El cine en Venezuela LAS MEJORES DEL 2012, por Alfonso Molina

La iraní “La separación”, de Asghar Farhadi, fue a mi juicio la mejor película estrenada en Venezuekla en 2012.

La cartelera venezolana en los últimos doce meses se ha movido entre ciertos hallazgos notables en medio de tanta mediocridad, una diversidad de nacionalidades cinematográficas frente a la hegemonía de Hollywood y el retraso con que llegan algunos títulos fundamentales. Gracias a los distintos festivales —francés, italiano, español, judío, independiente de EEUU, europeo—  hemos podido ver filmes que de otra manera jamás hubiesen llegado a nuestras pantallas. Puesto en la circunstancias de elegir las veinte mejores películas de 2012 —excluyo las venezolanas, motivo de otra columna inminente— sin duda colocaría como la primera a La separación, del iraní Asghar Farhadi, que llegó con casi dos años de retraso, precedida por una larga lista de premios —el Oscar de este año y el Oso de Oro del Festival de Berlín, el Globo de Oro, el Cesar de Francia de 2011— y reconocida como una de las grandes películas de los últimos años. Trabaja un tema muy actual no sólo en la sociedad iraní, sino en cualquier otro país. Narra de forma magistral la historia de Nader y Simin, padres de Termeh, quienes tras varios años casados enfrentan una situación muy difícil. Ella quiere abandonar Irán en busca de una vida mejor, especialmente por su condición de mujer, pero él está decidido a quedarse para cuidar a su padre con Alzheimer. Simin pide el divorcio a Nader, la hija sufre las consecuencias de esta crisis, y la trama añade un incidente desconcertante que profundizará aún más la distancia entre los principales personajes. A partir de este nudo dramático surge una pieza de rara belleza y determinante significación en la vida de un país y sus ciudadanos. Para mí la mejor.

Para completar las cinco grandes estrenadas en Venezuela durante 2012, me decanto por  la hermosa película francesa Sèraphine, del actor, novelista y escritor Martin Provost, en torno a la relación humana y profesional entre una pintora ingenua y su descubridor artístico. También incluyo la noruega Aguas turbulentas, de Eric Poppe, dos historias unidas por una misma tragedia —la muerte de un niño— y vividas de manera individual por su madre y su asesino. No puedo dejar de lado el estreno formal de la israelí El árbol de lima, de Eran Riklis, sobre la lucha entre los derechos ciudadanos de una mujer palestina y las razones del Estado para la seguridad del ministro de la Defensa de Israel. Finalmente, elijo la norteamericana Hugo, del maestro Martin Scorsese, hermoso homenaje a los precursores del cine.

Sé que es difícil terminar el listado de las veinte mejores obras estrenadas este año sin entrar en discusiones. Por eso he seleccionado aquellas que fueron dignas de disfrutar, analizar o cuestionar. Tendría que considerar algunos títulos imposibles de ignorar. Como las norteamericanas Historias cruzadas, de Tate Taylor, sobre el racismo en el Sur de EEUU a mediados del siglo pasado; La chica del dragón tatuado, de David Fincher, excelente adaptación de la novela del sueco Stieg Larssen; Los descendientes, de Alexander Payne, una visión incisiva sobre la familia, J. Edgar, de Clint Eastwood, sobre la cuestionada vida del fundador del FBI; Tan fuerte y tan cerca, discutido film de Stephen Daldry sobre un niño que perdió a su padre el 11 de septiembre de 2001; la también polémica Deseos culpables (Shame, 2011), del inglés Steve McQueen; la muy emocionante Drive, de Nicolas Winding Refl; El conspirador, de Robert Redford, que recupera un caso de la justicia norteamericana; y El precio de la codicia (Margin call), del debutante J.C. Chandor, inteligente trabajo sobre el inicio de la crisis financiera de 2008. También motivaron polémica la española La piel que habito, de Pedro Almodóvar, las francesas El artista, de Michel Hazanavicius, y Amigos para siempre, de Eric Toledano y Olivier Nakache, así como la coproducción estadounidense-italiana-española A Roma con amor, de Woody Allen. A finales de año entró en cartelera la británica El Topo, de Tomas Alfredson, magnifica adaptación de la novela de John Le Carre. Y la coproducción canadiense-británica-alemana Un método peligroso, de David Cronenberg, que recoge la discutida relación entre los fundadores del psicoanálisis y sus vidas afectivas.

Son las veinte películas que valieron la pena ver, disfrutar o discutir.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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