Life of Pi LA VIDA DEPENDE DE LA NATURALEZA Y DE NUESTRO INSTINTO ANIMAL, por @Jlamotta23

Vida de Pi 1Vida de Pi nos habla de un joven llamado Pi Pattel, un joven indio, hijo del encargado de un zoo. Su familia decide cierto día trasladarse a Canadá, con el fin de prosperar. Pero un naufragio se cruza en su camino. Los animales que viajaban con él serán su compañía, con lo que tendrá que adaptarse y convertirse en su líder para poder sobrevivir. Con el eje central de su relación con el tigre del zoo, el mayor depredador de todo el grupo. Tendrá que entablar una relación de amistad y respeto con él.

Ulysses (Joseph Strick, 1967), Tristam Shandy (Michael Winterbottom, 2005), Naked Lunch (David Cronenberg, 1991), Dune (David Lynch, 1984), From Hell (Albert & Allen Hughes, 2001), The Sound and the Fury (Martin Ritt, 1959), El mar (Agustí Villaronga, 2000), Lolita (Stanley Kubrick, 1962), Brief Interviews with Hideous Men (John Krasinski, 2008), The Lord of the Rings (Peter Jackson, 2001-2002-2003), Fear and Loathing in Las Vegas (Terry Gilliam, 1998) y Watchmen (Zack Snyder, 2009) fueron en su día, como ahora Life of Pi, obras inabarcables e inadaptables desde un punto de vista cinematográfico. Proyectos que aguardaron su momento descansando en un cajón de la oficina del jefe de estudio de turno, rezando para que dieran con la visión adecuada, el director idóneo, un guión respetuoso y sin fisuras o que la tecnología fuera capaz de garantizar una conversión de formato minimamente decente. Es lo que le ha sucedido a la novela de Yann Martel que, durante veinte años, ha visto como los intentos de llevar su material a la gran pantalla han fracasado uno detrás de otro. ¿Por qué? Narrativamente no oscila mucha dificultad ni posee una estructura compleja. El principal escollo residía en algo que podía hacer triunfar a la película o hundirla completamente. El reto de presentar una trama con un niño y un tigre surcando los mares en un diminuto bote se presentaba sustancialmente complicada. Afortunadamente, tanto el autor del libreto David Magee como el consagrado director Ang Lee, llegaron a la conclusión de que lo mejor era dotar al tigre de movimientos y actitudes propios de su especie, descartando por completo un tratamiento del animal más propio de una película de animación, donde en un momento dado los animales terminan comportándose mental y físicamente casi como humanos.

En este caso, el realismo (teniendo en cuenta que nos movemos dentro del género fantástico y de aventuras, claro) era primordial para que el miedo, el temor y la sensación de peligro constante que sufre el protagonista de la historia, Pi, sea no solo entendible por nosotros, sino totalmente compartido. El diseño y el desarrollo de los efectos especiales consigue emular e igualar a los creados por Weta (la misma compañía que se hizo cargo de los efectos especiales de The Lord of the Rings con espectaculares resultados, por ejemplo) para Rise of the Planet of the Apes (Rupert Wyatt, 2011), efectos que nos dejaron con la boca abierta el año pasado. Pero la tecnología avanza a pasos agigantados (si no que se lo digan a James Cameron, que ha decidido dedicar su vida a remasterizar Titanic cada dos años y revolucionar el concepto visual del séptimo arte con Avatar y sus secuelas, a pesar de que para ello haya renunciado a cualquier atisbo de decencia narrativa, algo secundario para él visto lo visto) y si hace poco nos hubieran dicho que con un tigre y un niño se podría hacer una película que te tuviera interesado durante casi dos horas, pocos lo hubiéramos creído.

Pero mientras que el apartado técnico se lleva todos los halagos, el guión y el envoltorio del mismo deberían ganarse más de un reproche. Asumimos que las películas de los grandes directores e intérpretes que se estrenan en noviembre y diciembre, lo hacen con la intención de agasajar cuantas más nominaciones y premios mejor. Pero algunas de ellas disimulan mejor que otras. En el caso de Life of Pi, sus intenciones se ven desde el minuto uno, desprendiendo un tono amable, condescendiente y asequible para el gran público que imposibilitan el crecimiento y las aspiraciones artísticas que un proyecto como este se merecía e hubiera podido tener con un tratamiento menos almibarado y más agresivo. El referente inconsciente de Slumdog Millionaire (Danny Boyle y Loveleen Tandan, 2008) habita en cada recoveco del film, apostando por una fórmula ganadora que posiblemente de resultado a nivel de taquilla y premios, pero que deja en el espectador algo más exigente una sensación de insuficiencia (lo que podría haber sido y no fue).

La elección del oscarizado Ang Lee es acertada, ya que el director chino siempre ha destacado por su sutil tratamiento de los sentimientos humanos, aparte de ser uno de los realizadores más eclécticos del panorama actual. El Pi del presente (recordemos que el film alterna pasado y presente) y su relación con el periodista deja buena muestra de la habilidad de Lee para la interacción sensitiva entre seres humanos pero, como dije antes, el azúcar llega a impregnar demasiadas veces la pantalla como para que no moleste, de alguna manera. Es por eso que, dejando de lado los efectos especiales y un par de fragmentos donde la aventura consigue desmelenarse y emocionar de verdad, el verdadero interés lo encontramos en temas que ya estaban presentes en la novela. Temas que Lee y Magee tan solo han trasladado desde las páginas a la sala de cine y por el que no se deberían llevar gran mérito. Es decir, todo esta en la novela, son reflexiones (acertadas o no) sacadas del pensamiento de Martel y que, lejos de ser bien tratadas o acomodadas con elegancia en la historia, simplemente han servido de adorno de lujo para la construcción de los diálogos. Martel nos habla acerca de temas primarios que han acompañado la vida del hombre desde el principio de los tiempos, como el miedo, la relación con los animales, la soledad o la religión. Referentes clásicos y evidentes como la religiosa historia de El Arca de Noé o El Libro de la selva sirven como algo más que de base para el desarrollo de ciertas partes del film. La relación hombre-animal no pudo producirme más que satisfacción como amante (y creo que conocedor) de los animales. El tigre es tigre y el hombre es hombre, y así están representados. El juego mental que se traen ambos personajes es digno de una mortal partida de ajedrez de otro mundo. La dominación, la sumisión, el poder o la victoria son elementos tan nuestros, tan característicos de nuestra forma de ser, que plantearlos como parte de un amaestramiento con una vida en juego no puede ser considerado más que como una jugada brillante. El inesperado bote salvavidas se convierte en una improvisada y diminuta selva donde no prevalecerá el más fuerte (alterando las normas de la naturaleza), sino el más inteligente y cerebral. Desde el momento en que ambos personajes quedan frente a frente con la inmensidad del mar como testigo de su enfrentamiento, el film se convierte automáticamente en una especie de thriller psicológico con tintes de terror con el verdadero género dominante, la aventura, como telón de fondo y siempre presente.

Porque a partir de aquí todo deriva en una especie de Heat (Michael Mann, 1995) donde dominar o ser dominado marca la diferencia entre la vida y la muerte, donde la compasión no existe para uno de los dos bandos y la razón libra una dura batalla contra la pura naturaleza, contra la bestia, la impulsividad y el instinto. Es esto una batalla, si, pero también una demostración suprema del conocimiento que los animales poseen de los sentimientos, la rutina y la familiaridad con los elementos, en este caso, el hombre que le alimenta. Porque a pesar de todo, ambos deben alimentarse y son conscientes de que se necesitan para vivir, para sobrevivir. Es más, el miedo mutuo entre ellos y su afán de superar al otro, es una de las grandes motivaciones para sobreponerse y seguir luchando. El miedo nos mantiene vivos y el enemigo, pendiente. No pude evitar acordarme de una genial frase de la no menos excelente Conspiracy (Frank Pierson, 2001), en la que un sobrecogedor Kenneth Branagh reflexiona de esta forma sobre la obsesión de los nazis con los judíos:”Tantos años detrás de su exterminio y ahora pienso…si matamos a todos los judíos, ¿Qué nos queda?”. Cada ser humano necesita, consciente o inconscientemente, un obstáculo que superar, un enemigo al que vencer o un problema que solucionar que, en definitiva, de un sentido a su propia vida. Si la vida fuera un camino de rosas, la valoración de las cosas no existiría, nada sería criticable o merecedor de ensalzamientos, viviríamos en una plácida pero aburrida existencia vacía y carente de significado. Pi necesita al tigre y el tigre a Pi. Y ellos lo saben.

Una de las grandes bazas del film es, sin duda, la posibilidad de elegir el modo de percibir el mismo. Para entender, o mejor dicho, llegar a profundizar e interiorizar la historia, director y guionista juegan constantemente con la percepción que cada espectador tenga sobre la racionalidad o la irracionalidad. Recurre a explotar sobremanera la forma de entender la vida de cada persona, ya sea de mente abierta o cerrada. ¿Es real lo que las imágenes nos muestran? ¿O es todo producto de la fantasiosa imaginación de un niño? Allá cada uno. Ocurre lo mismo con el libro más vendido de la historia y fuente de inspiración para Martel, la Biblia. ¿De verdad creemos que una serpiente se deslizó por un árbol para darle una manzana a Eva? ¿O es posible que la Virgen María se quedara embarazada del Espíritu Santo? ¿Moisés separó el Mar Rojo? Allá cada uno y su libre interpretación de elementos simbólicos o representativos. Curiosamente, las personas más escépticas con la ciencia-ficción o el género de aventuras que prefieren un tipo de cine más “real”, suelen ser devotos creyentes, con toda la contradicción que eso conlleva. Por lo tanto, hablamos de la utilización de la fe como elemento indispensable para creer en lo que Lee nos muestra, ya que tanto la novela como la propia película no esconden su predilección por la diversidad religiosa, sea cual sea. Es más, el protagonista de la cinta se confiesa admirador de más de una religión ante el estupor del incrédulo periodista. Pensamiento que tiene su justificación en la vivencia de una experiencia cercana a la muerte, casi extrasensorial en algunos casos, donde cualquiera de nosotros se hubiera agarrado a cualquier atisbo de esperanza por pequeña que parezca con tal de creer en algo, en una salvación, en una redención. Pi experimenta de primera mano la importancia de contar con algo superior al que orar, al que pedir explicaciones o encomendarnos. Sin ningún credo concreto, sin una configuración prototípica de Dios, abrazando por igual budismo, cristianismo, islamismo, etc.

En el comedido y amable mensaje del film/novela se esconde una incendiaria idea sobre la existencia REAL de Dios o la existencia INTERESADA de Dios, sobre la que el hombre actual no tienen ningún tipo de poder de manipulación, ya que depende de escritos antiguos y testimonios que pueden ser verídicos o representar una invención en toda regla con el objetivo de agrupar a las masas en torno a algo que no puedan entender para ejercer su control sobre ellos con falsos profetas y mensajes ambiguos o contradictorios. Es cierto que la relación entre el tigre y Pi ocupa gran parte del metraje, pero obviar estas reflexiones secundarias (secundarias por ubicación en el film, no por importancia) nos impediría recibir con claridad la información necesaria para hacernos nuestra propia idea de la película. La creencia en todos los dioses implica a su vez la creencia en ninguno y si escoger, en cambio, el camino de la fe, sin dogmas o palabras que dicten nuestro camino e influyan en nuestra vida de algún modo. Por cierto, estas reflexiones vuelven a estar mejor representadas en la novela que en la pantalla, una vez más. No obstante, Life of Pi se presenta como una agradable opción para dejar volar la cabeza durante un par de horas, eliminando de nuestro recuerdo, si es posible, su machacona campaña de promoción que la presenta como una de las mejores películas del año (Killing Them Softly, Moonrise Kindgdom, Argo o Frankenweenie, por citar algunos ejemplos, son mejores) y que, como curiosidad, presenta alguna que otra referencia indirecta al fenómeno televisivo Lost (alguna isla maligna hay por ahí…).

Nota:6,5

Vida de Pi. Título original: Life of Pi. Dirección: Ang Lee. Guión: David Magee (Novela: Yann Martel). Reparto: Suraj Sharma, Irrfan Khan, Rafe Spall, Gérard Depardieu, Tabu, Adril Hussain, Shravanthi Sainath, Ayush Tandon, Vibish Sivakumar… Música: Angelo Badalamenti. Fotografía: Bruno Delbonnel. Género: Aventuras, drama. Año: 2012. País: Estados Unidos. Duración:125 minutos. Productora: Fox 2000 Pictures  y  Haishang Films.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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