Una nueva etapa EL FUTURO YA LLEGÓ, por Alfonso Molina

Incertidumbre 1Los primeros días de 2013 comienzan con un importante giro en la trama de esta tragedia que hemos vivido durante catorce años. Tragedia que recoge y expresa la destrucción moral y física, real y constatable, de un país que en 1999 reclamaba soluciones. En cambio, a lo largo de ese lapso, la personalidad narcisista de un caudillo ha marcado de forma determinante la vida de veinte y ocho millones de venezolanos. Sobre todo en estos días, cuando su ausencia es reveladora del tamaño de la destrucción nacional. Cualquier cosa puede suceder en el campo del proyecto político que nos ha dominado durante este largo periodo. Hay varios escenarios al respecto que reclaman la atención de los analistas, no lo dudo. Pero prefiero, en este momento, comprender lo que ha sucedido durante 2012 en el territorio de las fuerzas democráticas que adversan el proyecto del caudillo.

El impacto desmoralizador de la derrota del 7 de octubre se correspondió con el enorme entusiasmo que despertó la campaña de Henrique Capriles Radonski en un electorado muy heterogéneo —pero muy fiel— que vislumbró una salida electoral y pacífica al Plan de Destrucción Nacional desarrollado por el régimen. Pero no pudo ser. Como sabemos, esa desmoralización condujo a un nuevo fracaso electoral el 16 de diciembre. La oposición fue reducida a solo tres gobernaciones. Explicaciones hay muchas, sobre todo las referidas al obsceno ventajismo del Estado frente a la candidatura democrática y a la efectividad del aparato estatal para concretar una “operación remolque” en la tarde de aquel nefasto domingo. Todo esto es verdad. Pero no son los únicos argumentos.

De tales hechos surge otra apreciación: la estrategia desarrollada por los sectores democráticos no funcionó. No hablo solo del Comando de Campaña de HCR sino del conjunto de fuerzas agrupadas en la Mesa de la Unidad Democrática. Cabe recordar que la MUD no constituye una dirección política sino la coordinación electoral de un grupo de partidos. La MUD también, es preciso recordarlo, dio un valioso ejemplo de conducta democrática cuando condujo el proceso de las primarias de la oposición hasta la transparente elección como candidato presidencial de HCR, el 10 de febrero del año pasado. Pero lo cierto, al final de 2012 y cominezos de 2013, es que la estrategia electoral no funcionó como queríamos. Fue insuficiente. Incompleta. Ergo, hay que revisar esa estrategia.

Una primera consideración de estas derrotas indica que no basta con desarrollar un trabajo en el campo electoral, sino que las fuerzas democráticas organizadas deben vincularse más con las luchas ciudadanas que día a día se han realizado y se seguirán realizando en todo el territorio nacional: defensa de la propiedad familiar, impulso a las reivindicaciones laborales, protestas por las expropiaciones —más bien confiscaciones— industriales, agrarias y habitacionales, resguardo de la libertad de expresión y manifestaciones contra la violencia y la inseguridad personal son las más comunes. Esta ausencia en los conflictos sociales evidencia la fragilidad organizativa de los partidos de oposición. No tienen activismo de masas, como se decía antes. A diferencia de otras épocas, sus militantes no se hallan presentes en la vida sindical —la CTV de Manuel Cova prácticamente no existe— ni en las actividades estudiantiles ni en los avatares gremiales, mucho menos en los centros vecinales o los consejos comunales, es decir, en las formas de organización de la sociedad civil. En cambio, el proyecto del caudillo ha diseñado un nuevo mapa de ordenación social, administrativa y política de todas las áreas del país. El Estado comunal avanza para convertirse en la forma organizativa del neototalitarismo o del llamado neocomunismo.

El futuro ya llegó. Con la ausencia del caudillo los demonios andan sueltos en el oficialismo. Es el exacto momento para reivindicar los partidos políticos democráticos. Los de antes y los de ahora. Para ello será necesario ganarse la confianza de los ciudadanos con el activismo en las luchas sociales, gremiales, sindicales, estudiantiles y vecinales. Sin esta presencia, la estrategia electoral seguirá siendo incompleta. De las derrotas se aprende.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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