Un reino bajo la luna UN SNOB: WES ANDERSON, por Héctor Concari

Un reino bajo la luna

Dos casi adolescentes prueban suerte con sus afectos y aventuras en el nuevo film de Wes Anderson.

Si hay un género que pudiera asimilarse a la música (y de ahí, por elevación a la matemática y las ciencias abstractas), ese género es la comedia. En el cine, el rastro es sencillo. La comedia nació con el cine mudo (el árbol genealógico puede llegar a El regador regado, uno de los primeros cortos de los Lumiere) y la ausencia de sonido y la necesidad de arrancar carcajadas al espectador obligó a importar del teatro popular o del circo, el armado y remate de los gags con una precisión que creció, con el mismo entusiasmo y oficio que el cine. Un gag visual tenía que ser precisamente cronometrado y coreografiado sin espacio para el titubeo o el vacío y son legendarias las centenas de tomas de un perfeccionista como Chaplin. El sonoro no mejoró las cosas y la delicia de la mejor época de la comedia americana, la sofisticación de Réné Clair o la flema de las comedias de la muy británica Ealing, son deudoras de una precisión y un savoir faire reveladores de una tradición, y respetuosos de reglas tan infalibles como sagradas. Pero siempre hay evoluciones y con el tiempo otras corrientes eligieron un humor fuera de compás (offbeat para usar el término inglés). Los orígenes, de uno y otro lado del Atlántico son discutibles (y en mucho trascendieron a la comedia) pero comenzó a popularizarse un cine como el de Pierre Etaix, o su maestro Jacques Tati, que jugaba con los tiempos, diluía el remate de los chistes, atenuaba la risa para trocarla por el candor o la sonrisa permanente, jugando, no solo con la dimensión sagrada del cronómetro, sino además con la de los espacios, extraños, cambiantes, que los personajes habitaban. El hecho es que la comedia cambió desde sus esplendores de los cincuenta, tolerando todo tipo de bienvenidas libertades, cada vez menos apegadas a las normas de etiqueta con la que entró en sociedad. Pero hay de todo en este mundo. Wes Anderson es un director de algunas particularidades.

La primera es la de contar con una batería de estrellas que lo acompaña , a modo de red de seguridad, en cada entrega. La segunda, muy notoria desde Los fabulosos Tennenbaum, la película que lo dio a conocer  en el 2001, es la falta de un libreto tremendamente lógico (lo cual podría ser una virtud) que puede tener que ver con una familia de genios que se reúne para despedirse de un familiar en estado terminal (los Tennenbaum), o las excentricidades de un explorador submarino muy Cousteau, que se embarca con la familia (El mundo acuático de Steve Zissou). Estos dos rasgos llevan un envoltorio de lujo. El estilo visual de Anderson es inconfundible, con colores chillones y vestimentas que apuntan a algún tiempo pasado y demuestran un ojo fotográfico envidiable.

En este caso, la historia no es menos arbitraria que en anteriores ejemplos. Un par de niños casi adolescentes, él boy scout, ella melómana, se enamoran y escapan juntos poniendo en ascuas a jerarcas, superiores, familiares y amigos. Anderson apunta correctamente a las estructuras autoritarias de la sociedad y hace una mofa más que aceptable de los boy scouts y las asistentes sociales. Usa y abusa de sus recursos habituales, planos frontales deliberadamente descarnados de énfasis, a veces apenas cruzados por primeros planos reveladores. Y un sentido del humor estático, carente de golpes de efecto, que busca llevar al último extremo aceptable la paciencia del espectador. La crítica ha ensalzado a Anderson elevándolo al mito de renovador último y absoluto de la comedia y buceador en nuevas avenidas del cine. Humildemente este cronista cree que Anderson es un snob con mucho talento visual, pero tocado por una herida mortal: la incapacidad absoluta de poder hacer reír o entretener al espectador.

UN REINO BAJO LA LUNA (Moonrise kingdom) USA.2012. Director Wes Anderson. Con Bruce Willis, Edward Norton, Bill Murray.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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