien se diferencia de la “normalidad” (¿quién define la normalidad? ¿bajo qué criterio?) en un mundo que cambia cada día y ofrece una rica gama de posibilidades. Esta premisa ha dado obras significativas reconocidas en todas partes, pero lo curioso es que los prejuicios sobre actitudes políticas, creencias religiosas y conductas sexuales siguen ejerciendo su destructora misión. Tal es el punto de partida de Azul y no tan rosa, coproducción entre Venezuela y España que pone el ojo en la discriminación del homosexual, en primer término, en la violencia de género, en segundo lugar, y en la necesidad de aceptar a los seres humanos como son. Ferrari debuta con mucho brío con un tema que arma polémica y que merece una discusión permanente.

Aunque su trama es relativamente sencilla, sus significaciones son muy complejas. Diego (Guillermo García) es un fotógrafo que accede —con dificultad— a formalizar su relación con su amado Fabrizio (Sócrates Serrano), un reconocido médico que le pide viajar a Mérida para luego vivir juntos. De manera inesperada, Diego se ve obligado a hacerse cargo en Caracas  —también con dificultad— de Armando (Ignacio Montes), su hijo adolescente, quien vive en España con su madre y al que no ha visto desde hace cinco años. La relación entre ambos es tensa por los reproches y la incomunicación. No solo tienen que tolerarse sino sobre todo convivir y aceptarse tal como son. Un padre homosexual y un chico con profundos problemas de autoestima. Este conflicto adquiere una dimensión mayor cuando una banda de homófobos agrede brutalmente a Fabrizio y pone de relieve la tragedia de la aceptación personal. Al lado de este trío de personajes surgen dos de gran importancia dramática: Delirio (Hilda Abrahamz), un transexual que asumió su identidad como mujer, y Perla Marina (Carolina Torres), una víctima de la violencia de género. Un quinteto que transforma sus vidas en un proceso de aprendizaje inédito.

Ferrari, autor también del guión, logró estructurar una historia muy coherente a pesar de que las subtramas, por momentos, parecieran desplazar la idea central. Afortunadamente prioriza su idea principal y mantiene la historia con brío y firmeza. No se le escapan los detalles y los organiza en un panorama que se nutre de diversas fuentes. Tan importante es la lucha por la vida de Fabrizio como la aceptación de la autoestima de Armando, de la misma forma como Delirio conduce sus convicciones y Perla Marina cambia su manera de aceptar la realidad. Y sobre todo Diego, quien  levanta un edificio dramático contra los prejuicios, el rechazo y la manipulación.

Cuando un actor dirige, sus intérpretes encuentran una mejor comprensión de su trabajo.  Eso es lo que se siente con la labor de Guillermo García, Ignacio Montes, Hilda Abrahamz. Sócrates Serrano, Carolina Torres, Elba Escobar, Beatriz Valdés, quienes integran un elenco compacto, homogéneo, bien estructurado. Los personajes son creibles y las actuaciones aportan a la historia. La fotografía de Alexandra Henao se nutre de los detalles de esos personajes perseguidos o subestimados, ya sea en la alegría ansiosa del bar Sixty Nine o en la oscuridad violenta de una pareja heterosexual, para componer una propuesta visual impecable. El montaje de Miguel Ángel García mantiene el ritmo de forma precisa para mantener el interés del público sin incurrir en tretas comerciales. Toda la producción se aprecia como un trabajo cuidado, detallista, muy profesional.

Azul y no tan rosa no es una película gay, como suelen despachar las mentes   tradicionales las conductas del “otro”, sino una hermosa historia sobre la necesidad de afecto y los caminos que debe recorrer el amor para alcanzar su satisfacción. Homosexuales y heterosexuales. En su trama hay una muerte determinante pero también hay un nacimiento a la nueva vida. Incluso para un chico caraqueño que habla como madrileño. Este debut en el largometraje de Ferrari permite presuponer una carrera ascendente como realizador.

Azul y no tan rosa marca una ruta en la producción venezolana y abre una vertiente de discusión en una sociedad tan compleja como la nuestra.

AZUL Y NO TAN ROSA, Venezuela y España, 2012. Dirección y guión: Miguel Ferrari. Producción: Rodolfo Cova y Nella Illas. Fotografía: Alexandra Henao. Montaje: Miguel Ángel García. Diseño de producción: Marcelo Pont Vergés. Vestuario: Patricia Busquets. Sonido: Gabriel Delgado y Frank Rojas. Elenco: Guillermo García, Ignacio Montes, Hilda Abrahamz. Sócrates Serrano, Carolina Torres, Elba Escobar, Beatriz Valdés, entre otros. Distribución: Cines Unidos.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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