Los juegos del destino LAS COSAS REALES DE LA VIDA, por Alfonso Molina

Los juegos del destino 1

A medio camino entre el drama y la comedia, Los juegos del destino adquiere originalidad e importancia en el dibujo de la enajenación de sus personajes centrales. Pat y Tiffany son los locos, los raros, los que hacen cosas diferentes en una barrio de Filadelfia. Sobre todo, son seres humanos afectados por las ausencias —reales o emocionales— de sus respectivas parejas. El primero acaba de regresar de una institución para enfermos mentales, donde fue recluido después de darle una paliza al amante de su esposa. La segunda no termina de aceptar la muerte de su esposo y desarrolla actitudes obsesivas. A partir de sus anormalidades, ambos desarrollan un vínculo de aceptación y rechazo, de ayuda y desesperanza. El film de David O. Russell —postulado al Oscar 2013 como director— se mueve con agilidad en las esquinas de esta historia y pasa del estudio de la psique de cada personaje a situaciones al borde del absurdo que provocan la risa. Todo ello mezclado cuidadosamente para que el espectador vaya creando sus propios héroes y estructure su propia película. Tal vez en esta dinámica resida el éxito de público de Silver linings playbook —su título original— y de sus ocho candidaturas al Oscar.

A Russell le gusta contar historias al límite, ya sea como drama o como comedia, a juzgar por el impacto que logró hace tres años con Nacido para vencer, originalmente titulada El peleador (The fighter, 2010), verdadera epopeya familiar ambientada en el mundo del boxeo profesional. En este caso el combate es afectivo y en múltiples direcciones, tanto física como afectivamente. De hecho, Pat proviene de una familia disfuncional, con un padre adicto al fútbol y las apuestas y una madre que se convierte en la única medida de equilibrio. Quiere recuperar su matrimonio aunque un tribunal le ordene alejarse de su esposa. Por su parte, Tiffany no ha logrado superar la muerte de su esposo y desarrolla conductas maníacas, como sexo con todos los compañeros de oficina sin excluir mujeres. Cada cual marca sendas líneas dramáticas de soledades e incomprensión que están condenada inevitablemente a converger a través de intereses parciales y diferenciados que se tornan afines.

El tono oscuro que el director neoyorquino, de 55 años, establece en Los juegos del destino define una comedia que no evade cierta amargura y ambigüedad para expresar las dudas y la confusión de un hombre bipolar y la furia contenida de una joven viuda  que no se da por vencida y que le importa una pamplina frita el qué dirán. Con estos seres humanos construye un tejido emocional que flota sobre la historia y la arropa de manera amable. Al final uno se pregunta dónde se ubica la anormalidad: en Pat y Tiffany o en el resto de sus personajes. Sobre todo cuando se hace referencia al mundo del fútbol profesional o a las posturas existenciales de ciertos personajes. Uno de ellos, Danny, representa al esperanza que no se pierde en la demencia. Otros, como Veronica y Jake, conforman los emblemas de lo aceptado. Esta contradicción funciona como telón de fondo y perfila aún más a Pat y Tiffany como seres muy especiales.

Es una obra muy efectiva que huye de las convenciones de la típica comedia romántica para ofrecer un relato mucho más humano. No obstante, los espectadores sabemos a mitad de proyección que el final conduce a una situación más convencional, menos audaz. Lo importante es cómo se llega a esa resolución dramática, el proceso que conduce a una nueva situación emocional. Desde luego, las actuaciones de Jennifer Larence, Bradley Cooper, Robert De Niro y Jacki Weaver —todos postulados al Oscar como intérpretes principales y secundarios— son fundamentales para crear ese clima de intensidad vital que exige un relato inusual como éste.

LOS JUEGOS DEL DESTINO (Silver Linings Playbook), EE.UU., 2012. Dirección y guión: David O. Russell; basado en la novela de Matthew Quick. Producción: Bruce Cohen, Donna Gigliotti y Jonathan Gordon. Fotografía: Masanobu Takayanagi. Montaje: Jay Cassidy y Crispin Struthers. Música: Danny Elfman. Dirección de arte: Judy Becker. Elenco: Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Robert De Niro, Jacki Weaver, Chris Tucker, Julia Stiles, Shea Whigham, John Ortiz. Distribución: Cines Unidos.

Anuncios

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
Esta entrada fue publicada en Cine y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s