Marco Aurelio García UN GRAVE CASO DE ALIENACIÓN IDEOLÓGICA, por Fernando Mires*

Marco Aurelio GarcíaYa he perdido toda esperanza. Es más fácil conversar acerca de tolerancia con un talibán que discutir de política con algún ideólogo latinoamericano de la “nueva izquierda”. Y, sin embargo, hay que seguir haciéndolo, aunque sea para denunciar los excesos ideológicos en los que incurren.

Probablemente Marco Aurelio García no se entiende a sí como ideólogo del “socialismo del siglo XXl”, pero leyendo su artículo titulado “Los desafíos de los gobiernos” no hay más alternativa que alinearlo en esa tendencia, entre otras cosas, porque ahí subscribe punto por punto la doctrina de legitimación de las autocracias y neodictaduras sudamericanas.

Según MAG, las izquierdas sudamericanas, particularmente las del Cono Sur, fueron afectadas política, organizacional y militarmente por las dictaduras que asolaron esa región. Lo que no dice MAG es que esas dictaduras no sólo fueron ejercidas en contra de las izquierdas. Víctimas de ellas fueron otros sectores democráticos, no siempre de izquierda, como ocurrió en Uruguay y en Chile. Tampoco dice MAG que los comunistas argentinos (imagino que también son de izquierda) apoyaron la dictadura de Videla siguiendo ordenes de la URSS. Calla también MAG cuando oculta que un gran sector del peronismo, particularmente fracciones montoneras, apoyó a Galtieri durante la guerra de las Malvinas. Igualmente calla cuando no dice que los Tupamaros uruguayos y otras organizaciones similares apoyadas por Cuba, posibilitaron la salida militar en diversos países del continente.

Nadie niega, por supuesto, que los sectores más afectados por la represión militar éramos de alguna izquierda. Pero reducir el drama padecido a la contradicción izquierda-dictadura, es faltar a la verdad. Prueba es que los pilares de la lucha antidictatorial no estuvieron centrados en las izquierdas, aunque ellas participaron en los bloques de restauración democrática que tuvieron lugar.

Para hablar con ejemplos: Si las Madres de la Plaza de Mayo tuvieron repercusión mundial no fue porque eran de izquierda sino porque eran madres. Y si gran parte de la lucha democrática de los chilenos reposó sobre la Iglesia Católica, no fue porque el Cardenal Silva Henríquez hubiera sido un personaje de izquierda.

Ni en Brasil, ni en Argentina, ni en Chile, ni en Uruguay, ni en Paraguay, ni en Bolivia, los primeros gobiernos democráticos post-dictatoriales fueron de izquierda. Pero tampoco, en sentido estricto, fueron de derechas. Fueron formaciones centristas orientadas a facilitar el retorno de usos democráticos y el retiro de los militares a sus cuarteles. De tal modo que el auge de la izquierda debe ser entendido como un fenómeno post-transición, pero no postdictatorial. Adjudicar a los gobiernos post-dictatoriales un carácter neoliberal, sólo porque no practicaron programas estatistas, es un abuso ideológico de enormes proporciones.

Ahora, el periodo post-transición tuvo lugar en el marco histórico determinado por el fin de la Guerra Fría, hecho que MAG calla. Si no hubiera callado habría tenido que aceptar que la intervención militar no ocurrió sólo para proteger a los “ricos” de la derecha en contra de los “pobres” de la izquierda, sino porque gran parte de esa izquierda obedecía directrices internacionales contrarias a las que primaban en el espacio político occidental.

Hasta aquí la prehistoria. Lo central es que para MAG, el gran mérito de la “nueva izquierda gubernamental latinoamericana” (la del socialismo del siglo XXl) fue el de subvertir los programas neoliberales puestos en prácticas durante el periodo de transición.

Acerca de que es lo que entiende MAG por neo-liberalismo, es un misterio. Misterio sólo descifrable si entendemos que es lo que significa “neoliberalismo” para gente como MAG. Para decirlo en clave de síntesis, neoliberalismo es para ellos todo lo que no es estatista. La izquierda latinoamericana en la visión de MAG no se define como lo hicieron las primeras izquierdas por su posición a favor de la democracia, de la clase obrera, por su laicismo o por la libertad de pensamiento. Izquierda es para ellos estatismo; y punto.

En ningún momento se les pasa por la cabeza a ideólogos como MAG que el estatismo puede ser mucho más opresivo que una economía liberal políticamente regulada. Tampoco se les ha ocurrido que el estatismo pueda llevar a la práctica una economía neoliberal. Cuba, en ese sentido, es un gran ejemplo. En ningún país del continente los derechos de las organizaciones obreras han sido más violados que en Cuba. Venezuela es un caso parecido. Después de catorce años de vida autocrática, los otrora poderosos sindicatos obreros han sido desmantelados por el gobierno militar chavista. Pero como esos gobiernos son para MAG “de izquierda” quedan a salvo de toda crítica.

A fin de fortalecer su visión de una nueva izquierda anti-neoliberal redentora, MAG intenta imponer una visión maniquea de la historia reciente. Citemos:

“La hegemonía de las ideas neoliberales en el plano económico durante el período de transición a la democracia proyectó personajes funestos como Carlos Menem en Argentina, Collor de Mello en Brasil, Sánchez de Lozada en Bolivia, figuras centrales de un movimiento del que también formaban parte Salinas de Gortari en México y Vargas Llosa o Fujimori en Perú”.

En otras palabras, MAG toma a todos los gobiernos que no son de su agrado y los mete en el saco del neoliberalismo. ¿Pero por qué Menem y no Kirchner? ¿No eran del mismo partido? ¿Dónde está el discurso de Kirchner en contra de Menem? ¿No son seguidores de Cristina muchos menenistas de antaño?

Si MAG analizara la política europea, hasta Berlusconi podría ser de izquierda: ¿No se ha pronunciado recientemente en contra del “neoliberalismo” alemán? ¿No levanta Berlusconi la bandera de las libertades sexuales en contra del Vaticano?

Hasta tal punto llega la alienación ideológica de MAG que para él Fujimori y Vargas Llosa son lo mismo, no importando que el segundo se haya pronunciado en contra de todos los regímenes dictatoriales del mundo (y MAG en contra de ninguno) y el primero haya sido portador de una autocracia militarista y populista muy parecida a la que ejerce el chavismo en Venezuela.

MAG, siguiendo esa tradición economicista que caracteriza a la política latinoamericana (de izquierda y derecha) sólo conoce un límite: el neoliberalismo. Todo lo que no es neo-liberal (estatista) es de izquierda, incluyendo a las FARC a los que alude con el hipócrita eufemismo de “importante insurgencia rural”. En palabras de MAG:

“A pesar de esas diferencias, algunos elementos programáticos estuvieron presentes, con distintos enfoques y perspectivas, en las luchas y movimientos de los distintos países: 1) énfasis en las cuestiones sociales (combate a la pobreza, la exclusión y las desigualdades), 2) democratización del Estado y participación social, 3) defensa de la soberanía nacional, 4) e integración sudamericana y latinoamericana capaz de garantizar a la región un lugar en un mundo que vivía (y vive) una intensa y acelerada transformación”.

¿De dónde saca MAG que estamos frente a una nueva versión de la izquierda latinoamericana que sustituye una hegemonía de las derechas que casi nunca ha habido? En su propio país, Brasil, el lulismo no surgió de la nada. Desde Getulio Vargas, pasando por Joao Goulart, siguiendo por F. H. Cardoso, las tradiciones predominantes han sido de centro izquierda. Lo mismo ocurre en el Perú, donde un Humala recoge antiguas banderas del APRA. O en la Bolivia de Evo Morales cuyo gobierno sólo puede entenderse de acuerdo a las tradiciones iniciadas por el MNR, y así sucesivamente.

En la gran mayoría de los países latinoamericanos, el tronco grueso de la política ha sido siempre de centro-izquierda, a veces de centro-derecha, nunca de izquierda-izquierda o de derecha-derecha, como imagina, de modo abstruso, MAG

¿Y de qué defensa de la soberanía nacional habla el ideólogo del Brasil? ¿Quién amenaza la soberanía continental en estos momentos? ¿Rusia, China? ¿O es MAG otra viuda más del “imperialismo norteamericano” con el cual Brasil ha practicado siempre las más intensas relaciones, sobre todo en tiempos de Lula?

Tampoco la política social latinoamericana ha comenzado con los gobiernos del ALBA ni con los “nuevos” gobiernos de izquierda. Es, por el contrario, de muy larga data. Mucho menos, la democratización del Estado a la que MAG hace mención, a menos de entender por ella la creación de relaciones verticales entre masa-Estado y líder, o el control del Poder Judicial por el Ejecutivo, o la creación de partidos-estados, en fin, todas esas estructuras antidemocráticas que caracterizan a la nueva izquierda latinoamericana cuando se apodera de las palancas del poder.

SI MAG no estuviera tan alienado como aparenta, podría darse cuenta de que los valores que defiende el gobierno venezolano al cual ha amparado en todas sus múltiples violaciones constitucionales, son los de las más rancias derechas del continente: militarismo, culto irracional al líder, mistificación del pasado y, recientemente, fanatismo religioso.

A la inversa, MAG podría también advertir que en la oposición venezolana se encuentra el grueso de esa centro-izquierda que dio origen no a un sistema neoliberal (como el neoliberalismo de Estado que practica el chavismo) sino a un largo y estable periodo de convivencia política antimilitarista, sobre cuya base, nunca sobre su negación, deberán surgir los futuros proyectos de integración social. O dicho así: las tradiciones de la izquierda venezolana, las que vienen de Rómulo Betancourt y no de Fidel Castro, se encuentran en la oposición. No en los cuarteles.

En breve: estamos frente a un grave caso de alienación ideológica. MAG, irremediablemente, sólo ve lo que su estrecha ideología le permite. Y si gran parte de la realidad no cabe en esa ideología, el problema estará siempre en la realidad. Así nos explicamos por qué, bajo su funesta influencia, Brasil en la ONU sólo supo practicar la más antipolítica abstención, protegiendo a regímenes tiránicos como Libia ayer, Cuba y Siria hoy.

Con ese tipo de conducción, Brasil solo será una potencia económica de “clase media”. Una potencia política, jamás.

* http://polisfmires.blogspot.com/2013/02/fernando-mires-marco-aurelio-garcia-un.html

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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